Cardenal Enrique y Tarancón. 
 "La Iglesia pide sencillamente que el Estado acepte su colaboración"     
 
 Informaciones.    10/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

CARDENAL ENRIQUE Y TARANCON:

«La Iglesia pide sencillamente que el Estado acepte su colaboración»

MADRID, 10 (INFORMACIONES).

LA última intervención de la Conferencia Episcopal ha suscitado reacciones

distintas y hasta contradictorias. Muchos han querido ver en ella un «abandono»

de la línea tradicional, la única legitima según ellos. Otros la han considerado

como una «vuelta a la postura de los años treinta», cuando el problema religioso

dividía y hasta enfrentaba a los españoles. Dice el cardenal Enrique y Tarancón

en su «Carta cristiana» de esta semana, y que tieula «Un planteamiento nuevo».

«Unos y otros —añade el cardenal— desenfocan la cuestión porque se dejan llevar

por nostalgias de posturas y posiciones desfasadas.»

Dice monseñor Tarancón que «España ha sido casi siempre un Estado oficialmente

católico, el poder político era considerado como el brazo secular de la Iglesia,

incluso como un instrumento poderoso de evangelización. Esa continuidad

histórica se ha roto algunas veces, aunque siempre por poco tiempo», reconoce el

cardenal Tarancón, y da como razón de aquella actitud la existencia de «un

laicismo oficial que era abiertamente beligerante en el orden religioso y que,

incluso, provocaba y fomentaba la persecución contra la Iglesia».

Monseñor Tarancón afirma que «las circunstancias han cambiado». «Nuestra

sociedad actual —añade— apenas si se parece en nada a aquella sociedad, en la

que la lucha político - social era, a la vez, una lucha religiosa.» La razón

esta en que «la Iglesia en el Concilio ha superado claramente aquel

planteamiento».

«La Iglesia —lo ha dicho reiteradamente, y no sólo ahora, cuando pudiera parecer

oportunismo, sino cuando esta afirmación resultaba gravemente conflictiva—,

subraya el cardenal, no quiere apoyarse en el Poder, ni quiere

intervenir en las luchas políticas, que Dios ha dejado a la libre decisión de

los hombres. La Iglesia quiere mantener su propia identidad, y por eso se

declara independiente de todo poder político, de toda actividad • exclusivamente

temporal.»

Insiste el cardenal Tarancón en que la Iglesia no pide privilegios, sino «que el

Estado sencillamente acepte su colaboración para cooperar con todas sus fuerzas,

que no son pocas, al bien común de esta sociedad en la que está inmersa».

 

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