Autor: P. U.. 
   Las águilas del 23-F intentan el golpe de Marte     
 
 ABC.    31/12/1982.  Página: XI. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Las «águilas» del 23-F intentan el golpe de «Marte»

Después de un año de proceso indagatorio y tres meses de vista oral, la causa 2/81 venía a tener más

«taquigrafía» que «luz»: no sólo no había mostrado lo que había detrás de la rebelión militar y su o sus

conspiraciones, sino que había aguachinado, hasta el visto y no visto, las tintas de lo que había delante.

Pero el ánimo golpista seguía vivo. El intento 23-F trataba de renacer de sus propias cenizas. El teniente

coronel Tejero, en prisión, se erigía líder de un nuevo partido político, Solidaridad Nacional. Los jefes

militares Miláns del Bosch, Torres Rojas, San Martín, Pardo Zancada... también desde sus reclusiones,

inspiraban un «movimiento nacional» (MN) que debía estallar en golpe de Estado el 27 de octubre,

jornada de reflexión para las elecciones generales. Las detenciones de los coroneles Muñoz y Crespo

Cuspinera y del teniente coronel, hermano de este último, el 2 de octubre, a primera hora de la mañana,

desarbolaron la intentona, cuyo cuartel general de documentación, conspiración y recaudo de planes era

Azuqueca de Henares, entre Madrid y Guadalajara: lugar que si bien como mención trivial, ya había

aparecido a lo largo de la vista 2/81 como solar de residencia del capitán de navío Camilo Menéndez

Vives.

Se trataba de la «operación Marte». Desde hacía algunos meses, y acaso con la colaboración informativa

del comandante José Luís Cortina, procesado y absuelto por los hechos del 23-F, el CESID investigaba

movimientos, conversaciones y anomalías entre militares y civiles de ideología «ultra». El seguimiento

tenaz de ciertos «sospechosos» permitió incautar al coronel Muñoz quinientos folios, en los que se

exponía el «plan Madrid», inmediatamente fueron trasladados e incomunicados el teniente general Miláns

del Bosch, los coroneles San Martín y Manchado y el capitán Acera, condenados por la rebelión militar

del 23-F.

Al hilo de la indagación se sucedieron otras detenciones y traslados forzosos.

Los golpistas pensaban utilizar artillería contra los Palacios de Zarzuela y Moncloa, en caso de

resistencia. De los documentos se desprendía una clara voluntad de rebelión, con el objetivo final de

desmontar, por la fuerza, el vigente sistema democrático y sus instituciones. En primera instancia

pretendían «neutralizar» el mando militar, y, en acción simultánea o sucesiva, suplantar el Poder civil.

Actuarían en grupos organizados como «comandos de obediencia ciega», forma atípica en la milicia, que

hizo presumir el apoyo de civiles para llevar a cabo un conjunto de acciones que aislarían la ciudad de

Madrid, cerrándola con tres cinturones de tropas, impidiendo entradas o salidas, y ocuparían las sedes de

Capitanía, Gobierno Militar, Cuarteles Generales de los tres Ejércitos, Junta de Jefes de Estado Mayor,

jefaturas de las unidades operativas de la I Región Militar, sedes de los partidos, centrales sindicales,

Correos y Telégrafos, Telefónica, autobuses de la EMT, periódicos, emisoras de radio, TVE, etc. La

acción comenzaría antes de la ocho de la mañana del 27-O. Tomadas las posiciones clave,

«neutralizadas» las autoridades militares y civiles, incluyendo entre ellas, y a título eminente, al Rey y a

la Familia Real; y, «silenciados» los medios de comunicación, se declararía el estado de guerra,

asumiendo el mando para toda la nación un nuevo capitán general de Madrid.

La noticia del intento «Marte» produjo estupor e inquietud entre la ciudadanía civil española; indignación

y repulsa expresa, entre los militares, desde el generalato hasta la suboficialidad, que veían empañado de

nuevo el honor de sus uniformes y la misión constitucional de sus armas. Se abrió la investigación

judicial, que sigue en curso, en riguroso «top secret», sin filtraciones ni noticias. Todo hace suponer que

un «golpe» como éste, previsto sobre el papel con tan detallada precisión y ambiciosa magnitud, no podía

reducirse tan sólo a lo conocido: el «plan Madrid» y la acción conspiratoria de tres militares. En la

conciencia popular palpitan todavía serías dudas acerca de la identidad del «dramatis personae» que, en la

Regiones Militares periféricas y en las unidades operativas de la capital de España, debían entrar en

acción ese 27-O. Quizá una vez más «ubi corpus, ibi aquilae»; las grandes «águilas» prisioneras del 23-F

magnetizaban el flujo de voluntades golpistas dispuestas a... intentarlo de nuevo.—P. U.

Claves del 83

A lo largo del año deberán producirse dos hechos de singular relevancia: la fijación definitiva de las

sentencias correspondientes a la causa 2/81 y la información correspondiente a las investigaciones en

curso sobre la «operación Marte». En ambos casos, todo un «test».

 

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