Ofrenda nacional al apostol Santiago en la catedral compostelana     
 
 ABC.    31/12/1977.  Página: 24. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

OFRENDA NACIONAL AL APÓSTOL

SANTIAGO EN LA CARRAL COMPOSTELANA

Santiago de Compostela, 30. (Europa Press.) El almirante don Pedro Español

Iglesias, capitán general de la Zona Marítima del Cantábrico, ha presentado esta

mañana, en nombre de Su Majestad el Rey Don Juan Carlos I. la tradicional

ofrenda nacional al Apóstol Santiago, en la fiesta conmemorativa de su

traslación.

El solemne acto se inició poco después de las diez de la mañana, en la catedral

compostelana, oficiado por el arzobispo, monseñor Suquía Goicoechea. Acompañaban

al almirante Español Iglesias autoridades militares y civiles de la provincia,

entre ellas el gobernador militar, director de la Escuela Naval, presidente de

la Diputación y alcalde de Santiago.

En su ofrenda el almirante Español Iglesias dijo: «Al mismo tiempo que te

agradecemos los beneficios que nos dispensaste en el pasado, te pedimos eme nos

defiendas de los males que nos amenazan en el futuro. La fe. oue fue la base de

nuestra grandeza y el lazo de hermandad y solidaridad que nos llevó a la unidad

nacional, está hoy amenazada por la Inhumana concepción del materialismo ateo.»

Más adelante el almirante calificó como «acontecimiento histórico trascendental»

el traslado del cuerpo del Apóstol, «que en adelante —dijo— iba a ser como la

piedra angular sobre la que se centraría la vida de nuestro pueblo y el fermento

que transformaría al gran pueblo español». Pidió por la conservación de la

santidad y estabilidad de la familia y la continuidad de la educación d«

nuestros hijos en las normas de la doctrina cristiana, para finalizar expresando

su deseo de que «todos los españoles nos mantengamos unidos por encima de todas

las diversidades regionales y culturales, por loa lazos de una misma creencia

que nos enseña a sentirnos hermanos en el mayor ^ servicio de una misma Patria,

y aue nuestros gobernantes, bajo la sabia dirección de nuestro Rey Don Juan

Carlos, acierten a orientar a nuestro pueblo por caminos de paz y prosperidad».

La respuesta del arzobispo de Santiago, monseñor Suquía, se centró en dos temas:

la paz v la violencia, y la defensa de 1» vida.

«Entre los enemigos de la paz —dijo el arzobispo de Santiago— hay aue destacar

en nuestro tiempo uno que Pablo VI llama, violencia pasional o cerebral, Que

adquiere hoy proporciones preocupantes y tiende a convertirse en costumbre

frivola. Esta violencia conduce a la revolución y la. revolución a la pérdida de

la libertad personal y colectiva.»

«A pesar de ello —añadió— hay quienes convierten a los violentos en héroes. A

veces es toda una sociedad, o cuando menos un sector importante de la misma, la

que piensa y actúa de este modo. Es un gran error que perjudica a todos e

incapacita a la sociedad para defenderse contra los que intentan destruirla y

hacen ancho «1. camino del crimen.»

Monseñor Suquía hizo, por último, un fuerte alegato contra el aborto. «No somos

coherentes los hombres de hoy —dijo— cuando por una parte nos oponemos con vigor

a la violencia en los campos de batalla o en la calle o en las´ cárceles, y, ñor

otra parte, recurrimos a la violencia para ahogar Insidiosamente la vida del

niño inocente en el seno materno.»

«La vida de hombre es sagrada —añadió el arzobispo— desde el mismo momento en

que empieza a ser.»

Se preguntó seguidamente por qué cuando los obispos, fieles ft su ministerio,

afirman que a un orden jurídico justo corresponde garantizar la vida del hombre

desde el seno materno, hasta el momento dé la muerte, contra todo ataque que

pueda, amenazarla, se les acusa de invasores del campo del orden temporal qi» no

les pertenece.

 

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