Autor: M. B.. 
 Del último gobierno centrista al primer gobierno socialista. 
 Felipe González, un Gabinete presidencialista con Guerra al fondo     
 
 ABC.    31/12/1982.  Página: IX. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

VIERNES 31-12-82

RESUMEN FIN DE AÑO

primer Gabinete socialista

Felipe González, un Gabinete presidencialista con Guerra al fondo

Felipe González y sus ministros andan todavía -a un mes escaso del aterrizaje- acogidos a la protectora

cuarentena que los ciudadanos de buena voluntad conceden a los recién llegados. mientras las ven venir.

El nuevo presidente, Investido el dia 2 de diciembre con una confortable capa parlamentarla de dos

centenas de diputados, hizo su Gabinete con más prisas que pausas, con mucho silencio y sin dar tres

cuartos al pregonero.

El preestreno, no tan exclusivo porque las noticias vuelan, estuvo amenizado, sin embargo, por el

recalcitrante suspense de Alfonso Guerra, que en el hamletiano trance de ser o no ser vicepresidente tal

parecía que anduviera no ya deshojando la improbable margarita, sino todos y cada uno de los árboles del

sevillano parque de Maria Luisa, en arrasadora connivencia con la fría otoñada.

Al fin triunfó el criterio felipista y Alfonso vino, vio y se puso, con el ahínco habitual, a hacer el

«supergobierno» de la Moncloa. En las escasas pero sustanciosas innovaciones que los socialistas han

introducido en la tradicional estructura del Gabinete centrista se puede apreciar ya la fina caligrafía

organizativa del vicesecretario general, trasplantado a vicepresidente. (De manera que el Poder,

doblemente, va y viene por sus manos de director de escena.) Los recién llegados no se han atrevido a

remover los organigramas heredados y apenas han refundido un par de Ministerios (Hacienda con

Economia y Comercio). A beneficio del inventario queda de momento la vieja idea de una remodelación

drástica de Ministerios para hacer un reducido equipo de «superministros» en la cúspide que coordinase

grandes áreas, dejando a «ejecutivos» de menor rango las labores propias de departamentos más o menos

convencionales. Pero Felipe González -y sobre todo Guerra:- creen a pie juntillas en las estructuras

piramidales, de modo que han hecho un Gabinete presidencialista, reforzando con mano generosa el

«entourage» de la Moncloa: tres Secretarías de Estado, tres Subsecretarías, diecinueve Direcciones

Generales y cuarenta Subdirecciones Generales. Toda una lección de fontaneria.

Alfonso Guerra hizo ya una «superejecutiva» en su partido, porque hay que estar juntos pero no revueltos,

sino en orden y concierto, y ha fomentado ahora la imagen de una Presidencia fuerte y acumulativamente

arropada. Es el sucedáneo de la primitiva idea socialista y por ello la sombra de un Gabinete paralelo que

dejaría a la mayoría de los dieciséis ministros del Gabinete real convertidos en consejeros delegados en

sus respectivas demarcaciones para resolver cuestiones domésticas y ejecutar las ideas de la Moncloa,

pasadas por el implacable tamiz de Alfonso Guerra, es más que un fantasma: es una posibilidad de

coherencia y operatividad, que puede ser, sin embargo, el principio de la descomposición.

Hemos mentado la causa y deberemos hablar de los primeros efectos. La base de la oferta socialista, la

voz diferenciada respecto a la entonces naufragante UCD, era sus propósitos y sus deseos de gobernar. Y

no otro era el mensaje que la gran mayoría de la sociedad española -por encima del color del arco Iris

con el que se mira la cosa política- venta segregando de manera harto perceptible en los últimos años.

Felipe González cogió la onda y, dado que cuenta con un respaldo históricamente insólito, se ha puesto

manos a la obra. Los primeros indicios hablan de que se está cumpliendo, al menos por el momento, el

propósito de tomar decisiones. Las fulminantes medidas sobre la devaluación de la peseta y la galopante

subida de precios a partir de la revalorización de los productos petrolíferos han superado la difícil apuesta

a la impopularidad.M. B.

Claves del 83

Muchos palillos le faltan aún que tocar a Felipe González y su Gobierno, tanto en ei frente de la crisis

económtca como en el de la modernización del Estado, los dos ejes básicos de su programa. El todavía

misterioso mosaico de los Presupuestos Generales, cuya orientación se conocerá a primeros de año,

deparará algunas claves sobre la futura actuación socialista. Luego vendrá la ley de Incompatibilidades, la

negociación de los temas de Estado (y sobre todo el autonómico). Retos sin fin. Justo y necesario es que

Felipe González cumpla sus promesas y gobierne. Necesario y conveniente que lo haga bien. Aunque esa

ya es otra historia.

 

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