Autor: Diego, Enrique de. 
   La desmitificación del PCE o una dimisión tardía     
 
 ABC.    31/12/1982.  Página: VI. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

RESUMEN FIN DE AÑO

VIERNES 31-12-82

La desmitificación del PCE o una dimisión tardía

Un Sábado Santo «rojo» Adolfo Suárez legalizaba el PCE, Santiago Carrillo abandonaba su peluca y los

militantes, las catacumbas... Uno de tos argumentos utilizados para convencer a los recalcitrantes fue:

ahora se verá que no son tan representativos. Unos años antes las paredes de Madrid aparecían con

pintadas con el «slogan»: «La Universidad, bunker marxista.» En las primeras elecciones, el PCE podía

lucir en uno de los programas televisivos de propaganda a toda una serie estelar de artistas. El PCE salía a

Ia transición con el activo de la clandestinidad, bajo la doble aureola de ser el partido de los Intelectuales

y de los artistas, tanto como de los proletarios. El eurocomunismo mal digerido intelectualmente de

Carrillo parecía atisbar un bello futuro político.

Cuando termina 1982, el panorama ha cambiado de sentido. Los gritos de «Así se ve la fuerza del PCE»

han ido balando de tono, hasta perder un millón de gargantas electorales y quedarse en cuatro voces

parlamentarias. Un descenso vertiginoso, en medio de la desmitificación. Pase que se fueran -en una de

las múltiples crisis- los prosoviéticos o que los arrumacos cristianos perdieran imagen con el

radicalizado y huido «cura» Paco; pase la grave crisis del PSUC con sangría de militantes hacia el nuevo

PCC de los antiguos «afganos»; pase la ruptura con el nuevo comunismo vasco de Lertxundi o la escalada

de expulsiones en el Ayuntamiento de Madrid; pase la marcha de Francisco Cabral -líder del campo

gaditano- hacia el PSOE; pase la marcha de CC OO y Marcelino Camacho hacia posiciones de mayor

independencia, pero lo peor no es eso.

Lo peor es que en estos años los comunistas han perdido contacto con la sociedad, a sus intelectuales y a

sus artistas, y en medio de los vapuleos electorales ha sufrido una fuerte desmitificación y ha pasado de

ser «el» partido a un partido más y pequeñito. Lo que mantuvo unido la clandestinidad no lo pudo

mantener la libertad, con una situación interna en el partido en el que la «gerontocracia» no fue arrinconada a

tiempo. Ramón Tamames, Carlos Alonso Zaldívar, José María Mohedano, Eugenio Triana, Manuel

Azcárate, Ana Belén, Víctor Manuel, Juan Diego, Rosa León... y una larga lista de profesionales,

intelectuales y artistas.

Que algo pasaba se venía notando desde hacia tiempo, pero el primer aldabonazo sonó fuerte en las

elecciones andaluzas: ciento cincuenta mil votos menos. Las nubes se concentraron en borrasca: en julio,

Marcelino Camacho y Nicolás Sartorius, el «delfín», el mirlo blanco -noble a lo Berlinguer- de los

renovadores, ponían a Carrillo entre la espada y la pared, dimitiendo y pidiendo mayor autocrítica...

Carrillo amago el golpe, hizo una tinta y golpeó más fuerte: la convocatoria de elecciones generales

solaparon la crisis y Carrillo salió tocado pero triunfador. Las generales fueron inmisericordes: un millón

de votos trasvasados al PSOE, como se han trasvasado también algunos de esos profesionales y

universitarios. La dimisión de Carrillo -ya insostenible- llegó demasiado tarde; debía haberse

producido por la misma etapa histórica en que Felipe González y Guerra desbancaban a la vieja guardia

de Rodolfo Llopis.

Carrillo llegó con el «Eurocomunismo y Estado», y los jóvenes del «interior» vieron en él el estandarte de

una democratización tanto exterior como interna. Carrillo se encontró un partido gremial, muy

introducido en la sociedad, en el que uno se afiliaba a una agrupación profesional y rompió el sistema

para territorializarlo; mientras llevaba sensatamente al partido por las aguas de la transición,

internamente burocratizaba un aparato desligado de los militantes. La dirección se fue alejando del partido y el

partido de la sociedad, a la vez que el eurocomunismo convivía con el «centralismo democrático», y tenía

qué competir con un PSOE que inundaba todos los espacios electorales y daba internamente lo que el

PCE sólo prometía.

Y Gerardín cogió su fusil... asturiano, buen organizador, comunista por tradición familiar, con el halo de

mantener al partido en su tierra, en medio del desastre y el naufragio general. Fiel siempre a Carrillo, sin

duda no es un nombre de paja, aunque no llegara a reformar el grupo parlamentario que seguirá dando la

imagen de la historia. Gerardo Iglesias quiere poner a todos a trabajar -no sólo el voto- para volver al

partido gremial, introducido en el tejido social y en los movimientos de masas... Ya que la política no es

generosa hay que acudir a la llamada de la sociedad. Cambios en nombres y en personas, en métodos,

dentro de la línea utilizada por el partido en su dorada época clandestina. Lo único es que lo que pudo ser

«renovación» es ahora «reconstrucción», y muchos cordones umbilicales de contacto social (Universidad,

cultura) se han roto. Ahora queda por ver si existe espacio ideológico y espacio político. Gerardo vuelve a

utilizar reiteradamente el concepto «Izquierda marxista» para diferenciarse del PSOE; más difícil va a ser

el espacio político: sólo una extraña mezcla de colaboración-competencia, colaboración-oposición, cariño

y deseos de fracaso puede hacer que el PCE recupere los votos que ahora pastan en prados ajenos. ¿Tiene

sentido el eurocomunismo junto al PSOE? O ¿estará condenado a morir de inanición a su sombra?

-E. de D.

Claves del 83

El momento cumbre del PCE será el Congreso previsto para finales de año, en el que saltará más

decididamente el debate sobre el espacio político. Las elecciones municipales presentan antes un «test»en

el que la tendencia a la baja se puede mantener.

Mientras tanto, la gran tarea de Gerardo Iglesias será desburocratizar el partido y rejuvenecer la cúpula,

cuestión que le puede crear mayores tensiones internas.

 

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