Autor: A. A. G. . 
 Del último Gobierno centrista al primer Gabinete socialista. 
 Calvo-Sotelo o el drama de un Ejecutivo sin partido     
 
 ABC.    31/12/1982.  Página: VIII. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

RESUMEN FIN DE ANO

VIERNES 31 -12-82

Calvo-Sotelo o el drama de un Ejecutivo sin partido

De un partido a otro. Da UCD al PSOE como titulares del Ejecutivo. En ese marco, aparte ahora otras

circunstancias o condicionamientos, se ha debatido al año que hoy termina. Hay quien dice, y

probablemente la Historia les dé la razón, que en 1982 ha sido cuando realmente ha concluido la

transición política en España. Fue con al trasvase -ejemplar ejercicio democrático- del último papel

oficial de la Administración Calvo-Sotelo a la Administración González.

La peripecia del Gobierno Calvo-Soteto durante el año estuvo asignada por la voluntad presidencial de

agotar la legislatura, empeño en el que puso su afán el titular del Ejecutivo, y la realidad partidaria y

parlamentaría que, a la postre, haría inviable el propósito. Tomado entre el fuego cruzado de un partido

cuyo desmembramiento fue noticia permanente y de una composición del arco parlamentario de intereses

fuertemente encontrados, el margen de maniobra del Gabinete fue paulatinamente acortándose hasta

llegar a una práctica paralización.

A la «concertación» pactada con al PSOE para la construcción del Estado de las Autonomías,

«concertación», que no significó para el Gobierno una garantía de apoyo permanente por parte del primer

partido de la oposición, se opusieron las tesis da los grupos nacionalistas e incluso eí ejercicio opositor

del entonces pequeño grupo de Alianza Popular. El drama parlamentario del Gobierno estuvo en la

necesidad de tener que contar alternativamente con los votos de las minorías o de la oposición socialista

para sacar adelante sus proyectos de ley.

El efecto desestabiltzador que el partido realizó sobre el Gobierno al que en teoría debía de mantener no

disminuyó ni con el acceso a la Presidencia de UCD de Calvo-Sotelo. ni con su relevo de última hora por

Landelino Lavilla. Ni uno ni otro llegaron nunca a controlar el colectivo centrista agrupado, que no unido,

bajo las siglas del «donuts». De esa incapacidad centrista para consolidarse como partido se resintió el

Gobierno. Calvo-Sotelo, asistido por un escueto «staff» como reacción a la más amplia «fontanería» de

los tiempos de Suárez, puso todo su empeño en cumplir las promesas contenidas en su discurso de

investidura.

Andalucía fue el primer indicativo da que el nivel de aceptación del Gabinete estaba bajo mínimos. A

pesar del desembarco ministerial en la región durante la campaña electoral, a pesar de las decisiones

favorecedoras para esa tierra, a pesar del propio trabajo de Calvo-Sotelo en una actividad mitinera que no

le va a su carácter, UCD fue literalmente barrida del mapa politico andaluz, donde la victoria socialista

fue muy superior a la prevista.

La situación quizá habría sido distinta si el Gobierno no se hubiese empeñado en el intento casi

desesperado de agotar la legislatura. Hubo un momento, a raíz de la liberación del doctor iglesias Puga y

del industrial Lipperheide, en el que las encuestas de opinión daban unas mejores perspectivas al partido

centrista en caso de que se convocasen elecciones anticipadas. La posibilidad fue estudiada y en

contra de la opinión de Juan José Rosón, el único ministro cuya imagen de eficacia ha resistido

prácticamente hasta el final, se adoptó el acuerdo de continuar adelante.

No fue posible. No todo, sin embargo, hay que apuntarlo en el «debe». La «concertación» autonómica y

su posterior desarrollo fueron, a pesar de las críticas nacionalistas, el intento más serio de ordenar un

proceso hasta el momento escasamente pensado; la forma con la que el Gobierno enfocó el escollo de los

juicios a los militares implicados en el intento de golpe de Estado de 1981 y el posterior recurso ante

algunas de las sentencias dio medida de la firmeza ante aquellos hechos del Gabinete; como la dio la

decisión de llevar a España hasta la OTAN aun a riesgo de tener que afrontar, como así fue, una oposición

socialista y comunista áspera. Menos fortuna hubo en materia económica. El impulso gubernamental a la

firma del Acuerdo Nacional de Empleo no hizo que éste fuera más eficaz, por causas tanto internas como

externas derivadas las últimas de un contexto económico mundial en crisis. Desde la perspectiva de la

política exterior el balance tampoco es excesivamente halagüeño. Sobre el escaso resultado obtenido por

Pérez Llorca en su gestión al frente de la diplomada española, un desafortunado comentario referido a Las

Malvinas y su comparación con Gibraltar; «Es un caso distinto y distante», enajenó a Calvo-Sotelo las

críticas del continente hispanoamericano.

Después, la constatación de que el viejo proyecto de concluir la legislatura era absolutamente inviable, el

rompimiento definitivo de UCD con la salida de su antecesor en el cargo, llevó a Calvo-Sotelo a disolver

las Cámaras mientras los españoles llenaban las playas al calor de agosto. Después, nada.-A. A. G.

 

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