Autor: Fernández-Rúa Plasencia, José María . 
   Vida, pasión y hundimiento de UCD     
 
 ABC.    31/12/1982.  Página: II. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

RESUMEN FIN DE AÑO

VIERNES 311282

Vida, pasión y hundimiento de UCD

Las siglas UCD ya no significan prácticamente nada en el panorama político español. Este partido, que

tuvo el Poder desde junio de 1977 a octubre de 1982, se ha disuelto -los que aún quedan argumentan

que la opción existe, que es valida- sin pena ni gloría. El "invento" del centro fue acaparado

rápidamente por Adolfo Suárez. Junto a él, hombres de significada relevancia en el anterior régimen -

Pío Cabanillas, Francisco Fernández Ordoñez, Rodolfo Martín Villa, Jesús Sancho Rof, etcétera-, otros

que habían sido perseguidos -como Fernando Alvarez de Miranda, Joaquín Satrústegui e Iñigo

Cavero- y aun otros más equidistantes de ambos grupos como Leopoldo Calvo-Soteto unieron su

prestigio para fundar la Unión de Centro Democrático. Y, más o menos, el partido fue por buen camino

hasta que las luchas internas florecieron. El hombre de la calle conoció el calificativo de «barón»,

aplicado a unos pocos y hasta se interesó por el congreso centrista de Palma de Mallorca... Hoy, UCD -

como digo- ya no existe, hay, eso sí, un partido, con esas siglas, de inspiración democristiana y del que

se han ido los liberales, los socialdemócratas, algunos «azules» y, también, muchos democrata-cristianos.

El año que ahora termina ha sido para UCD especialmente trágico. Agustín Rodríguez Sahagún, ex

ministro de Defensa y de Industria, presidía el partido al iniciarse el año. En la secretaría general, el

catedrático Rafael Calvo-Ortega, también ex ministro, intentó potenciar el partido en provincias. Pero la

larga sombra del sector crítico, derrotado en el congreso centrista de Palma de Mallorca -un mes antes

del intento de golpe de Estado-, se volvió a proyectar sobre los altos cargos del partido. Al poco, Calvo-

Sotelo sustituye a Rodríguez Sahagún en la presidencia centrista, y en mayo -el día 23- se celebran las

elecciones al Parlamento autonómico andaluz, con el consiguiente desastre para UCD. A partir de esta

fecha es cuando empieza el germen de las fugas. Oscar Alzaga, uno de los principales responsables del

«sector crítico» del partido que tanto protagonismo tuvo en ese congreso extraordinario y enemigo

acérrimo de Adolfo Suárez, funda el Partido Demócrata Popular. Por su parte, Adofo Suárez y sus

incondicionales -Rodríguez Sahagún, Calvo-Ortega, José Ramón caso- crea el Centro Democrático y

Social; mientras, diputados, senadores y otros altos cargos del partido van engrosando las filas de Alianza

Popular. Frente al PDP de Alzaga, de nítida raíz democristiana, el CDS de Adolfo Suárez se presenta

como una opción de centro progresista muy lejana de posiciones conservadoras.

Todo esto, y a pesar de insistentes declaraciones en el sentido de no querer adelantar las elecciones

generales, influye en Calvo-Sotelo (aconsejado por su ministro de Justica, Pío Cabanillas, entre otros) y

decide disolver a finales de agosto las Cámaras Legislativas. La decisión coge por sorpresa a las

formaciones de centro escindidas que carecen de tiempo para organizar sus estrategias electorales y hacer

que la gente conozca su nueva ubicación. Por el contrario, el PSOE había acordado, semanas antes de la

decisión adoptada por Calvo-Sotelo, contratar el mayor número de vallas publicitarias en casi todos los

rincones del país. Los socialistas habían comenzado a poner a punto su maquinaria electoral meses atrás.

Los únicos desprevenidos fueron, por tanto, la propía UCD de Calvo-Sotelo y «los hermanos separados»,

Alzaga resolvió pronto su problema. La coalición con Alianza Popular de Manuel Fraga no fue, sin

embargo, un dulce matrimonio. Hubo tirantez y resquemor, sobre todo en las bases aliancistas a la hora de

cerrar las listas electorales.

Aparece entonces, como posible salvador de la opción centrista gubernamental, el presidente de las

Cortes Generales y del Congreso de los Diputados, Landelino Lavilla. Diputado por Jaén en las dos

legislaturas y ex ministro de Justicia. Lavilla no ha descendido nunca al terreno electoral a gran escala. Se

hace cargo de la presidencia del partido con una famosa «cláusula devolutoria» que nadie entiende, pero

que tiene una finalidad: devolver la presidencia si la campaña electoral no se hace a su gusto y manera.

Mientras Lavilla recorre toda España, Leopoldo Calvo-Sotelo adopta una actitud estática. Se le asigna la

visita a centros dedicados a la tercera edad, en los alrededores de Madrid, aunque también hace alguna

escapada para apoyar a su hombre de confianza, Matías Rodríguez Inciarte, ministro de la Presidencia y

candidato a diputado por Asturias.

El resto de la historia de UCD es ya conocida. Al desastre electoral le sigue otro congreso extraordinario,

en el que se debate la posibilidad de una federación de partidos de centro: una vuelta a los orígenes. Pero

esta opción es derrotada por los democristianos a los que se une el líder provincial, antes martinvillista,

por Galicia, Enrique Marfany. Su apoyo es recompensado por Lavilla con un cargo en la nueva ejecutiva

del partido.

Perdida la identidad originaria y con un futuro descorazonados UCD se enfrenta con la pesada losa de

más 5.000 millones de pesetas en deudas.-J. M. FR.

Claves del 83

La reconstrucción de una opción de centro parece imposible desde las siglas UCD, Las elecciones

municipales pueden significar su total desaparición como partido de ámbito nacional, bien porque

concurra en solitario, bien porque prosperen las tesis de acercamiento a Alianza Popular o al PDP de

Alzaga. Tensiones entre democristianos y «azules» en el Grupo Parlamentario

 

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