Autor: Unciti, Manuel de. 
   Justicia y Paz y su situación     
 
 Ya.    14/01/1977.  Página: 50. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

RELIGIOSA

14-I-77

Justicia y Paz y su situación

LA nota hecha pública por la Comisión Justicia y Paz sobre su reciente pleno del

pasado día 3 despeja un conjunto de interrogantes que estaban en la calle y que

inquietaban incluso a los mismos componentes de este singular organismo

eclesial. La última Asamblea Plenaria del Episcopado no había dado su aprobación

a los nuevos estatutos de Justicia y Paz, elaborados de común acuerdo por ésta y

por la Comisión Episcopal de Apostolado Social, y más de uno había interpretado—

¿con qué intereses?—que esta falta de aprobación entrañaba de algún modo y en

alguna medida una desaprobación de la línea de actuación de Justicia y Paz y

hasta un primer pago para modificar sustancialmente la propia fisonomía de tal

organismo.

NADA hay de esto, venturosamente. Los nuevos estatutos no fueron aprobados

porque no lograron la mayoría de dos tercios que el reglamento de la Conferencia

Episcopal requiere para dar luz verde a este tipo de decisiones. Los votos

favorables al texto propuesto fueron, con todo, mayoritarios y superaron con

creces a los votos negativos; estuvieron incluso por encima del total de votos

negativos y en blanco. ¿Es extraño que un texto jurídico suscite abstenciones y

aun votos en contra? Lagunas jurídicas, ambigüedades de formulación,

contradicciones legales, insuficiencias, etc., pueden llevar a requerir un texto

más lógico, más claro, más armónico, más completo... Y esto es,

fundamentalmente, lo que ha ocurrido con los nuevos Estatutos de Justicia y Paz.

Y la mejor prueba de que no hay "gato encerrado" en esta posición de la Asamblea

del Episcopado es el hecho de que, automáticamente, la Comisión Justicia y Paz

continúa en la brecha con los estatutos dados hace más de tres años y que todos

los miembros de su pleno y, sobre todo, todos sus cargos dirigentes mantienen

los compromisos que un día recibieran y aceptaran de manos de la autoridad

jerárquica. Queda abierto un tiempo de futuro, sin fechas, para retocar el texto

de los nuevos estatutos, pero no so Introduce un compás de espera en las

actividades de la Comisión Justicia y Paz ni de una u otra manera se descalifica

su actuación y mucho menos a sus cargos dirigentes.

EL profesor Ruiz-Giménez sigue al timón de la nave de Justicia y Paz. La

presencia del arzobispo de Oviedo, presidente de Comisión Episcopal de

Apostolado Social, y de la que depende eclesiaimente la Comisión Justicia y Paz,

significa el respaldo del Episcopado a la actuacion y linea de comportamiento de

este organismo. El pleno ha aceptado una petición de su presidente, formulada

por estrictas razones personales: durante los próximos meses de lucha electoral,

Ruiz-Gimenez será liberado de algunas funciónes de su presidencia de Justicia y

Paz. Nada "misterioso" igualmente en esta decisión. Presidente Justicia y Paz

pueda acusarle de utilizar su condición da presidente de un organismo eclesial

como Justicia y Paz para bien y provecho de sus personales opciones políticas en

el ruedo electoral. La decisión es prudente y merece aplausos. ¿Resulta, sin

embargo, plenamente satisfactoria desde una teología del compromiso político de

los cristianos: Tal vez más de uno responderá que no y que en países con muchas

horas de vuelo por los cielos de la democracia no se abrigan ya suspicacias y

escrúpulos sobre la compatibilidad de liderazgos eclesíales y liderazgos

políticos. En nuestra nación comenzamos hoy por hoy un rodaje democrático, y si

tales suspicacias deberían estar ya superadas, la verdad es que parece prudente,

por un por si acaso escrupuloso o tendencioso, no complicar la confrontación

electoral con disputas que comprometan a la Iglesia y a sus instituciones.

Mañana —¿cuándo?—será muy otro el planteamiento y tanto, la comunidad de los

creyentes como la sociedad en general deberán aceptar sin sobresaltos que un

ciudadano compagine su militancia cristiana en nivel responsable con su

líderazgo político partidista al máximo nivel. Pero todavía estamos lejos de

esta convivencia ciudadana y el presidente de Justicia y Paz, con buen olfato,

solicita por ello que en determinadas actuaciones de su mandato eclesial sea

relevado temporalmente por el vicepresidente de Justicia y Paz, don Carlos

Santamaría.

QUEDA en el aire, por el momento, el tema de la designación de nuevos

responsables de la Comisión Justicia y Paz. Los actuales tienen pro1ongado su

mandato tras los tres años de ejercicio. Se había previsto esta prolongación,

como era lógico, hasta la aprobación de los nuevos estatutos. Esta no ha tenido

lugar según el calendario previsto y, en consecuencia, la opinión pública

eclesial se ha visto traída y llevada por tuna serie de especulaciones.

Convendrá decir por ello que la Jerarquía tiene en sus manos unas ternas para

los cargos de presidente y de secretario general de Justicia y Paz, que nada se

ha resuelto sobre las mismas por no haberse cumplido la prevista aprobación de

los nuevos estatutos, que en cualquiera momento puede la jerarquía mar sus

decisiones sobre las ter nas propuestas y que, por último, todo sigue igual a

como estaba antes de abrirse esta etapa de cambios y elecciones. Míentras tanto,

en el haber de Justicia y Paz, su larga tarea de mentalización de los ciudadanos

españoles sobre la problemática de la reconciliación nacional, sobre los

derechos humanos no suficientemente reconocidos en nuestra legislación, sobre la

urgente necesidad de una amnistía general, sobre 1» objeción de conciencia al

servicio militar, sobre la supresión de los tribunales especiales, sobre la

abolición de la pena de muerte... En muchos de estos capítulos, Justicia y Paz

se ha atetentado en los cortos unos de su existencia y actuación a lo que ahora

es ya voz de la calle e iniciativa de la oposición y del Gobierno.

Manuel DE UNCIT

 

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