Autor: Aradillas, Antonio. 
   Economía en la Iglesia     
 
 Pueblo.    26/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Economía en la Iglesia

EL nuevo planteamiento con el que la jerarquía eclesiástica pretende afrontar de

aquí en adelante el problema de la economía de la Iglesia, constituye un intento

serio, procedente y realista. Al margen ahora de la exposición y critica de los

motivos con que se intente justificar la dotación estatal para el culto y clero,

la globalización de la misma y su entrega anual a la jerarquía eclesiástica para

que ésta la administre, a través de su gerencia, es un ciato positivo que

resaltamos con gozo. Basta con asomarse a los anteriores .procedimientos

estotales de hacerle llegar a la Iglesia las cantidades económicas estipuladas,

para convencerse inmediatamente de la irracionalidad de los mismos. Su

minimización y detalle acusan otros tantos datos y gestos.paternalistas del

padre Estado que subvenciona a la Iglesia, a sus obras, hombres e instituciones

como fundamento y ´salvaguardas del orden que él necesita para. lograr los fines

que considera adecuados desde la dinámica y presupuestos de su propio poder.

• La lectura atenta de las partidas por las que el Estado hacia llegar a la

Iglesia el dinero nos abre dé par en par las puertas de la justificación

principal de ese mismo dinero, que resultaba ai margen o la contra de cualquier

proceso renovador efectuado en la Iglesia, y sin importarle nada aquellos nuevos

ministerios o atenciones pastorales descubiertas y exigidas en los últimos

tiempos. Tales partídas son otros tantos capítulos^ del comportamiento sostenido

por el Estado en la relación con la Iglesia, en cuya intención no siempre

prevalecía favorecerla, sino favorecer a sus propios intereses y los de los

gobernantes entonces al frente del poder político. La pastoralidad del dinero

estatal resultaba ser muy menguada y, en ocasiones, nula. El Concilio Vaticano

II y sus posibílídades y urgencias renovadoras difícilmente encajaba en los

esguemas: económicos de los que se servía el Estado para ayudar a la Iglesia en

España.

• y una de las irregularidades que más resaltaban. en el ordenamiento, ya

caducado, era precisamente la manipulación a que se sometían determinadas parí

idas económicas, haciendo de ellas premio o castigo para aquellas obras,

instituciones, obispos..., cuyo afecto o desafecto al régimen tuviera tal o cual

calificación... Existían partidas establecidas en el. desglose del presupuesto

estatal, y en la aplica cían real de determinados fondos disponibles, a. Zas que

solamente justificaba el grado de afecto o de desafecto hacia el régimen que

manifestaba tener la persona —el obispo— responsable de la diócesis... .Existían

diócesis mimadas económicamente por el Estada hasta no poder mas, y en las que

no se les escatimaba dinero por las procedencias y caminos más inextricables,

miéntras que a otras diócesis el dinero llegaba más que cicateramente... Tenemos

constancia.de algunas cantidades concreías y de su correspondiente

justificación, y unas y otras difícilmente resisten un análisis con intención de

exenciones y disculpa de complicidad políticas..., mientras que, por ejemplo, 22

de las 64 diócesis no recibían subvenciones para sus seminarios ´por estimar

unilateralmente el Estado, sin contar con los obispos, que sus seminarios no

funcionaban ortodoxamente...

• También para estas irregularidades, el plateamiento económico nuevo será

solución inicial correcta y, aunque sólo fuera por eso, es merecedor de nuestro

reconocimiento. Eso si, no hay que olvidar que se trata de una solución de

emergencia, válida para la época de transición en la que se encuentran -la

relación Iglesia-Estado y nuestra nación, por lo que se deberán estimular otras

soluciones con sentido de anticipación de futuro.

Antonio ARADILLAS

 

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