Autor: Zamarriego, Tomás. 
 Especial Elecciones I. Votar en cristiano. 
 El cristianismo ante la libertad de enseñanza     
 
 Vida Nueva.    28/05/1977.  Página: 28-30. Páginas: 3. Párrafos: 19. 

EL CRISTIANO ANTE LA LIBERTAD DE ENSEÑANZA

Por Tomás ZAMARRIEGO

EN las Normas orientadoras ante las elecciones, publicadas el 22 de abril

pasado por la Comisión. Permanente del Episcopado, se indicaba de

manera inequívoca que el voto de los cristianos tiene que darse

entre aquellos partidos que respetan "los derechos fundamentales y

las libertades del hombre", y negarse a los que las niegan.

Al poner ahora en práctica el Secretariado Episcopal, mediante la publicación

de un Documento, el encargo que entonces le hizo la Comisión Permanente de

procurar la divulgación de una serie de documentos episcopales sobre las

elecciones y enumerar los valores que el cristiane- debe apoyar con su voto, el

primer valor señalado es la libertad.

Dentro del abanico de libertades que e! hombre tiene derecho a reivindicar está,

evidentemente, el derecho a la libertad de enseñanza. Pero ¿qué significa en

realidad, la libertad de enseñanza? El Documento de la Secretaría lo explica en

el número 5, citando siempre textos de la Declaración sobre los planteamientos

actuales de la enseñanza, que hizo en septiembre de 1976 la misma Comisión

Permanente.

La libertad de enseñanza es un derecho y constituye la respuesta práctica a otro

derecho. Un derecho fundamental de la persona humana: e! derecho a recibir

educación.

Para que esa respuesta sea efectivamente práctica, acorde con otros derechos

humanos y merezca conservar del modo más amplio posible su nombre, la libertad

de enseñanza debe reunir las siguientes características:

— Garantizar, en cantidad y calidad, el número de puestos escolares

suficientes para responder a las necesidades de la población

escolar.

— Hacer que el acceso a (a enseñanza constituya una verdadera igualdad de

oportunidades, de manera que ni en los niveles obligatorios ni en los más

elevados (conforme a las aptitudes del educando), ningún alumno esté en

situación de inferioridad por razones raciales, religiosas,

políticas, sociales o e con árnicas.

— Respetar el derecho preferente de los padres "a escoger el tipo de educación

que habrá de darse a sus hijos" (Declaración Universal de Derechos del Hombre,

art. 26, páfr. 3).

Es decir, "respetar la libertad de ios padres, y en su caso de los tutores

legales, de escoger para sus hijos o pupilos escuelas distintas de las creadas

por las autoridades públicas" (Pacto Internacional de Derechos Económicos,

Sociales y Culturadles, artículo 13, párr. 3), permitid diversidad de escuelas

con distintas concepciones de la vida (cristiana, marxista, etc.), sin que ello

implique necesariamente diversidad de asignaturas programadas, y respetar "el

derecho de los padres a asegurar la educación´ y la enseñanza conforme a sus

convicciones religiosas y filosóficas" (Protocolo Adicional de la. Convención

Europea de tos Derechos del Hombre, art. 2).

— -Evitar, por consiguiente, la "restricción de la libertad de los

particulares y entidades para establecer y dirigir instituciones de enseñanza"

(Pacto Internacional citado, art. 13, párr. 4). Dentro, naturalmente, de una

racional y flexible planificación de la enseñanza.

— Financiar por igual la enseñanza ^estatal y no estatal, con eliminación de

todo lucro en ¡os centros financiados. De otra forma no habrá ni

verdadera igualdad de oportunidades para los alumnos, ni verdadera libertad de

elección para los padres.

— Potenciar la coparticipación en la gestión da las escuelas, según

sus responsabilidades, de todos los componentes da la comunidad

educativa: padres, profesores, entidades promotoras, personal no

docente y alumnos (conforme a su capacidad).

Estos principios, que intentan conjugar todos los factores en juego para

conseguir la máxima libertad de enseñanza para todos, supondría una negación

mayor o menor de dicha libertad de enseñanza:

— La estatalización de toda la enseñanza.

— La imposición de un único tipo de escuela; por ejemplo, la escuela

laica.

— La negación de la inclusión de la formación religiosa o ética dentro

del horario escolar normal, aunque dicha inclusión no supone, naturalmente,

la obligatoriedad.

— La financiación exclusiva por parte del Estado o de las entidades

públicas de un determinado tipo de escuela, como por ejemplo la

estatal, si hay otras que cumplen los requisitos mínimos requeridos para la

enseñanza.

— La negación de la debida coparticipación en )a gestión de la escuela de

alguno de los grupos componentes de la comunidad educativa.

Nos conviene a todos el esfuerzo necesario para distinguir la verdadera libertad

real, que es un valor al que necesariamente debe mirar el cristiano, del simple

nombre de libertad con que hoy se encubren tantos atentados a la misma.

 

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