Una campaña     
 
 Pueblo.    19/04/1967.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

PUEBLO

UNA CAMPAÑA

«A B C» está haciendo una verdadera c a m paña sobre el proyecto de ley del Movimiento y de su Consejo Nacional remitido por el Gobierno a las Cortes. Como diría un paisano sin preocupaciones políticas, el colega de la mañana tiene una verdadera «perra» por este asunto. Está empeñado en demostrar, a diario, que este proyecto de ley, elaborado por el Gobierno, está en contradicción con la Ley Orgánica, estudiada y deliberada igualmente por el Gobierno. A lo que parece, «A B C» ve en el proyecto mencionado lo que no han visto los ministros, ya que si alguno de los ministros hubieran advertido tal contradicción entre una y otra ley lo habría manifestado, porque siempre los ministros tienen a su alcance el ejercicio de un derecho de poco uso que nadie impide: el derecho de dimisión.

En cualquier caso, las mentes escrupulosas de «A B C», que están desnudando el proyecto de ley del Movimiento con verdadero erotismo doctrinal y jurídico, podrían tener alguna razón, pero sirva de esperanza al colega que la Comisión de Leyes Fundamentales de las Cortes tiene en su seno a muy célebres personalidades de la Iglesia, del Derecho Constitucional, de la Política y hasta de la Filosofía.

Muchos pareceres diferentes van a ver ese proyecto.

Podía reducirse a una sola suspicacia, y a un solo deseo, la campaña de «A B C». La suspicacia se refiere a que todo pueda seguir como está en Alcalá, 44 (sede del Movimiento) ; y el deseo es que esta ley se abra al pluralismo político. Manejar a estas alturas que Alcalá, 44 es una imagen de partido único o de monopolio político no se lo cree ni «A B C», aunque lo jure por todos los reyes de la Historia de España —por mencionar un juramento respetuoso y venerable para nuestro colega—. E] poder —o, por mejor decir, la influencia— está desconcentrada en varios grupos y en diferentes calles, y esa exigencia de no anticiparnos a lo que después dirá otro tiempo, impide deambular, de cara a los lectores, por una especie de callejero del poder o de la influencia, que ahora resultaría como una procacidad periodística —y nos colgarían por ello—, mientras que dentro de algunos años será mera Historia, y a su cronista lo harán académico y miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Respecto al pluralismo político, parece que está a la vista, y de lo que se trata es de hallar una fórmula que no nos haga regresar al pluripartidismo de la anteguerra, y que haga viable el pluralismo político actual de la sociedad española, bastante más artificial y débil que otros pluralismos sobre los que se pone menos interés. En España—no en los clubs intelectuales—hay menos deseos de discutir política, mente que económicamente o socialmente. Para tranquilidad de «A B C», parece que hasta el momento se han recibido más de 200 escritos de enmiendas al proyecto, y por lo que hemos podido conocer a través de nuestras relaciones particulares con los procuradores, no todas estas enmiendas van en la dirección postulada por «A B C», sino que se orientan por el camino contrario. Sepa nuestro colega que en este atractivo país nuestro, no vale solamente arañar y sale un liberal, sino que muchas de esas enmiendas son para cerrar todavía más el proyecto, echarle las fallebas y ponerle un cerrojo de largo y quejumbroso recorrido. Así es que de todo oiremos, porque si muchos españoles—entre los que nos contamos—piensan que hay que abrir ventanas, otros dicen que hay que cerrarlas, porque puede haber corriente, y a lo sumo, para no contentar a cada uno y moderar a todos, habrá que buscar una solución de entreabrir, que esto en el arte de la política es una definición.

Estamos completamente seguros—por otra parte— que no se puede congelar el pasado, y muchas veces, desde distintos ángulos, se hace una terca e inútil exhibición de reliquias. Todo sigue adelante y, a veces, la proximidad de los árboles no permite ver el bosque.

Las circunstancias de un país rebasan siempre los esquemas ideológicos de sus doctrinarios y, por supuesto, los legisladores y los estadistas no alineados han de pasar a veces de largo sobre las exclamaciones o las imprecaciones de los interesados mínimos. La política ya tiene de entrada una disposición impura y a su vez legítima: alcanzar el poder y, si se tiene, mantenerlo. Por eso las voces desde el poder, o desde fuera de él, son tan discordantes. ¿Qué ha hecho «A B C» cuando la autoridad respetada del general Franco ha orientado a los españoles por el sendero de la Monarquía, alejando, incluso en la Ley Orgánica del Estado, la proximidad de la Regencia, que lucía más espléndidamente en la ley de Sucesión de 1947? Pues «A B C» se ha callado como un muerto, porque la Monarquía para «A B C» es como la niña de sus ojos, y «A B C» sabe sobradamente que la Monarquía interesa a muy pocos españoles, es indiferente a los más y tiene la hostilidad de muchos. Sin embargo, ahí está la Monarquía, luciendo en el firmamento del futuro mientras que en Alcalá, 44 no han dicho esta boca, es mía. Y es que sin perjuicio de la estatura liberal que tienen los ilustres dueños de «A B C» —Juan Ignacio Lúca de Tena y sus hijos—, hay bastante menos capacidad de integración en Serrano, 61 que en Alcalá, 44. La tradición de la casa es algo inabordable para las incorporaciones políticas o intelectuales a nuestro colega, mientras que en Alcalá, 44 no ha habido tradición, sino actualidad, y así ha sido posible que un día estuviera poblada de camisas azules de todas las calidades, tejidos y procedencias y hayan tenido cargos en Alcalá, 44 personas que tenían a gala no ostentar ni camisas ni emblemas; han pasado por ella de la Falange a la oposición, de las tareas directivas a los Consejos privados de los pretendientes al Trono, de los círculos católicos de estudios a los cargos ministeriales. Alcalá, 44 ha sido como una gran aduana donde se estampillaba sin mirar apenas al interesado, aunque hubiera dentro purísimos y ortodoxos que hubieran querido saber de uno hasta la primera leche, pero era como un estamento de la nostalgia al viejo tiempo con más deseos —en algunos— de hablar de una revolución que de hacerla. Había, eso sí, como una cierta tradición de ministros secretarios generales que sonreían poco, pero en 1957 entró en aquella casa la sonrisa abierta y la fabulosa capacidad de asimilación de José Solís. La vieja severidad de los primeros años postmilitares cedió a los modos políticos más tradicionales. Ciertamente, quien no ha entrado allí en los últimos años no es porque aquello le pareciera, la impenetrable y adusta" casa de un grupo de monopolistas, sino porque los españoles o aspiramos a una fundación aparte o queremos desalojar de la vieja vivienda a todos los que están dentro.

Tenemos noticias que un subsecretario, procurador en Cortes de designación, ha presentado una enmienda prácticamente a la totalidad del proyecto. Esto nos parece de una extravagancia descomunal. Resulta que el Gobierno es el autor de este proyecto de ley, y un subsecretario está en desacuerdo total. En lógica política y parlamentaria usual han de ocurrir dos cosas: o renuncia a ser subsecretario, por no estar de acuerdo con el Gobierno, y entonces puede defender sus respetables opiniones en las Cortes, o retira la enmienda y simplemente habrá cometido un pecado venial de apresuramiento.

Pero ¿de qué clase es nuestro pluralismo político? No es de otro carácter que de club. Y, sin embargo, ¿quién tiene, con todos los defectos que se quieran o los anacronismos que se exhiban, todavía una realidad de organización de masas como sostén popular del Régimen? Nada más que Alcalá, 44. Medítese, por un momento, si desapareciera todo eso de un plumazo ¿qué nos quedaría del Régimen?: un Estado de Derecho, mediante una fronda legal. Y las fuerzas de orden público. Seguramente prosperará algune de las enmiendas destinadas a poner un plazo a la reforma de la organización del Movimiento., ¡Qué duda cabe que habrá de reformarse! Pues en este asunto —pensamos— hay una convocatoria abierta de opiniones y sugerencias. Lo que ahora se llaman fuerzas políticas que aspiran al reconocimiento son grupitos académicos, con periódico o sin él. Pero masas, lo que se dice masas, cero. No hay que estar muy avisado para saber, en medio de este desarbolado, de dónde aparecerían y para qué otras masas. Por eso los que hemos defendido la evolución del Régimen hacía la libertad, desde hace algunos años —que es la línea política de este periódico—penseamos que para obtener un orden político liberal, a la manera como exige nuestro tiempo, es necesario el máximo interés en que madure el Sindicalismo —las verdaderas fuerzas populares ordenadas— y en ofrecer un marco cauteloso actual, positivo y sincero a la concurrencia de criterios. Las frivolidades de los que se emborrachan con ideas en los respetables apartamentos para las teorizaciones políticas, o en las madrugadas de las redacciones, después resulta que son responsables mínimos del desastre, a los que ni siquiera se les puede echar encima el grave peso de las responsabilidades colectivas.

 

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