Autor: Ortega, Joaquín Luis. 
 Especial Elecciones I. Votar en cristiano. 
 Definirse ante la vida, no sólo ante las urnas     
 
 Vida Nueva.    28/05/1977.  Página: 25-27. Páginas: 3. Párrafos: 4. 

DEFINIRSE ANTE LA VIDA, NO SOLO ANTE LAS URNAS

Por Joaquín Luis ORTEGA

LOS entendidos en pastoral han dicho siempre que e! Adviento y la Cuaresma

son "tiempos fuertes" dentro d&l calendario cristiano. Yo pienso que éste

que se nos avecina —o en el que estamos ya navegando— es también para los

cristianos un ´tiempo cívicamente fuerte. Tiempo de discernimiento y de

autodefinición. Tiempo de reflexión y de contraste. Tiempo de vigilia y no de

modorra. Tiempo, en definitiva, para vivirlo y no para soportarlo.

Creo que antes de hablar da valores que hay que votar o de programas que habría

que excluir, conviene aclarar una cuestión previa. Y es la de la presencia

activa y consciente de los creyentes "en la cosa pública". No digo de la

Iglesia, sino de los creyentes. Para mi la clave de interpretación histórica del

cristianismo está en la encarnación. Y la encarnación´ me sugiere una

implicación rotunda e irreversible de Dios en lo humano. Los cristianos, en

cambio, ateniéndonos a vaya-usted-a-saber-qué-claves, le hemos venido haciendo

demasiados ascos a lo- temporal. Como si por ser cristianos hubiésemos de

esperar a que nos lo diesen todo hecho. Como si por andar caminando hacia otro

Reino no tuviésemos que poner los pies en este. De ahí han nacido las

acusaciones da inhibición, de pasividad y de angelismo que justamente se nos han

hecho. Y de ahí también esa reacción- de fiebre horizontal que ahora se nos ha

colado en casa. La Encarnación como presencia dinámica de Dios en la Humanidad

determina un talante cristiano de presencia activa en la construcción del mundo

y de aportación de valores específicos en los proyectos concretos de sociedad

que vayan apareciendo. En nuestro país tenemos ahora la oportunidad de

participar en uno de esos proyectos. De ahí la responsabilidad de] voto.

Supuesta la actitud de presencia y de participación, es cuando surgen las

venturas y desventuras del discernimiento. La literatura electoral, es decir, la

que producen los partidos en programas, manifiestos, mítines y consignas es

harto farragosa. Y sospechosa, además. El tiempo electoral es tiempo de

promesas.

Y a la hora de prometer, todos prometemos lo mejor. La cuestión se plantea a la

hora de señalar los valores que el cristiano debe apoyar con su voto. Y, más

agudamente aún, a la de detectar en la selva de las siglas y de los programas la

presencia o la ausencia de esos valores. Me parece superfluo decir que el

cristiano ha de apostar ´los valores tan netos como la libertad, la justicia, la

paz, el respeto a la vida, etc. Son valores tan altos y tan viejos que ni

siquiera me atrevería a decir que son exclusivamente cristianos.

Sería una apropiación abusiva por nuestra parte. Creo, en cambio, que, además de

esos valeres permanentes, intocables, el cristiano tiene que apoyar otros con

sentido más coyuntural. Valores que puedan garantizar el sentido humano y

cristiano de la vida en el hoy y en el aquí por el que tenemos que votar. No

pretendo una enumeración exhaustiva. Cada cual debe hacer y completar la suya.

La mía me inclina a afianzar en este proyecto de sociedad que puede salir de lo

que salga de las urnas estos tres valores, entre otros: la reconciliación como

cancelación magnánima de un pasado histórico da enfrentamientos y de discordias

domésticas. La transparencia administrativa en todos sus grados y niveles como

superación de un sistema de tapujos, de privilegios y de alcaldadas. De

corrupción, por decirlo claro. La tolerancia, por fin, la aceptación del

pluralismo y de la discrepancia como presupuesto indispensable para el diálogo y

para la convivencia. En la medida en que estos valores enunciados puedan mejorar

las condiciones de la vida pública española.

puedan igualarla, abrirla, democratizarla y humanizarla, me parece que andaremos

cerca efe un estilo cristiano de vida añadiéndole después lo que tengamos que

añadirle. Y en esa medida pienso que son valores urgentes y "votables" desde la

ética cristiana.

Por otra parte toda esta disquisición sobre los valores cristianos a propósito

del voto, hay que remitirla a una perspectiva más amplia y más profunda. Lo del

"voto cristiano" es circunstancial. Lo que es más permanente y más arduo es el

sentido de la presencia cristiana en la sociedad. Con o sin elecciones. Ahí es

donde hay que poner el acento ya que las urnas son flor —o furia— de un día. Ahí

si que hay que implantar tozuda y esperanzadamente valores cristianos

específicos. La -opción por los pobres en el sentido más complejo de la palabra.

La voluntad de no enfeudar el evangelio en ninguna ideología. La propia vida

como encarnación de unos valores y como denuncia permanente de sus contrarios.

La aplicación de estos valores tan "cristianos" a los programas electorales

pondría en un brete a más de uno de ellos. Incluso de los que se apellidan

pomposamente cristianos. Es una aplicación que hay que hacer. Pertenece a la

imprescindible operación de discernimiento a que hemos de aplicarnos en estos

momentos. Y ayudará, además, a definirse uno mismo. De definirse, precisamente,

es de lo que se trata. Y de definirse ante la vida más que ante las urnas.

 

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