Autor: Muñoz Alonso, Alejandro. 
   El pluralismo amenzado     
 
 Diario 16.    03/02/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

Diario 16/3 febrero-83

ALEJANDRO MUÑOZ ALONSO

El pluralismo amenazado

El decidido empeño socialista en favorecer el bipartidismo salido de las urnas en las pasadas elecciones

despierta en el autor fundados temores. Las posiciones centristas pueden perder el papel clave que han

jugado hasta ahora y se verán obligadas a escoger entre dos alternativas que no desean.

La reciente entrevista entre Felipe González y Fraga confirma la intención de institucionalizar la figura de

líder de la oposición, pero, al mismo tiempo, muestra la tendencia a dejar reducida la vida política a un

mero diálogo Gobierno-oposición mayoritaria. Se pone así en serio peligro uno de los fundamentos de

todo régimen democrático, el pluralismo político, que eí artículo primero de la Constitución considera

como uno de los «valores superiores» del ordenamiento jurídico.

Antes de las elecciones del 28 de octubre, el PSOE temía un posible dualismo que le forzara a enfrentarse

con una oposición dura encabezada por Fraga. En ciertos momentos, algunos líderes socialistas, incluido

Felipe González, expresaron públicamente ese temor y su deseo de que de las urnas saliera una derecha

moderada situada en el centro que, de alguna manera, amortiguara ese temido enfrentamiento. Era la

teoría del «colchón».

Marginaciones

Los resultados parecen haber decidido al PSOE a jugar a fondo la carta del dualismo, lo que puede

suponer la marginación de casi un 30 por 100 de electores que votaron por opciones distintas del PSOE y

AP. Si consideramos también los abstencionistas, resultaría que unos doce millones de españoles, que no

optaron por ninguno de los partidos mayoritarios y que no se sienten plenamente identificados con

ninguno de ellos, se verían forzados a violentar su propia identidad política inclinándose por uno de los

grandes, resignándose a ver silenciados sus propios planteamientos o, acaso, las dos cosas.

El inesperado crecimiento del PSOE por sus dos bandas, derecha e izquierda, lleva a sus dirigentes a

acariciar el ambicioso designio de consolidar esas ganancias. Nadie por mi izquierda, pero, también,

nadie por mi derecha, hasta las alejadas posiciones de Fraga, tal parece ser la estrategia poselectoral de los

socialistas. Y de ahí la táctica de «tierra quemada» decidida a minar todo intento de crear cualquier

alternativa de reforma y progreso inspirada en planteamientos no marxistas, ni de clase. Así se explica el

recelo de los grandes ante la llamada «operación Roca».

De esta estrategia se deriva, además, obligadamente, un corolario, dado que Fraga jamás podría ganar más

de millón y medio o, como mucho, dos millonesde votos sobre los cinco y medio conseguidos en octubre,

sucesivos triunfos socialistas serán inevitables, al menos hasta el próximo siglo. La seguridad con que

hablan del futuro menos próximo los socialistas es la llana expresión de esta convicción.

No hace falta insistir en que desde estas perspectivas queda seriamente dañado, tanto en el aquí y ahora

como en su proyección hacia el futuro, el pluralismo político y su concreción en el tiempo, que es la

alternancia en el poder de equipos diversos. Sin uno ni otra, la democracia parlamentaria queda

amenazada y, posiblemente, reducida a un elemental maniqueismo, en virtud del cual todo lo bueno está

en un lado y todo lo malo en otro.

Maníqueísmo

Ya hay indicios de ello en nuestra vida política. El PSOE es nuestro redentor y Fraga se dispone a jugar,

con la mejor voluntad, el papel de villano, De ahí al bíblico «quien no está conmigo, está contra mí; quien

no recoge conmigo, desparrama» hay sólo un paso.

Se podrá decir que hay democracias, y bien sólidas, basadas en el dualismo bipartidista. En efecto, tal es

el caso de los países anglosajones, pero se trata de situaciones muy concretas, fruto de una evolución y

unas circunstancias muy específicas.

El dualismo es una añeja tradición británica que ha dejado su sello hasta en la propia configuración de las

Cámaras inglesas, ordenadas rectangularmente y con los bancos del Gobierno y la oposición frente a

frente (como en nuestro Senado), en lugar de la más común disposición en hemiciclo. Entre nosotros, el

dualismo tiene una tradición menos estimulante. El bipartidismo puede ser una riqueza para

las democracias anglosajonas, para nosotros sería un empobrecimiento.

La defensa del pluralismo en todas sus manifestaciones, político, social, cultural, de medios de expresión,

es uno de los resortes claves de la democracia.

Todo lo que lo debilite, daña inevitablemente la democracia. Hasta la crítica debe ser plural. Al Gobierno

parecen molestarle las críticas que proceden de quienes no son la oposición formal. Parecen estimar que

para eso ya está Fraga y sólo él. Pero eso resulta preocupante esas leves insinuaciones de que quien no

comparta los objetivos del Gobierno no sería un buen ciudadano. Hay ahí un fondo dogmático, ajeno

totalmente a la democracia.

Como escribe Alain Peyrefitte en su libro de crítica al socialismo francés «Cuando la rosa se marchite»,

«no hay defensa de la fe verdadera sin inquisición, ni inquisición sin opresión, ni opresión sin regresión».

Nada de esto es aplicable, actualmente, a nuestros socialistas. Pero no está de más que de cuando en

cuando se les recuerde. El aplauso, hasta cuando es sincero, puede conducir al error, la crítica, incluso la

malintencionada, puede ayudar a evitarlo.

 

< Volver