Autor: Unciti, Manuel de. 
 XXVII Asamblea Plenaria del Episcopado. 
 Logros y algunas dificultades en el ordenamiento económico     
 
 Ya.    23/11/1977.  Página: 23. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

INFORMACIÓN RELIGIOSA

XXVII Asamblea Plenaria del Episcopado

23-XI-77

LOGROS Y ALGUNAS DIFICULTADES EN EL ORDENAMIENTO ECONÓMICO

La falta de datos precisos de algunas diócesis, dificultad mayor para una

inmediata introducción del nuevo ordenamiento económico de la Iglesia española O

Unanimidad en la responsabilidad que incumbe a los creyentes de respaldar la

vida económica de la Iglesia y en considerar los trabajos de hoy como primer

capítulo de un plan más total © Presentación por monseñor Benavent del tema de

la responsabilidad misionera de la Iglesia de España, que será estudiado en

profundidad y más extensamente en fecha ulterior

La Asamblea Plenaria del Episcopado sigue centrando su atención en el tema del

nuevo ordenamiento de la vida económica de la Iglesia. Han llegado al aula de

las reuniones otros tenias, como el de la responso, bilidad misionera de la

Iglesia española, por un lado, y el del nuevo funcionamiento de la cadena de

emisoras de la Iglesia, por otro. Sobre el.primero habló monseñor Benavent,

presidente de la .Comisión Episcopal de Misiones y cooperación entre las

Iglesias. Fue la suya una intervención corta para, dar razón de por qué el

argumento solicita el interés de los obispos en esta hora y para exponer el

panorama de cuestiones que suscita actualmente el tema de la cooperación

misionera de las Iglesias particulares españolas a la evangelización universal.

La Asamblea Plenaria ha optado por remitir a otra de sus sesiones el estudio en

profundidad de este importante tema. La amplia documentación al respectó

entregada a los obispos hace ya cosa de un mes queda en sus manos con objeto de

abordar una etapa nueva en la cooperación misionera con el máximo de exigencia.

A estimular este interés y compromiso misionero del Episcopado ha servido no

poco, en la mañana de ayerj la intervención de monseñor Dammert, obispo de

Cajamarca, en Perú. Su exposición ha causado fuerte impacto. Inteligente, con

gran sentido de Iglesia, con cordial sencillez, monseñor Dammert ha expuesto a

la Conferencia Episcopal lo que las iglesias jóvenes de las misiones y del

Tercer Mundo necesitan y requieren. A mero titulo de ejemplo ha insinuado las

propias necesidades de su diócesis, en la que, con una población de 500.000

habitantes, en_ una extensión de 15.000 kilómetros cuadrados, sólo tiene

diecinueve sacerdotes.

Esta introducción del tema de la responsabilidad misionera de la Iglesia de

España quedara completada con una intervención de monseñor Bududira obispo de

Buduri, en Burundi; sobre cómo ven los obispos de las misiones su propia

actividad apostólica en esta • hora y sobre cómo desean que sea la cooperación

solidaria y fraterna de las otras iglesias. Con esta triple introducción, el

tema queda dispuesto para un debate más .extenso en fecha ulterior.

Aceptación y dificultades

XII grueso de la actividad de la Asamblea Plenaria está requerido, sin embargo,

por el tema de la economía de la Iglesia. El gerente de la Conferencia Episcopal

Española, don Bernardo Herráez, ha expuesto en sucesivas intervenciones el nuevo

ordenamiento que se quiere dar a la totalidad de la vida económica de la Iglesia

española.

Por el momento, urge arbitrar unos instrumentos administrativos para la

equitativa distribución entre todas las diócesis de la potación que el Estado

entrega a la Conferencia Episcopal y que a partir de 1978 lo será de forma

global. El presupuesto para el próximo año, pendiente aún de su aprobación por

las Cortes, se fija en 6.178.740.000 pesetas. Los obispos están trabajando sobre

esta hipótesis que, verosímilmente, será realidad en breves fechas, pero este

simple hecho de que todavía no se trata de algo decidido ha bastado para

levantar en algunos sectores del episcopado una cierta reserva ante los

proyectos de distribución entre las diócesis de esta dotación estatal. Se añade

a esto otro hecho aún más lamentable: la gerencia del´ Episcopado no tiene aún

en sus manos todos los datos necesarios sobre la situación real de algunas

diócesis. Según parece, de 11 a 16 obispados se han mostrado remisos en el envío

de los datos requeridos, y jsta falta de información dificulta los estudios

últimos del tema. De aquí que algunas voces hayan sugerido el que, para el

próximo año 1978, se mantengan inalteradas las cantidades que .las diócesis han

venido percibiendo durante el último ejercicio.

¿Se aceptará esta sugerencia? Por el momento, nada hay decidido sobre el

particular, pero sería lamentable que la morosidad de algunas pocas diócesis

retrase demasiado la implantación de un nuevo ordenamiento de la vida económica

de la Iglesia. Se ha sugerido, ante la urgencia del calendario, qué durante dos

o tres meses se podría seguir con el régimen antiguo, tremendamente

anacrónico, y en parte al menos, poco justo, de entregar a las diócesis lo que

éstas han recibido en 1977 sobre la base de unos presupuestos estatales

elaborados a partir tte un número .de piezas y plazas que en algunos casos ya no

responde a la realidad de las diócesis españolas y que favorece en demasía a los

obispados que van perdiendo importancia demográfica, al tiempo que lesiona la

gestión pastoral de aquellas otras diócesis que están en pleno desarrollo y a

aquellas nuevas instituciones apostólicas no ´contempladas en los presupuestos

del Estado. Existe unanimidad en poner en pie un nuevo ordenamiento económico,

pero también existe un cierto apego a viejas ventajas y sobre todo el deseo—

comprensible, aunque no plausible—de no herir susceptibilidades del que

antiguamente solía llamarse "alto clero".

LOGROS

Pero no todo es dificultad ni mucho menos. Lo3 debates en la Asamblea Plenaria

han alcanzada muchas convergencias en diversos capítulos importantes. Por de

pronto, se insiste en que la vida económica de la Iglesia, sin dejar a un lado

la subvención estatal, ha de estimular ´a colaboración de los creyentes en

tantos muy superiores a los rutinarios de hoy. A ésta que ha de llegar a ser la

primera y principal fuente de financiación de la Iglesia se suma lo proveniente

del patrimonio eclesiástico En algunos sectores—fuera ya de la Asamblea

Plenaria—se indica que este patrimonio rinde actualmente del orden de cuatro mil

millones por año y que una mejor administración del mismo podría conseguir otros

dos mil millones más.

Se dice, además, que la Iglesia española en estos momentos necesitaría un total

anual de veinte mil millones de pesetas, con lo que—habida cuenta del montante

de la subvención estatal y del rendimiento del patrimonio eclesiástico—la

comunidad creyente tendría que aportar otros diez mil millones o algo menos.

¿Utopía? ¿Imposible? Para los cristianos españoles hay aquí, sin duda, un

formidable desafío.

Se ha logrado un consenso total en cuanto a la incorporación de] clero diocesano

a la Seguridad Social a partir de¿ 1 de enero de 1978 y también en cuanto a que

la entrega a las diócesis de la subvención estatal que les corresponda se hará

de forma global. Es también unánime el criterio de conocer absoluta primacía en

todo el nuevo ordenamiento económico de la Iglesia española al capítulo de

nóminas o retribuciones a los sacerdotes. Y, por último, hay total unanimidad en

cnanto a que los trabajos de hoy y las decisiones que se tomen sean considerados

como primeros pasos para una reordenación total de toda la economía ile la

Iglesia.

Los logros, pues, superan con mucho a las dificultades y reticencias. Aquéllos

son firmes; éstas, pasajeras por definición, y hasta es posible que en esta

misma Asamblea Plenaria queden despejadas. El clero, salvo raras excepciones,

agradecería que todo el proceso se iniciase con firmeza y buen pulso.

Manuel DE UNCITI

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