La fe no se impone por la ley  :   
 Carta del Cardenal Tarancón sobre legislación civil y convivencia cristiana. 
 Ya.    23/12/1977.  Página: 39. Páginas: 1. Párrafos: 22. 

23-XII-77

INFORMACIÓN RELIGIOSA

Pá. 39. — YA

El cardenal Tarancon publica «vsta eemana «n "Iglesia en Madrid" «u segunda

(Carta sobre el tema "Legislación civil y conciencia •cristiana". Dice así:

El cristiano es respetuoso con la autoridad. Sabe que la. autoridad es

dndispensflble para ed buen régimen de las sociedades.

El- cristiano, en .principio] ea respetuoso con la ley civil. Siempre que la ley

eea justa y no tenga que violentar su conciencia recta y cristiana para

cumplirla,

Porque es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres, como dice la

Escritura. Los derechos de Dios—y los derechos de la persona humana que ésta ha

recibido de Dios—son anteriores y superiores a toda autoridad humana. Esta tiene

el deber de reconocerlos y tutelarlos.

Son muchos los cristianos que creen que la ley civil debe reconocer

explícitamente todos loa postulados de la ley divina y debe ser un" instrumento

eficaz para >iue todos los hombres •cumplan la Ley de Dios.

En pura .teoría, esa postura parece no sólo razonable, sino la única postura

legitima. Porque, al fin y al cabo—según nuestras creencias—, toda" autoridad

humana es un reflejo de la autoridad divina y se apoya en ella, ya que ningún

hombre, por naturaleza, . es superior a otro hombre.

El hombre es libre ante la .fe

Pero Dios ha hecho al hombre libre. Y nunca rectifica sus obras, porque vio que

eran buenas, como dice la Escritura. Dios no quiere servidores "a la fuerza".

Quiere que le sirvan por una decisión personal y responsable.

La íe¡ ¿fiemas, ee una gracia de Dios; no puede ´ser fruto de razonamientos

puramente .humanos o de coacciones de cualquier orden. Y una gracia de Dios que

el hombre debe aceptar libremente, -como dice San Pablo.

La autoridad civil, finalmente, no tiene una finalidad religiosa.

LA FE NO SE IMPONE POR LA LEY

"Los derechos de Dios son anteriores y superiores a toda autoridad humana" ´•

"La autoridad civil no tiene poder sobre la conciencia de los hombres; no puede

coaccionarles ni en sus creencias ni en sus decisiones interiores" • ´-´Las

leyes, si son justas, obligan en conciencia, por un imperativo de la

móral^social cristiana"

CARTA DEL CARDENAL TARAN CON SOBRE LEGISLACIÓN CIVIL Y CONVIVENCIA CRISTIANA

´No tiene poder sobre la conciencia de los hombres. No puede coaccionarles ni en

sus creencias ni .en sus decisiones interiores.

La aceptación de la fe es un acto libre. La aceptación de la moral, según la Ley

>Ie Dios,´es un acto libre.

La no aceptación de la le o de la ley moral será siempre una responsabilidad

personal ante" Dios, .no "ante las. leyes civiles.

Fe, autoridad y bien común

Es verdad que la autoridad civil tiene el deber de procurar que el «lima sea

honesto, honrado, moral para que no encuentren en la inmoralidad pública •un

escollo las voluntades´ débiles —niños/ adolescentes, jóvenes— o los hombres de

escasa personalidad. Eso entra dentro del bien •común que la autoridad ha de

procurar.

Pero no es misión de la autoridad civil imponer el matrimonio cristiano a los no

creyentes, exigir una profesión de fe a Jos .^ciudadanos o refrendar con sus

leyes los preceptos de Dios o las leyes de ia Iglesia.

Los cristianos, cuando tienen una autoridad política, no deben actuar por

motivaciones religiosas, sino políticas, atendiendo al bien común- de ´la

sociedad «jiie rigen, aunque haciendo profesión de su le y proclamando su

concepción cristiana de la vida, no queriendo Imponer esa concepción a todos,

aun a los no creyentes.

LAS LEYÉS OBLIGAN AL CRISTIANO

Es verdad que los cristianos deben obedecer en conciencia las leyes que se

dictan para el bien de todos. Incluso aquellas leyes—las fiscales, por ejemplo—

que antes se llamaban meramente penales y que. según algunos, no obligaban en

conciencia—ésta pueda ser una dé las razones por las que se han cometido tantos

fraudes en ese campo—, si son Justas, obligan en conciencia, por un imperativo

de la moral social cristiana.

Bis cierto que los "cristianos deben aspirar a que su concepción cristiana de la

vida sea públicamente reconocida y tutelada, porque están convencidos de que eso

reconocimiento y esa tutela son beneficiosos para todos los hombres.

Pero la sociedad civil debe regirse por la participación de todos los

ciudadanos—los que ostentan . cargos de autoridad son representantes del pueblo

que los eligió—y debe tenerse en cuenta la voluntad dé los mismos, • sin que sea

lícito a fiadie imponer desde el poder una ideología concreta, contra la

voluntad de las personas que son responsables de su destino personal. " .

Aunque las leyes cambien, no cambiarán los grandes principios de la moral. La

Iglesia continuará proclamando el Mensaje d« Cristo, que encierra unos valores

morales, aunque las leyes no los tuviessen en consideración.

La autoridad" civil debe actuar en su propio campo. La Iglesia en el suyo, sin

que imponga ía fe por medio de la ley, pero teniendo la libertad de predicar

íntegro, e], mensaje de que es depositaría y que ella no puede alterar en lo más

mínimo.

 

< Volver