Autor: Ortega, Félix. 
   La Iglesia en la España de hoy     
 
 Arriba.    26/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

LA IGLESIA EN LA ESPAÑA DE HOY

... A no confesionalidad del I Estado reflejada en los textos constitucionales

filtrados a la Prensa y, como se dice ahora desde que lo aprendimos en jueves,

«asumidos» por el Parlamento en su silencio, puede servir de elemento

mortificante a muchos honrados católicos de este país. Sin embargo,

objetivamente, a largo plazo, la separación del Estado y la Iglesia, aceptada en

las condiciones en que se ha hecho ahora, es una muestra de la sanidad religiosa

y política de la nación, de una nación que, francamente, ha dejado de ser

anticlerical, ha dejado de quemar templos y una Iglesia que ha llegado al punto

de poner sus lugares de culto, exquisitamente, a disposición de los que ayer.

Esto es refrescante y, si se plasma en una forma de ser resuelve un problema tan

viejo como la nacían, aquel consistente en dirimir cuando debíamos ir detrás de

los curas con velas y pendones y cuando con estacas.

España ha dejado detrás sus malas costumbres en relación con la Iglesia. La

Iglesia ha aprendido mucho, pese a ser una escuela de dos mil años. Ha aprendido

a dividirse en jerarquía y base y, aunque nunca formalmente diera el espaldarazo

al sistema democrático, a aceptar el hecho consumado. de sus sacerdotes

colocándose en vanguardia de las reivindicaciones sociales. La tesis esgrimida

de los curas marxistas es inválida. Curas con los pies en el suelo simplemente.

Con unos pies en el suelo que les dieron oportunidad un día, cuando nuestra

transición, que viene de lejos, empezaba a incrustar a los templos como comodín

de una ausencia de institucionalización popular. Dieron cancha a creyentes y no

creyentes y se ganaron a pulso el afecto de un pueblo que siempre ha

diferenciado, y muy peyorativamente, a la Iglesia de la religión.. Fueron

pioneros del abrazo social y salvaron a pulso la acusación de cadena de

transmisión de la reacción. Dios era de todos.

Por ello es satisfactorio que que el Estado no sea confesional. Nuestro Estado

sabe que España es un país católico, que tiene que dar todo tipo de facilidades

educativas o fiscales a la Iglesia, siempre y cuando — y nadie duda de que el

patriotismo de la Iglesia española aceptara esto sin rechistar —«1 bien común

grive sobre objetivos de grupo. España es un país cató lico, pero es también una

entidad social que quiere que la educación de los hijos —por ejemplo— no sea una

carga.

Es satisfactorio porque la Iglesia está ahora en su lugar exacto,

democráticamente exacto: dependiente de sus fieles, de todos nosotros y sin

privilegios ni concesiones que sólo irritan. Está a nivel evangélico.

Lo logrado está ahí: Hemos Institucionalizado, sin rencor alguno, desde la base

de que España es un país católico, la separación entre Iglesia y Estado. Sin

retrancas, sin opiniones guardadas en la recámara.^con un estado de salud entre

la sociedad española y la Iglesia española pleno, las dos entidades eligen su

independencia total. La Ig1esia puede ahora acudir a los sentimientos religiosos

de la nación sin obstáculo alguno y el Estado opinar sin condicionamientos. La

Iglesia tiene la oportunidad de. colaborar a la cimentación do un Estado basado

en la dignidad del hombre que, además, no pretende obtener su derecho por vía

divina, un Estado movido por criterios constitucionales que, al no estar

presente el concepto estrictamente católico, permiten una flexibilidad

ejecutiva, cuya responsabilidad es humana, sólo humana, sin condicionamientos

religiosos, de conciencia o de cada uno. A cambio la Iglesia obtiene su libertad

crítica plena, su papel de arbitro espiritual total, su independencia real.

El cardenal Tarancón ha pedido que no se olvide que España es un país católico.

No se olvida. Nadie lo olvida. Que se haga una encuesta por los barrios obreros

de cada urbe, por los sectores que arrojaban antes el mayor índice de

anticlericalismo. Que se vaya casa por casa. Hoy hay una relación Iglesia-

sociedad más sana que antes, sin resquemores ni resentimientos.

La indpendencía y separación Iglesia-Estado ya es un gran paso. Ahora vienen los

demás. Estos son tiempos hermosos, grandes, de imaginación e iniciativa. La

Iglesia tiene que estar presente en el panorama evolutivo español con mucho más

que un silencio total roto sólo cuando es preciso Un retoque.

Debe estar, participar, pero como la queremos todos. Evangélicamente.

Félix ORTEGA

Sábado 26 novbre. 1977

 

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