Vida Nueva ante las elecciones     
 
 Vida Nueva.    28/05/1977.  Página: 1082. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

VIDA NUEVA ANTE LAS ELECCIONES

Según anunciamos en nuestro número pasado, VIDA NUEVA empieza hoy mismo una

serie de tres pliegos que intentan servir a los lectores una información honesta

e independiente de cara a las inminentes elecciones del 15 de junio. Si a ello

añadimos todo lo que, tanto en el terreno estrictamente informativo como en el

opinativo, hemos ido ofreciendo a lo largo de estos últimos meses, creemos poder

afirmar que nuestra revista ha estado y está presente en este momento

fundamental de España. Por lo menos eso. Aciertos y errores han de

contabilizarse en ese contexto de presencia y servicio con lo que, por otra

parte, no nos parece que pongamos una pica en flandes sino, simplemente,

cumplimos con nuestro deber.

Ahora queremos resumir, por si hiciera falta, cuál es nuestra actitud, como

revista de información general y religiosa, independiente, cristiana, ante las

elecciones. Actitud independiente pero, desde luego, no neutral. Nadie es

neutral y nuestros condicionamientos vienen de nuestro carácter cristiano y de

nuestro deseo de libertad, paz y justicia. Sobre esta base —nadie nos paga,

nadie nos patrocina, ningún grupo político o de presión religiosa, económica o

social está detrás de nosotros; sólo nos debemos a nuestros lectores, es decir,

al pueblo español— concretamos nuestro pensamiento en los siguientes puntos:

1.—Es fundamental entender que las próximas elecciones son unas elecciones

legislativas, para elegir a los miembros del Congreso y del Senado, no para

elegir al Gobierno. La composición eminentemente popular del Congreso va a estar

inevitablemente frenada por el Senado cuya composición no va a ser tan popular

dado el alto porcentaje de designaciones digitales. Quien luego gobierne no va a

ser ni el Congreso, ni el Senado sino el Gobierno y a éste no le vamos a elegir

nosotros. Todo esto significa que nuestra potencialidad decisoria va a ser

relativa, no conviene hacerse demasiadas ilusiones. Sobre todo si pensamos que

las fuerzas tan importantes del capital van a seguir siendo las mismas. No es un

jarro de agua fría al optimismo infantil de los que creen que «todo va a

cambiar» de raíz; sólo es una llamada al realismo político.

Vamos hacia una democracia, pero vamos lentamente. Las elecciones son un paso

básico en ese camino. Pero no son la panacea.

2.—VIDA NUEVA ha sufrido, como todas las publicaciones del país —y los lectores

lo saben muy bien— una larga etapa de restricciones y de falta de libertad. En

ningún caso votaríamos porque todo siguiera igual. Si algún programa político

nos ofreciera esa elección —seguir igual y ya sabemos que «descaradamente» nadie

lo ofrece— no lo escogeríamos ni podríamos, honradamente, aconsejar a nadie que

la

siguiera. Con todos los respetos para la opinión contraria.

3.—Respetamos mucho a las personas y creemos que es posible que una persona

evolucione, cambie, mejore, se convierta. Puede ocurrir que antiguos

autoritarios lleguen a ser verdaderos demócratas. Pero para que nos convenzamos

de ello —en el terreno político, como en la vida cotidiana— no nos bastan las

palabras, los programas... necesitamos hechos. Esto quiere decir que, dentro del

margen mental de confianza que concedemos gustosos a todos, nos quedan reservas

que sólo la vida misma, los hechos, podrán eliminar. No se es demócrata, es

decir, respetuoso con los demás y defensor práctico de los derechos humanos, por

el simple hecho de que uno diga «scy demócrata-»: hay que demostrarlo.

4.—Los programas de los partidos son importantes, pero no somos tan ingenuos

como para no caer en la cuenta de que un «programa», aquí y ahora, es, sobre

todo, un anzuelo electoral. Por eso nos fijamos también en la historia de los

partidos, en su real evolución y en la figura personal de quienes los dirigen o

componen su staff decisorio.

5.—Con todos estos condicionamientos —que son cauce y no frontera de espinos—

VIDA NUEVA defiende, una vez más, el derecho inalienable de todos y cada uno a

votar o no votar, a elegir a este partido o aquel nombre senatorial. Tenemos en

cuenta las palabras de los obispos y las múltiples comunicaciones emanadas de

consejos presbiterales y agrupaciones religiosas. Las tenemos en cuenta y nos

ayudan. Pero la elección es nuestra, es de cada cual. Y nos parece que eso queda

muy claro en el peligro que ya esta semana publicamos.

6.—Quienes hacemos VIDA NUEVA tenemos nuestras opciones concretas más o menos

escogidas como ciudadanos particulares que somos. Como revista, ni tenemos

partido ni tenemos opción definida. Teñamos sólo respeto y conciencia de

libertad. Tratamos de ayudar para que nuestros lectores hagan una elección

reflexiva, personal, conforme a su conciencia. Una conciencia que, por

cristiana, debe saber que es lo que más se acerca al Evangelio cuya opción es

meridiana: el amor a los hombres, todos los hombres, a la sombra del amor a

Dios. Concretar esto en normas, programas, opciones políticas es otro cantar que

cada cual deberá «entonar» con rigor, libertad y decisión.

Esto es honradamente, cuanto tenemos que decir. A muchos les sabrá a «demasiado

poco». Ya sabemos que siempre es más fácil, más cómodo para algunos y más

apetitoso para los menos, marcar férreos caminos, gritar soflamas y arrimar el

ascua a la propia sardina. Nosotros, queridos amigos, estamos orgullosos de no

tener «sardina». Aunque eso no signifique renunciar al ascua.

 

< Volver