Un paso adelante del Consejo Nacional     
 
 ABC.    25/04/1964.  Página: 56. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

UN PASO ADELANTE DEL CONSEJO NACIONAL

En respuesta a las sugerencias del IX Consejo Nacional, el Jefe del Estado ha convocado elecciones para "reforzar el carácter representativo del órgano consultivo del Movimiento", siguiendo con. esto una evolución que constituye un deseo general. Aumentar la representatividad de las instituciones o de los órganos de consulta en cualquiera de los órdenes políticos de la nación es algo que alegrará siempre al pueblo español, deseoso de perfeccionar ese proceso constituyente que los veinticinco años de paz no han terminado de c«rrar, obedeciendo al criterio de constitución abierta que ha presidido la orientación política del país desde el 18 de julio de 1936.

Pero es evidente que una constitución abierta debe buscar en su progresivo perfeccionamiento la razón de su existencia, sin inmovilizar en un punto determinado de su proceso ese movimiento de creciente representatividad, al margen del cual no existen a la larga instituciones auténticas. Una constitución abierta debe adaptar su forma jurídica a las necesidades cambiantes de cada momento, y cualquier español sabe que venturosamente las condiciones de la España de 1964 son, por ventura, muy diferentes a las que presidieron los años difíciles de la guerra. Los veinticinco años de paz no pueden ser un simple balance estático, vuelto hacia el pasado, sino una exigencia para prolongar esa paz en nuevas instituciones a la altura del nuevo y esperanzador tiempo que viene.

El Consejo Nacional, cuyos reglamentos y motivaciones originales habían quedado como sus propios miembros reconocieron en la última reunión—desfasados con nuestras realidades políticas contemporáneas—, tenía que encontrar una nueva fórmula más acorde con el año en que vivimos. Este cambio se inscribe así en la línea dinámica de agilidad que reclama la realidad cotidiana de la Patria. Las nostalgias no deben jamás confundirse en política con las fidelidades, y es evidente que los principios" del Movimiento quedarán servidos con mucha más eñcacia dentro de unas organizaciones representativas donde el miembro activo exponga con toda libertad sus opiniones y designe a sus representantes que en el interior de unas estructuras rígidas y obedientes a otras circunstancias totalmente superadas.

Lo que parece más importante y renovador en el Decreto es la inclusión de las Asociaciones Familiares como círculo electoral, para la designación de representantes al Consejo, como uno de los cauces naturales de la democracia orgánica elegida por los españoles para construir su futuro que sólo puede resultar auténtico si el diálogo entre todos se realiza sobre formas auténticas de representación.

La reforma en la composición y en el origen de los futuros consejeros nacionales, ampliando su base electoral, es una buena noticia para cualquier español que dentro del cuadro muy amplio de los principios del Movimiento pretende preservar su originalidad de pensamiento y el ejercicio fecundo de su libertad. Y aquí llegamos a la palabra clave.

Un pensador político eminente que guarda junto con la fidelidad a sus propios ideales un equilibrado criterio de objetividad analítica—y nos referirnos al profesor Maurice Duverger—, ha dicho algo muy claro: "Los sistemas electorales pueden variar lo mismo que el número y la estructura de las asambleas elegidas y sus relaciones con el ejecutivo, pero donde hay elecciones libres y sinceras, hay democracia."

Vale la cita para señalar lo que nos parece el meotia de la cuestión. La democracia puede ser orgánica, como hemos decidido en España que sea, o inorgánica, como en otros países han preferido; el voto puede se_r individual o corporativo, directo o indirecto, universal o restringido... Hay muchas fórmulas de democracia, todas ellas igualmente respetables en teoría, aunque diferentemente oportunas para cada país y cada circunstancia de ese país. Pero tiene que ser obligatoriamente sincera. Si a determinada altura del siglo XX la democracia inorgánica instrumenta en los partidos políticos, parece una fórmula incompatible con la complejidad de la moderna sociedad tecnológica donde vivimos y, desde luego, incompatible con la realidad presente de España, ,1a solución no consistirá nunca en suprimir la democracia, sino en encontrar la fórmula más acorde con nuestro tiempo y servirla—y esto es lo esencial—honestamente. La alternativa al fracaso de la democracia inorgánica no es la dictadura, sino otro tipo de democracia que haga posible la representación. Que el Consejo nacional adopte una nueva fórmula de constitución más representativa, tiene que ser una buena noticia para toda la nación. Que el tiempo que pasa obliga a una evolución de nuestras estructuras, una pura evidencia al alcance de cualquier español. Porque queremos que los veinticinco años de paz se prolonguen, queremos también que un sistema electivo sinceramente establecido vaya completando los instrumentos a través de los cuales podrá establecerse ese diálogo entre el pueblo y el Estado, cuya continuación y vivacidad es la única garantía de una buena salud política.

 

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