Autor: Aguilar, Juan de. 
   Después de visitar Escombreras, el ministro secretario general fue informado de los problemas de la agricultura cartagenera     
 
 Pueblo.    22/05/1963.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

Después de visitar Escombreras, el ministro secretario general fue informado de los problemas de la agricultura cartagenera

CARTAGENA 22.

(Crónica telefónica de nuestro enviado especial, Juan de Aguilar.)

En Cartagena rindió ayer tarde la última etapa de su viaje por tierras levantinas el ministro secretario general del Movimiento y delegado nacional de Sindicatos, don José Solís Ruiz. Cartagena tiene dos fisonomías distintas, dos características bien acusadas y diametralmente opuestas. La una corresponde a la Cartagena industrial, próspera y risueña. La otra, a la Cartagena agrícola, pobre y desazonada.

A la primera de ellas, a la que crece día a día con poderoso empuje, a la que ensancha sus contornos fabriles a orillas del mar, se encaminó directamente el ministro, después de ser cumplimentado a su entrada a la población por las autoridades locales.

Pronto divisamos Escombreras, sintiéndonos impresionados por el gigantesco complejo de R. E. P. E. S. A., erizado de altas chimeneas. Dejando a nuestra izquierda la plania de refino, nos dirigimos a la de fabricación de fertilizantes, de nueva estructura, a cuyo complejísimo montaje se ha dado cima en el plazo récord de dos años y que se encuentra actualmente en Iq, última fase, de ensayo de producción. Se trata de una otbra cuya importancia se valorará considerando que el peso de las unidades y maquinaria instalada supera las 50.000 toneladas, que han sido empleados en su edificación y montaje unos 3.000 obreros y que su coste total alcanza los 2.100 millones de pesetas.

Consta de una planta de fraccionamiento de aire, otra de generación de gas de síntesis "por oxidación parcial, una unidad de conversión y purificación del gas, otra tíe síntesis de amoníaco, otra más de producción tíe urea, una planta de purificación de ácido sulfúrico y una última de fabricación de sulfato amónico. Su capacidad de producción anual está calculada para 12.000 toneladais de amoníaco anhídrido, 70.000 de urea y 210.000 de sulfato amónico. Solis, en unión de los dirigentes nacionales del Movimiento y de la organizacion sindical que le acompañaban en este viaje, asi como de las primeras autoridades murcianas y cartageneras, recorrió detenidamente este fabuloso tinglado, con su complicada maquinaria, tuberías larguísimas, altas estructuras metálicas, gigantescos almacenes, escuchando atentamente las explicaciones sobre el proceso de fabricación, que le fueron facilitadas por ei personal directivo y técnico de R. E. P. E. S. A., quien gracias a este colosal esfuerzo va a poner a disposición del campo español, en fecha inmediata, unos nuevos tipos de fertilizantes de alto valos nitrogenado que aumentarán considerablemente los rendimientos de la tierra.

Desde Escomberas, donde Cartagena adquiere la categoría de primerísimo núcleo industrial español, el ministro regresó a la población. Por el camino, como a la ida, fuimos descubriendo la otra cara de Cartagena, la de las tierras resecas y sedientas, sobre las que los agricultores viven a diario la angustia de una lucha dura y difícil. Agostados, polvorientos, los campos ofrecen una oprimente estampa cíe pobreza.

Fue en el Ayuntamiento, donde Solís acudiera a dialogar con los representantes sindicales de la localidad, donde se nos mostró en toda su agobiante realidad, por boca del presidente de la Hermandad de Labradores y Ganaderos—que habló con acento de cruda sinceridad—, lo patético de la situación que atraviesa la agricultura cartagenera.

Una situación que, en pocas líneas, puede resumirse así: el campo de Cartagena tiene 48.000 hectáreas de tierra seca y llana, singularmente apta para ser puesta en regadío, con lo que se lograría revalorizarla en proporciones realmente asombrosas, ya que por la bondad y uniformidad del clima podrían lograrse en ella hasta cuatro cosechas anuales. De que. esto no es utopía, dan fe los terrenos a los que el agua fertiliza, y cuyo índice" de valoración en relación con los de secano es de 1 a 132. De aquí que emplear dinero en poner en riego las casi un millón de tahullas de tierra sedienta de los campos de Cartagena, de Lorca y de la vega del Almanzora, resultaría una Inversión increíblemente rentable. El problema de transformación de estas tierras es, por lo tanto, única y exclusivamente, de ayuda financiera. Que, por otra parte, no ´es tal problema, ya que los créditos que se otorgaran a este fin podrían ser amortizados en un plazo no superior a diez años, porque loa agricultores están bien dispuestos a aceptar la elevación de la plus valía que pudiera derivarse de esta necesaria y urgente transformación.

Solis, que caló desde el primer momento la hondura del problema, quiso conocer las posibilidades, lo que se había hecho para que un proyecto de tanta trascendencia económica y social pueda ser convertido en venturosa realidad.

Y ¡ya lo creo que se enteró!, Porque, la gente no se anduvo con rodeos para decir las cosas. Asl pudimos escuchar de labioa le personas que tienen motivos para saberlo que existe un viejo proyecto, el del pantano de La Mata, con el que podrían ser puestas en riego buena parte de esas 48.000 hectáreas que aguarían la fecundación del agua. Un pantano que estaría situado en la desembocadura del río—caso único en el mundo—, aprovechando el accidente geográfico le una laguna, y en el que se recogerían las aguas procedentes ie avenidas, evitando que fueran EI verter estérilmente en el mar. Pero la lasnim en cuestión está siendo utilizada ñor una compañía salinera y al proyecto del pantano hace catorce años que se le ponen trabas y peros, que se obstaculiza de mil maneras, lográndose así que, incomprensiblemente contra el interés dé muchos prevalezcan los intereses puramente particulares de una empresa, por muy respetables que éstos puedan ser. Y los 120 millones de metros cübicos de agua que el suspirado pantano podría embalsar sieuen yendo a la mar, sin provecho.

El ministro escuchó con interés. Podía adivinarse la extrañeza que le producía el conocimiento de este anómalo estado de cosas. Prometió que daría ¿acata al gobierno de estos sentimientos de inquietud de los agricultores de Cartagena, pues sé trata de un problema de acusada faceta social y no hay razón, por lo tanto, para que ninguna clase do interés pueda paralizar un proyecto en el que ya se habían empezado los trabajos y en el que tantas ilusiones se han depositado.

Otros muchos problemas le fueron planteados por los representantes sindicales al ministro. Problemas referidos a la formación profesional—falla aquí, mano de obra especializada, sobre todo en las actividades de la construcción y metal—, a la seguridad social, a las prestaciones sanitarias del Seguro Obligatorio de Enfermedad, a salarios y precios, a créditos para renovación de maquinaria y utillaje para la industria y a elecciones.

Solís tomó nota de todas las aspiraciones que le fueron expuestas, prometiendo atenderlas. Y refiriéndose al tema de las elecciones, destacó, una vez más, la responsabilidad de elegir al mejor hombre para cada puesto. En una sola tarde el ministro tuvo ocasión de conocer dos Cartagenas: la industrial, la que se expansiona, ía que va hacia arriba, y la campesina, la de la agricultura empobrecida, te. de; la tierra que clama por el agua porque sabe que con ella, al amparo de su privilegiado clima, multiplicará por muchos cientos su fertilidad y podría alzarse hasta la misma altura de prosperidad y riqueza de la obra. Una Cartagena que se resiste encarnizadamente a consumirse en la miseria.

 

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