Autor: L. P. P.. 
   AP: ciento seis razones para cuatro años de oposición     
 
 ABC.    31/12/1982.  Página: V. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

VIERNES 31-12-82

RESUMEN FIN DE AÑO

AP: Ciento seis razones para cuatro años de oposición

SI principios del año que termina alguien hubiese afirmado que Alianza Popular conseguiría casi

multiplicar por doce el escaso número de diputados que por entonces tenía, nadie le hubiese tomado en

serio. Pero los hechos han colmado con creces las aspiraciones a corto plazo de Manuel Fraga. Y esos

casi cinco millónes y medio de votos conseguidos en las elecciones generales del 28 de octubre son el

resultado de una peregrinación casi tan larga como la de Child Harold, cuyos primeros frutos se

recogieron de las arcas gallegas un veinte de octubre; porque octubre, al parecer, es el mes-talismán de

Manuel Fraga.

En la evolución de Alianza Popular hasta convertirse en el primer partido de la oposición han intervenido

muchos factores, todos enlazados en una positiva filosofía basada en la curiosa combinación del

aprovechamiento de los errores ajenos y la utilización de los aciertos propios. Meses antes de que las

elecciones andaluzas constataran el ascenso de las siglas de AP, una bien planeada maquinaria se ponía en

marcha forzando los motores que, hasta entonces, habían sido engrasados con cuidado. Galicia, la tierra

natal de Fraga, había descorchado el champaña de las noches de éxito electoral. Andalucía daría la luz

verde hacía la vía elegida por el partido aliancista en el conjunto del mapa político. Sólo faltaba recorrer

el tramo final. Hoy, ciento seis diputados se sientan en los escaños del Congreso de los Diputados, y los

despachos de la calle Silva se han quedado pequeños. El crecimiento ha sido tan evidente como rápido.

Para luchar por una unión de las fuerzas conservadoras «como única alternativa al socialismo», el líder de

Alianza Popular, Manuel Fraga, sabía que uno de los principales obstáculos iba a ser UCD. No cabe duda

de que la política seguida por los aliancistas de pregonar por un lado la famosa «mayoría natural» sin

descuidar, por otro, un continuo hostigamiento al Gobierno ha rendido tributo al actual primer partido de

la oposición. Desde la visión de AP, los antiguos desprecios y desplantes de UCD hacia sus

proposiciones, lejos de ser negativos han enriquecido el bagaje con que llegó a las urnas del 28-O. Fue el

resultado del efecto «boomerang» con el que contaban los cerebros de AP para limpiar el camino de

peligrosas rivalidades. Un objetivo de primera, como era el conquistar una parte importante del electorado

de UCD, admitía cualquier tipo de matices apuntando todos en la misma dirección: hacer creíble la idea

de que Alianza Popular era «la única fuerza política capaz de ser la alternativa al socialismo».

Alrededor de esta premisa giraban las declaraciones sobre el bipartidismo, los ataques al moribundo

centro y ciertas confusas declaraciones destinadas al flanco situado más a la derecha. En este último

punto, la eficacia de la estrategia seguida se podría simbolizar en las palabras de Blas Piñar el día de la

disolución de Fuerza Nueva como partido acusando de «traidores» a los fuerzanovistas que habían votado

a Fraga.

Otro factor importante en la táctica aliancista ha sido el sacar el mayor partido del desmembramiento del

centro: se dio acogida a los diputados tránsfugas, primero, y vía libre después a las negociaciones para

formalizar una coalición con un partido reclutado en las filas más conservadoras del centro: el PDP.

Pero todo ello no hubiera dado resultado -o al menos el resultado concreto al que se ha llegado- sin

una tremenda labor de mejora de imagen, iniciada mucho tiempo atrás, en torno a Manuel Fraga,

prácticamente único capital con que AP ha contado hasta ahora. Es indudable que, desde aquel 27 da

febrero en que Fraga recorrió las calles de Madrid del brazo de Marcelino Camacho en multitudinaria

manifestación, los modos y maneras del líder aliancista han cambiado. Los estrategas de AP eran

conscientes de que toda buena imagen que pudiera conseguir el partido se hallaba en relación directa con

la que se tuviera de su líder. Y el principal responsable de esta operación ha sido Jorge Verstrynge. Con

evidente esfuerzo, Fraga ha conseguido, al menos aparentemente, dominar algunas facetas de su carácter

no siempre bien entendidas y ha multiplicado sus contactos, tanto con la opinión pública -recorriendo

mercados, bares y calles- como con la Prensa, con sus famosas «cenas-queimada»; aunque otra cosa

sean algunas declaraciones que sugieren la pervivencía de un Fraga de imagen rígida.

Del naufragio de UCD, Fraga ha sabido recoger los restos en su barco; de la ultraderecha ha cosechado

igualmente votos, y de la abstención se ha llevado una parte. Hoy la plataforma de actuación sobre la que

puede mover sus piezas se ha incrementado considerablemente: hay más campo y más piezas. Se ha dicho

que los ciento seis diputados de hoy son el techo de AP. Pero en el juego -y más en el juego

democrático- resulta anacrónico hablar de techos. Todo depende del jugador. Claro que: «meigas,

haberlas haylas».-1. P. P.

Claves del 83

Una vez convertida en la primera fuerza de la oposición, Alianza Popular encamina sus esfuerzos ahora

hacia el perfeccionamiento del bipartidismo. O dicho con otras palabras: su meta es conseguir la

unificación de todas las fuerzas políticas actualmente dispersas, no socialistas, desde la posición de

«partido integrador» y desde la plataforma privilegiada conseguida tras las elecciones generales. Las

próximos comicios municipales cobran especial importancia como confirmación de esta idea.

En cuanto a la estructura de partido, del funcionamiento de la reorganización interna dependerá la

cohesión del mismo.

 

< Volver