Autor: Llanos Pastor, José María de. 
 Especial Elecciones I. Votar en cristiano. 
 ¿Cómo votar desde la fe?     
 
 Vida Nueva.    28/05/1977.  Página: 27-28. Páginas: 2. Párrafos: 8. 

¿COMO VOTAR DESDE LA FE?

Por José María de LLANOS

LO han dicho desde su magisterio los obispos, pero creo que bien podemos glosar

y apendizar los fieles desde nuestras sencillas maneras de ver las cosas. Porque

si, hay que votar, o, por mejor decir y más preciso, no podemos desinteresarnos

da la marcha de nuestra "ciudad". Lo cual, por supuesto, no se Identifica con lo

del voto, porque ¿qué debe hacer aquel a quien1 no convenza ninguna opción de

las propuestas? Apuntarse al mal menor nunca es obligación .rigurosa.

Que debemos votar a esta nivel, ya nos lo han dicho suponiendo en primer lugar

una suficiente, según medios y cultura, suponiendo la suficiente, información

acerca de lo que unos piensan y proponen otros.

Y sin excluir a nadie. Informarse no es difícil, aunque sea cansado y aunque

toda información vaya impurificada en su objetividad por aquello de quien

informa, por el ambiente, por la amistad, por lo que sea. De todas formas, votar

sin estar informado, a lo loco, pues a más de una necedad puede ser y contribuir

a una injusticia.

E informados, reflexionar. Aquí es menester insistir, porque la información no

pasa da premisa indispensable, la reflexión es el horno donde unas informaciones

y otras se cuecen para dar lugar a. una opinión personal, más o menos fija y

segura, pero garantizada al mínimo. E insisto porque si de algo necesitamos

tantos "demócratas" que hemos salido por ahí es de esta introspección personal

que no se deja llevar de carteles y decires ajenos.

Hémonos ya reflexionados, es decir, llegados al momento de la decisión

definitiva, la cual, por supuesto, con sus garantías dichas no es ni debe

aspirar a ser la exacta y puntual, contentándose ´Con ser la propia fruto de los

limitados pensamientos. Pero eso sí, responsable y por ello sin dejar de estar

abierta a rectificaciones posibles, lo bastante fija para no ser cambiada a la

primera conversación con el listillo, con ´el propagandista, Con el

"comerciante".

Hasta aquí y para mi lo indispensable, es decir, lo que excluye la disputa como

procedimiento para tomar la decisión. Es verdad que la pasión nos endurece por

dentro y que nada más apto para despertarla -qu& la disputa o discusión. Pero no

me fío y sin sostener que siempre sea perjudicial la excluyo de lo

indispensable. Disputando solemos no más que afincamos en [o propio y despreciar

lo ajeno.

De donde sin poder excluir.la conversación política a nivel de cambio de

impresiones y pareceres pongamos en guardia a todos ante el peligro de no hablar

en estos días sino.da las elecciones, venga o no a cuento. Se trata de un tema

importante, no de una obsesión colectiva.

Ahora bien, vayamos a lo contrario u opuesto: lo del secre-tisrno. Suele ser

para muchos algo importante:

"no tengo que decir a nadie por quién o por qué voy a votar". Bien hay el

derecho a que nadie se introduzca en tus opiniones —de aquí las cabinas y todo

el aparato de la votación—, pero no el deber.

Nadie lo tiene, todo individuo o ciudadano puede cantar a los cuatro vientos lo

que ha decidido votar. Pueda y a mí, mientras no se demuestre lo contrario,

supone una apertura que acaba con la desconfianza cara a nuestros vecinos. ¿No

hablamos con ellos da todo? Pues también, excluyendo lo de la disputa,

confesemos. Lo que toda confesión´ tiene de gallardía y amistad va sumado a lo

que tiene de irradiación de tus propias ideas, al mejor conocimiento que tengan

de ti, del que tienen derecho tus amigos y vecinos.

Confesamos, digamos, escuchando a otros siempre, pero sin dejar de dar la cara a

tirios y troyanos. El temorcillo a qué van a pensar de mí no es muy de estimar;

en cambio, la valentía en comunicar mis actitudes y pareceres ciudadanos sí

supone e incluye un valor apreciable. Por mi parte, no voy ahora a. confesar lo

que de muchos es bien conocido a través de tantos escritos y articulillos míos.

Llevo años entre el pueblo y en un barrio desde donde se ven las cosas como he

acabado por verlas yo.

 

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