El Reglamento del Consejo Nacional, aprobado     
 
 Informaciones.    27/07/1968.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

REGLAMENTO DEL CONSEJO NACIONAL APROBADO

HA quedado aprobado, con nueve votos en contra, el reglamento del Consejo Nacional del Movimiento, que en la mañana de hoy ha sido sometido a la consideración de ios miembros del Consejo en una sesión plenaria celebrada en la sede del antiguo Palacio del Senado. La ponencia y el Gobierno aceptaron en última instancia la enmienda que había sido propuesta por varios consejeros nacionales, en el sentido de reducir de un tercio de la Cámara a un octavo el número de consejeros necesarios para la formulación de las peticiones previstas en este mismo reglamento.

A las diez y veinte minu tos de la mañana, el secretario general del Movimiento y vicepresidente del Consejo Nacional, don José Solís Buiz, abrió la reunión del Consejo Nacional del Movimiento. En el Banco Azul del Gobierno se encontraban el vicepresidente del mismo y los ministros de Justicia, Marina, Gobernación, Obras Públicas, Industria, Información y Turismo y Consejo. Hizo uso de la palabra arrollo.

En la sala habia en total 69 consejeros nacionales. Después de someterse a la aprobación —que resultó favorable— el acta de la sesión anterior, se pasó al estudio del proyecto de reglamento del Consejo. Hizo uso de la palabra en primer lugar el ponente encargado de informar el mismo, don Torcuato Fernández Miranda, quien hizo una exposición de los preceptos contenidos en este texto legal, que una vez aprobado será elevado a la sanción definitiva del Jefe nacional del Movimiento.

Seguidamente y dentro ya del tumo de oradores, ed señor Labardíe Otermín defendió una enmienda en la que proponía la creación de un artículo, 38 bis, en el que tendría cabida la reproducción textual del articulo 39 de la Ley Orgánica del Estado. El sentido de esta innovación consistía en la creación de unas comisiones que orientaran y fundamentalmente controlasen la labor del secretario general desde el seno del mismo Consejo, supeditándola, por tanto, a este organismo colegiado. Estableció también el señor Labardíe Otermín que la composición de funcionarios y número de estas comisiones se fijaría oportunamente a tenor del articulado.

El consejero nacional, señor Monica Plaza, pidió modificar la redacción del artículo 46, con objeto de amparar las prerrogativas y funciones de la mujer dentro del Movimiento.

NO ES SERIO

El señor Pedrosa Latas tuvo una intervención breve, pero enfocada al meollo del problema. Después de anunciar que su voto sería favorable a la redacción del Reglamento estableció claramente que, a su, juicio, el procedimiento seguido para la elaboración del mismo no le parecía serio ni a tenor con la seriedad de esta Cámara Como defectos fundamentales en el proceso seguido hasta la redacción definitiva de este texto estableció lo que llegó a calificar de «prisas extemporáneas, recelos Infundados y modificaciones no justificadas en su casi última etapa». Apuntó, asimismo, con carácter de incongruencia el que se liberara a los "ministros de determinadas obligaciones de información a la Cámara y que se les conceda, en cambio, más facultades y atenctón en el seno de este organismo que a los propios consejeros. «Esto no es un Reglamento de ministros.» Señaló por últi mo que este proceso de elaboracion había dado la sensación de un regateo entre el Gobierno y ei secretario general que sobre cuestiones

legalistas había dado lugar a un enfrentamientó de competencias. Carmona.

¿REGRESIVO?

El conjero nacional por Avila, don Emilio Romero Gómez, director dei diario «Pueblo», apuntó que este Reglamento era más regresivo que alguno de los preceptos fundamentales en los que se hallaba basado.

Pidió una nueva corriente de la opinión en el seno del Consejo, en función del contraste de pareceres consagrado, e insistió en la necesidad de acceder a una mayor información en las actividades desarrolladas en el seno del Consejo, con objeto de mantener informada a la opinión pública. Y apuntó, asimismo dos peticiones concretas: que se estableciera la facultad de pedir información y explicaciones al Gobierno, en los plazos y dentro de los márgenes que se considerasen necesarios, y que se modificara el articulo 46 en el sentido de que fueran 25 —y no 38-el número dé consejeros necesarios para la procedencia de las peticiones que se elevaran al Consejo.

El consejero nacional señor Ortí Bordas abrigó temores ante el hecho de que la Cámara pudiera quedar capitidisminuida en función de los preceptos contenidos en el presente Reglamento. Hizo hincapié en la reforma de los artículos 46 y 47, en el mismo sentido que había sido expresado ya por don Emilio Romero. Manifesto también, en apoyo de su tesis, que una Cámara política secreta es incapaz de suscitar la atención del país. Y pidió un Reglamento «menos precautorio y más ancho y abierto». También se mostró favorable a la publicidad de las deliberaciones del Consejo, tanto en sus comisiones como a nivel de Pleno, el consejero nacional señor Fernández Sorda

El señor Fernandez Sordo concluyó: «No concibo cómo un Consejo abierto a todos los españoles puede comenzar por cerrarse a los medios de comunicación.»

HABLA LA PONENCIA

El señor Fernández Miranda, ponente del reglamento, hizo —por último— uso de la palabra para rebatir la mayor parte de los argumentos que habían sido expuestos por los consejeros enmendantes. «Las comisiones propuestas por Labardíe Otermín y Ortí Bordas —afirmó--equivaldrian a un "Gobierno de Asamblea" de la Secretaría General.» Y su Gobierno, de acuerdo con nuestra legisación fundamental, corresponde a la Jefatura Nacional, quedando la ejecución para la Secretaría Nacional, y fuera —por tanto— de la competencia de este Consejo. Se mostró asimismo adverso a la facultad de amcomisario del Plan de Dessejo, ya que, a su juicio, el derecho reservado a poder declarar como públicas las sesiones del Pleno era suficiente, dado el carácter deliberativo-político, y no legislativo, de esta Cámara Y aceptó qus la facultad de presentación de las proposiciones de los consejeros vinieran subrayadas por un quinto de la Cámara —y no por un tercio—, de acuerdo con las enmiendas defendidas por los señores Ortí Bordas v Romero Gómez

La presidencia de la Cámara, al amparo de los puntos reglamentarios vigentes, declaró como suficientemente debatido el Reglamento y lo sometió a la votación de ¿os consejeros nación ales presentes en el Pleno. El resultado fue de nueve votos en contra del Reglamento —entre ellos los de los señores Labadíe Otermín, Ortí Bordas y señorita Monica Ulaza—, por lo que éste quedó automáticamente aprobado

 

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