Autor: Santamaría, Julián. 
   La Iglesia y las elecciones     
 
 El País.    15/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

TRIBUNA LIBRE

La Iglesia y ¡as elecciones

JUMAN SANTAMARÍA

Profesor agregado de Teoría del Estado

Que la Iglesia española desempeñó un importantísimo papel político durante los

años de la "República y, luego, durante los años del franquismo es algo que

nadie se atrevería a poner en duda. Por eso es comprensible que algunos se

pregunten ahora.cuál ha sido ]a influencia que haya podido ejercer la Iglesia

con su postura de formal neutralidad sobre el comportamiento de los españoles en

las elecciones del 15 de junio. Dos respuestas contrapuestas han ofrecido en

estos últimos días Antonio Marzal y José Luis Aranguren.

El primero sostiene que el resultado de las elecciones implica, antes que nada,

el rechazo masivo del franquismo y que ese rechazo fue posibilitado por la

efectiva neutralidad de la jerarquía eclesiástica al dejar a los españoles votar

en libertad. El segundo defiende la idea de que el triunfo electoral del Centro

supone la continuidad encubierta del franquismo y.que ese triunfo, asi como e!

gran descalabro de !a , Democracia Cristiana, se explica por la actitud

ficticiamente neutral de la Iglesia que, en realidad, ha venido a apoyar

veladamente al primero y a descalificar de ese modo a (asegunda.

De estas dos interpretaciones, la primera parece, desde luego, la más endeble.

El hecho de que la iglesia haya sido menos parcial que en 1933 o en 1936 no

quiere decir, sin más, que haya sido rigurosamente neutral en 1977. Y, por otra

parte,.nada indica que si la Iglesia se hubiera pronunciado en contra de la

democracia el pueblo la hubiera seguido. Piénsese, si no, en el ejemplo de

Alicante, en donde, a pesar de la" hostilidad manifestada por el obispo frente a

todas las opciones democráticas y su implícita identificación con las posiciones

de la Alianza Popular, los nueve escaños en liza fueron a parar a la UCD (4), al

PSOE (4) y al PCE (1).

Tiene, por tánto, razón Aranguren al criticar esa tesis, ya que, en el m´ejor de

los casos, la «neutralidad» de Ea Iglesia habría servido para permitir a los

católicos retirar su voto a la Democracia Cristiana, pero no la tiene en la

medida en que eso no explica por sí solo el fracaso de -ésta, y el triunfo del

centro y en la medida en que al identificar a este último con el continuismo

franquista incurre en la misma simplificación eí que tantas veces incurrió —

interesadamente— el franquismo identificado a toda la oposición democrática con

el Partido Comunista.

Pero es que, además, la debilidad de ambas interpretaciones tiene su origen en

las dos improbables hipótesis que le son comunes. Primero, la de dar por

supuesto que el electorado voto por´ ¡a.continuidad o la liquidación del

franquismo, cuando, para la mayor parte de los votantes, esa opción estabaya

cancelada desde la convocatoria misma de las elecciones; que percibió, según

demuestran los resultados, como posibilidad de expresar sus preferencias de

clase, al igual que sucede en casi todos los países europeos. Segundo, la de

atribuir a la Iglesia una influencia sobre el comportamiento de los electores,

no avalados por ningún dato, en un pais como éste, en que el 70 % de la

población se confiesa, sin reservas, en favor del divorcio y el uso dé los

anticonceptivos y en el que el tema de la educación ha perdido prácticamente sus

duros perfiles ideológicos para adquirir una significación fundamentalmente

técnica y social. No se discute, en efecto, la libertad de educación, sino la

forma de asignar y controlar los recursos para conseguir una educación de más

calidad ya la que tenga acceso el mayor número.

Si esto es asi, lo que hay que dilucidar no es si se.ha llegado en España aun

nivel de secularización semejante al de las sociedades occidentales más

avanzadas, sino si el grado de secularización que^se ha alcanzado ya reduce a

tal puntóla significación política del factor religioso que hace supérfluos y

priva de sentido a los partidos, confesionales o laicos, qué sé definen

fundamentalmente por relación a él. Y eso,

dejándonos de intuiciones para mejor ocasión, es precisamente lo que parecen

sugerir los resultados. Se hunde electoralmente la Democracia Cristiana y ni

siquiera comparece en el ruedo" electoral un solo partido laico de la vieja

tradición radical. Y, es más, las zonas de mayor predominio de la vieja CEDA son

aquellas que hoy votan por Aliaiiza Popular, más que por el Centro, y las zonas

de predominio radical, sobre todo el País Valenciano, se pronuncian

inequívocamente por el socialismo. Por si ello fuera poco, el hecho de que un

hombre del prestigio personal y la trayectoria política de Ruiz-Giménez no

consiga un escaño en el Congreso, por muy lamentable que sea, y creo que lo es

mucho, confirma incuestionablemente que en nuestro país ha pasado ya el tiempo

de los partidos confesionales, supuestamente interclasistas, para dejar paso a

los partidos clasistas resueltamente interconfesipnales.

Es este uno de los dalos más positivos que arrojaron las urnas el 15 de´junio y

me atrevería a pensar que poco ha tenido que ver con la actitud de Ja jerarquía

ante el proceso electoral y mucho con los profundos cambios de orden social y

cultural que lleva consigo la transformación de una sociedad agraria tradicional

en una sociedad industrial y moderna. Un dato positivo tanto a • nivel político

como religioso, pues indica con claridad Ja compatibilidad de creyentes y no

creyentes en todas las esferas de la vida social, incluidos Jos propios

partidos, quita a la religión la responsabilidad de servir de cobertura

ideológica a los intereses del capital y abre el camino a una discusión más

libre, racional y pragmática de las cuestiones políticas que son las

relacionadas con el poder y no las relacionadas coa la fe. Y sí los españoles

han confirmado así que la religión no es ya, para ellos, un factor de división

política habrá que confiaren que también ahora la Iglesia respete con su

neutralidad ese hecho. ¿Lo hará? Las reflexiones del padre Martín Patino,

aparecidas en estas mismas páginas, en la medida en que son inteligibles no

parecen indicar que vaya a hacerlo.

 

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