Carta cristiana del cardenal Tarancón. 
 "La Iglesia ha jugado limpio en el proceso español de democratización"  :   
 "Aunque quedan sospechas en quienes creen que se trata de un cambio de táctica para seguir influyendo políticamente de manera distinta". 
 ABC.    31/12/1977.  Página: 24. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

ABC. SÁBADO, 31 DE DICIEMBRE DE 1977.

la Iglesia en el mundo de hoy

CARTA CRISTIANA DEL CARDENAL TARANCON

"LA IGLESIA HA JUGADO LIMPIO EN EL PROCESO ESPAÑOL DE DEMOCRATIZACIÓN"

«Aunque quedan sospechas en quienes creen que se trata de un cambio de táctica

para seguir influyendo políticamente de manera distinta»

Bajo el titulo de «La Iglesia y el poder» inicia esta semana el cardenal

Tarancón una nueva serie dentro de sus «Carias cristianas», la primera de las

cita les —y que tiene carácter de prólogo de la serie— se titula «Crisis del

planteamiento tradicional*. Su texto íntegro es el siguiente:

TODOS apetecen el Poder en el mundo; los individuos y los grupos sociales. El

Poder es un medio eficaz para defender los propios derechos y los peculiares

intereses —incluso para imponerse a los demás— y es lógico que los hombres

deseen, por todos los medios, conseguir una parcela de Poder que les permita

realizar sus propios proyectos y sus iniciativas personales o de grupo.

La Iglesia, siendo una sociedad especial, única, que tiene unos fines

ultraterrenos, está integrada por hombres y tiene que ejercer su misión en medio

del mundo, en medio, por lo tanto, de esa lucha por el Poder que caracteriza a

los hombres. No es extraño que también la Iglesia —los hombres de la Iglesia—

sientan la tentación por el Poder y aun que lleguen a creerlo indispensable para

no ser arrollados. por las presiones encontradas de los hombres que quieren

dominar el ámbito en que viven.

Cuando la Iglesia tiene* un fuerte arraigo en una sociedad determinada es

lógico, además, que, aun sin pretenderlo, se convierta en una gran «fuerza

social» que fácilmente puede convertirse, en un Poder político y hasta

económico. Y que se sienta feliz con esa prepotencia porque puede facilitar su

labor evangelizadora.

Para nadie es un secreto que la Iglesia ha tenido en España, durante muchos

siglos, una preponderancia extraordinaria en el aspecto social. Un catolicismo

masivo, que había influida incluso en la configuración de nuestra estructura

social y aun del mismo carácter español, había de tener ineludiblemente esa

consecuencia.

Los mismos Reyes y jefes de Estado, conscientes de esa fuerza social de la

Iglesia, la consideraban como una gran fuerza política y querían, incluso,

apoyarse en ella, porque eran sinceramente católicos, es verdad, pero también, y

no sé si en primer lugar, porque encontraban en ella un apoyo muy fuerte en el

mismo ámbito político. La comunidad eclesial llegaba a confundirse con la

sociedad civil; y religión católica y política eran como dos corrientes que se

transvasaban continuamente en beneficio del pueblo —así. al menos, se

consideraba por todos—, siendo la religión motivo de «privilegios» políticos y

siendo la política una de las fuerzas "i"> influían en la Iglesia.

Esa realidad que se na mantenido durante muchos siglos en España, creó una

mentalidad que es difícil desmontar y provocó unos recelos que continúan

influyendo en la conciencia de muchos.

El concepto de libertad religiosa, por ejemplo, era difícil de encajar en esa

mentalidad de Poder. Y bien sabemos cuánto ha costado que supiésemos entender y

asimilar la doctrina propuesta por el Concilio. El «anticlericalismo» era

también un producto de aquella situación en la que se manifestaba, aun política

y socialmente, una gran preponderancia del clero.

Pero esa mentalidad, que era explicable en siglos anteriores y que incluso era

considerada por muchos como un bien positivo, ha hecho crisis por el cambio, del

mundo y por la nueva conciencia que han adquirido los hombres de la autonomía en

el campo de lo temporal.

La Iglesia, en el Concilio Vaticano II, inició la evolución, y con el decreto

sobre la libertad religiosa y con la Constitución sobre la Iglesia y el mundo

moderno, ha planteado de distinta manera el problema y ha .reconocido la

autonomía del orden temporal.

Pero no es fácil asimilar esa doctrina ni desde uno ni desde el otro campo.

Algunos cristianos creen que la Iglesia no cumple con su deber al admitir esa

misma situación. Los que miraban a la Iglesia con recelo temen que no se trate

de un cambio profundo, sino simplemente de un cambio de táctica, para

atemperarse a las exigencias del momento y poder influir políticamente de manera

distinta.

La jerarquía española ha hablado con claridad. Y todos han podido darse cuenta

de que «ha jugada limpio» en el proceso de democratización que ha seguido

nuestra Patria. Muchos lo han .reconocido. Pero queda en no pocos la sospecha.

Por eso he decidido hablar de este tema en unas Cartas Cristianas. Creo que es

muy útil que se aclaren los conceptos y que aparezca cuál es la voluntad de la

Iglesia en la situación actual del mundo.

 

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