Autor: Ansón Oliart, Luis María. 
   Yo denuncio     
 
 ABC.    30/06/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

30 JUNI O 1983

FUNDADO EN 19O5 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA

YO DENUNCIO

TRAS doscientos días largos de Gobierno, los socialistas acortan apresuradamente las velas del utopismo

electoral. Es una actitud pragmática, encabezada por Felipe González, a quien han enseñado en

Washington dónde están los duros almacenes del Poder. No quiero sumarme a los que consideran

catastrófica la gestión socialista. Todavía es pronto para un juicio responsable y en todo caso no me

alegra el fracaso del socialismo moderado. Por el contrario, me preocupa. Y me alarma. Entre otras

razones, porque hasta 1986 la alternativa aL actual socialismo moderado no es el liberalismo conservador,

sino el socialismo radical, que podría abrir un proceso revolucionario y terminar con el entero sistema

constitucional. Por eso la crítica al Gobierno, a mi manera de ver, debe salvar la moderación. La cosa no

es fácil. Hay que explicar a la opinión los fallos de los ministros razonables, con cuidado de no contribuir

a derribarles en beneficio de Los exaltados que acechan.

El socialismo ha acertado, sin duda, en algunas medidas económicas realistas y en la rectificación de su

acción exterior. Su errar mayor tal vez haya sido la política de información, calcada de la que hacía el

Movimiento Nacional. El PSOE se ha adueñado de La radio y la televisión y las ha convertido, salvo

algún programa aislado, en órganos de propaganda socialista. El PSOE maneja los periódicos del Estado

como antes, a través de consignas, sin otra resistencia que la que pueda hacer algún director heroico.

Merodea además en torno a varias emisoras privadas y muy pronto sabremos por quién doblan las

antenas. Se esfuerza, finalmente, para penetrar en los diarios independientes y ocupar las últimas

trincheras. Voy a desvelar una punta de los procedimientos que se emplean.

Como muchos lectores saben, he presidido durante seis años la agencia Efe. Ningún mérito tengo en la

gestión. Un espléndido equipo profesional la convirtió en ese periodo en una de las grandes empresas

periodísticas internacionales con una expansión que hizo declarar al vicepresidente de Upi: «Nuestro más

importante competidor en iberoamérica es Efe.» El Ministerio de Hacienda nombró además en 1977 para

cuestiones administrativas un gerente y un equipo gestor, con tanto acierto que en ninguna de las dos

auditorías a las que anualmente se somete la agencia, ni en la que ha ordenado el Gobierno socialista, se

ha encontrado un gasto sin justificar.

Pues bien: desde que me hice cargo de la dirección de este periódico he recibido muy diversos mensajes

directos o indirectos y todos con la misma amenaza: "O ABC transforma su línea crítica hacía el

socialismo o te enfrentarás con un escándalo a través de la auditoría de Hacienda o la del Tribunal de

Cuentas." Tantos y tan precisos fueron esos mensajes que un día me dirigí a Eduardo Sotíllos para

preguntarle si era verdad que el presidente González había ordenado mi persecución a través de una

auditoría. El portavoz del Gobierno lo desmintió y, naturalmente, yo le creí. Y sigo creyendo en la no

intervención del presidente. Antes y después de mi conversación con Sotillos continué haciendo mi

trabajo profesional sin una sola concesión al miedo, entregado al espíritu de este periódico liberal, de este

periódico generoso para señalar siempre el mérito allí donde se encuentra; de este periódico moderado,

aunque enérgico, para criticar los errores allí donde los advierte.

Ahora, a la vista de la campaña que se ha orquestado, yo denuncio ante la opinión pública que la auditoria

de Efe (y dejo a salvo la admirable profesionalidad de los auditores) no se ha puesto en marcha para

aclarar nada en la agencia, donde todo estaba limpio y transparente, sino para coaccionarme a mí en mi

trabajo profesional, lo que muchos entenderán como un atentado contra la libertad de expresión.

Yo denuncio que esa auditoría, que es una mera maniobra política, se ha filtrado sesgada y manipulada a

través de un diario pro marxista, cuyo director tiene un turbio pasado que lavar de bien retribuidos

servicios a la dictadura y está siempre presto a calumniar al compañero.

Yo denuncio que se trata de un procedimiento de terrorismo intelectual para tratar de amedrentarme y

silenciar la moderada crítica que hace ABC de la política socialista.

Yo denuncio que está en marcha una planificada campaña para depurar a los escritores y profesionales del

periodismo que no acepten las nuevas mordazas.

Yo denuncio que en la Prensa, en la radio, en la televisión y en las agencias se amenaza a muchos de mis

compañeros con el silencio, el escándalo o el paro.

Yo denuncio que se proyecta por algunos la creación de las «brigadas negras» para acosar en sus

declaraciones de renta a escritores, periodistas y empresarios de Prensa que no se muestren dóciles. Pero

este plan se frustrará ante la rectitud profesional de los inspectores y los demás funcionarios de Hacienda.

Yo denuncio que la libertad de expresión, conquistada después de tantos años de esfuerzos y sacrificios,

se encuentra en grave peligro y que para atemorizar a los disidentes se levantan otra vez sobre los

cielos de la información de España las águilas negras del totalitarismo.

Yo denuncio, en fin, la gran farsa de los que se rasgan las vergüenzas; denuncio tanta comedia, tanta

manipulación, tanta ética y tanta monserga de los que están impregnando a los medios de comunicación

que controlan con más corrupción que nunca, con más atropellos, mas nepotismo, más trampas y más

abusos de los que jamás se habían producido en la turbia historia de nuestro periodismo. Y hago las

debidas excepciones porque las hay.

Nada de todo esto lo digo ahora, porque los prevaricadores o los antiguos fascistas traten de arañarme.

Aunque soy bien reacio a las autocitas, hace año y medio, el 15 de enero de 1982, en estas mismas

columnas de ABC publiqué un artículo titulado «Terrorismo intelectual» que terminaba así: «Sé muy bien a lo

que me expongo cuando escribo artículos como éste. Lo sé desde hace mucho tiempo, porque desde hace

mucho tiempo los escribo. Sé que soy, ahora más que nunca, una voz a callar, una pluma a silenciar, un

enemigo a batir, Y los marxistas no se paran en barras cuando se invade lo que consideran terreno

conquistado en el mundo de la información y la cultura. Sé que me expongo a ataques, escándalos,

coacciones, descalificaciones, violencia. No me tengo por un héroe, bien, lo sabe Dios. Pero luché

veinticinco años contra el régimen de Franco, en favor de la Monarquía de todos, y estoy dispuesto a

pelear otros veinticinco años, si la Providencia me da fuerzas, contra el terrorismo intelectual y la

dictadura del miedo. Ni me van a empavorecer ni me van a callar. No pienso descabalgar de mis ideas por

mucho que ladren los perros del terror.»

Aquí estoy, pues. En la misma casa en la que fui tantas veces perseguido por la dictadura. Dispuesto a

defender lo que la empresa ha encomendado a mi trabajo profesional, sin caer genuflexo bajo el

rebenque socialista. Y como Maeztu a veces no tenía razón y ser en ocasiones no es defenderse, sino atacar,

escribo estas líneas para alertar a la opinión pública sobre la política actual en materia de información.

Con un grupo de profesionales vamos a denunciar, además, ante los organismos internacionales, los

métodos de represión, de coacción y de amenaza que se están utilizando hoy en España con los

periodistas.

No quisiera, sin embargo, que este artículo contribuyera a reblandecer la musculatura política del

socialismo moderado. Sólo si éste triunfa sobre el radical se consolidará en España la Monarquía

democrática. Por eso todavía no pierdo la esperanza de que los socialistas razonables se impongan a los

totalitarios y consigan establecer el juego limpio en los medios de comunicación social. La libertad sin

miedos ni amenazas para que podamos ejercer esta profesión en beneficio de todos abrirá nuevos caminos

de esperanza, porque no todo es negativo en España, sino, por el contrarío, hay razones para el optimismo

y los horizontes despejados.

Luis María ANSON

 

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