Autor: Villar Arregui, Manuel. 
   Paradojas políticas     
 
 Ya.    15/06/1967.  Página: 7, 9. Páginas: 2. Párrafos: 12. 

Paradojas políticas

Por Manuel VILLAR ARREGUI

LA Comisión de Leyes Fundamentales de las Cortes ha terminado su dictamen sobre el proyecto de ley Orgánica del Movimiento. En los últimos días, las voces vivas de los debates iniciales se han tornado en rumores. Ya no se discutían conceptos, sino matices. La suerte está echada. La ley se llama Orgánica porque organiza el Movimiento; la ley es el estatuto de la persona jurídica de base asociativa, constituida actualmente por los militantes y adheridos.

Dos son, por consiguiente, las acepciones legales que en el futuro han de tener la palabra Movimiento. En primer lugar, "servirá para expresar la adhesión de los españoles al inventario de lo que Hauriou llama "creencias constitucionales", conteñidas en la ley de 17 de mayo de 1958. Pero designará también a una organización activa y definida por el carácter voluntario de la adscripción de aus miembros.

En las doce declaraciones contenidas en la ley de Principios del Movimiento Nacional cabe distinguir tres grupos. Estarla constituido el. primero por las ideas o creencias que pertenecen al patrimonio común de la civilización occidental. Tales son, por ejemplo, las declaraciones de los derechos individuales o personales proclamados en el principio IX o la concepción del Estado Nacional a que responden los principios IV y, en parte, el VII, o la enunciación de los fines propuestos a la acción del Estado a que se refiere el principio XII. Integran el grupo segundo otros principios, como el I y el III, que resultan inherentes a la realidad histórica que es España, "raíz dé una gran familia de pueblos". El tercer grupo contiene declaraciones específicas que, por serlo, contribuyen decisivamente a precisar el perfil concreto con que el Movimiento Nacional configura nuestra comunidad política. A él pertenecen las declaraciones formuladas en el principio II, en el segundo inciso del principio VII y en los principios VI y VIII. Tres son los rasgos peculiares con que las declaraciones de este último grupo distinguen al Estado español, fundado sobre las ideas y creencias de la ley de 1958, "que son por su propia naturaleza permanentes e inalterables".

LA nación española—proclama el principio II—considera como timbre de honor el acatamiento a la ley de Dios, según doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, única verdadera y fe inseparable de la conciencia nacional, que inspirará su legislación." ¿Hemos reparado en la hondura del compromiso que este principio entraña? No se trata de recibir, como derecho patrio, al derecho canónico, sino d« algo mucho más profundo y radical. El principio dice que la doctrina de la Iglesia informará nuestra legislación. El tema ofrece campo para una meditación sosegada. Doctrina de la Iglesia es, por sólo citar documentos recientes, la contenida en las encíclicas pontificas "Facera in terris" y "Populorum progressio", la constitución conciliar "Gaudium et spes", cuyo capítulo IV de su segunda parte, "la vida en la comunidad, política", formula directrices particularmente atenidas a los problemas que ahora se debaten en las Cortes y doctrina de la Iglesia, dirigida a España, es la carta enviada por la Santa Sede a la Semana Social que acaba de celebrarse en Málaga.

Resulta por eso paradójica la declaración de cierto procurador, ampliamente difundida por la llamada prensa del Movimiento. He aquí la historia: la Comisión de Leyes Fundamentales casi ha empalmado la aprobación del dictamen sobre el proyecto de ley de libertad religiosa con las deliberaciones acerca del proyecto de ley Orgánica del Movimiento. En el curso del debato sobre la primera de ambas se invocó la autoridad del Concilio; pero al iniciarse el estudio todavía en curso algún procurador afirmó: "Ahora, el Concilio somos nosotros." ¿No se trata de organizar una asociación diferenciada por el expreso servicio, entre otros, a un principio que declara a la doctrina de la Iglesia inspiradora de la legislación de nuestra comunidad política?

LA forma política del Estado nacional es la monarquía tradicional, católica, social y representativa. Así puede resumirse el segundo inciso del principio VII. Por eso, me parece que perfila otro rasgo de los tres con que el Movimiento concreta la faz de nuestro Estado. La necesaria fidelidad a este principio excluye, por lo pronto, la opción por la República como forma de gobierno. He aquí una nueva paradoja.

¿Hará falta insistir en que la llamada prensa del Movimiento no se caracteriza precisamente por alentar en la opinión un clima favorable a la Monarquía? Quienes conozcan el espíritu en que, durante lustros, han sido formados 109 muchachos españoles habrán de convenir en que sus consignas no han sido propicias para crear en los Jóvenes conciencia de que viven en un reino.

LOS principios VI y VII establecen que el carácter representativo del orden político es el fundamento de nuestras Instituciones públicas y que la participación del pueblo en el poder se canalizará

por conducto de las entidades naturales de la vida social, que son la familia, el municipio y el sindicato. Dos son, en consecuencia, las afirmaciones en que se descompone. La primera, de carácter sustantivo, supone que la legitimidad del Gobierno se basa en la representación, y la segunda, de carácter adjetivo o procesal, concreta el modo en que deberá actuarse la participación del pueblo.

Asi, pues, los principios del Movimiento, de natauraleza específicamente política, se resumen en tres: el reconocimiento de la doctrina de la Iglesia como fuente de inspiración de la legislación patria, la proclamación de la Monarquía como forma de gobierno y la afirmación de la "legitimidad representativa" del orden político, que se actuará mediante la participación orgánica del pueblo.

Es inútil buscar en los estatutos que aprobó el decreto de 31 de julio de 1939, cuyo texto pacte de una concepción política ajena al orden público representativo. De raíz antañona es sólo la fórmula orgánica admitida por la ley de principios para viabilizar la participación del pueblo en el poder; pero famlia, municipio y sindicato, en la ley de principios, son medios adjetivos al servicio de una idea básica: el carácter represen tativo del orden público, que responde a una concepción democrática del Estado.

LA Comisión de Leyes Fundamentales de las Cortes ha querido que ios principios del Movimiento Nacional encarnen en una asociación política. ¿Cuál es, desde un punto de vista jurídico y formal, el sentido de esta organización? No puede ser otro que el de asociar a los españoles que prestan voluntariamente su cooperación personal al despliegue histórico de los principios, ofreciendo opciones concretas para, su desarrollo. Los caracteres del sistema son inalterables y sólo dentro de su estricto acatamiento tendrá cabida la diversidad de pareceres.

Por todo ello, la nueva ley entrañará una gran paradoja. El Movimiento como asociación sigue siendo lo que era. Sus actuales consejos locales y provinciales, si no representativo», son pieza clave para la próxima-elección de los miembrca del Consejo Nacional El Consejo Nacional, así nombrado, delineará los cambios en la estructura de la organización. ¿Responde este mecanismo a una voluntad .de evolución? Las leyes históricas se cumplen siempre, porque su mandato prevalece sobre las ordenaciones escritas; Tal vez paradójicamente la evolución está en marcha.

 

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