Autor: M. H. . 
   OTAN, el gesto congelado     
 
 ABC.    31/12/1982.  Página: XIV. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

RESUMEN FIN DE AÑO

VIERNES 31-12-82

OTAN, el gesto congelado

Hay tomas que casan mal con los resúmenes de fin de año, resignado ejercicio periodístico destinado a

establecer lo que fueron «hitos» de una etapa que termina. Siempre son cuestiones abiertas que conocen

sucesivas fases y que deben verse, sólo al cabo del tiempo pueden verse como un todo encajable en un

período concreto. Eso pasa con la OTAN, que ha conocido una serie de fechas «históricas» en el pasado

reciente, pero que no se ha podido cerrar todavía.

Las discusiones sobre la integración en la OTAN son tan viejas o tan jóvenes como la democracia

española, pero sólo se plantearon de forma drástica a raíz de la dramática toma de posesión del ex

presidente Calvo-Sotelo. El hecho de que la adhesión se convirtiera en un objetivo vertebral a conseguir

por su Gobierno quiso verse en muchos sectores como el fruto de hipotéticas presiones o como el

resultado del temor a la posible repetición de actos como el del 23 de febrero.

Los recelosos no se dejaron convencer -al menos públicamente- por el dirigente de UCD, quien

recordó, una vez y otra, que la integración en la Alianza Atlántica figuraba en el programa electoral de su

partido, y entre las conclusiones del último Congreso de la coalición. Tampoco convencieron sus

razonamientos sobre la coherencia de la política defensiva -se mantenían en esas fechas unos pactos sin

ventajas con USA que nos unían indirectamente a la OTAN- ni sobre las contrapartidas secundarías que

el ingreso reportaría.

Los debates a lo largo del otoño de 1981 fueron difíciles. Por una parte, los argumentos en pro y en contra

eran irreconciliables y, por otra, se produjo una especie de doble lenguaje cuyas repercusiones conocerán,

tal vez, los socialistas. En aquellos días pareció que los razonamientos más incontestables -desde el

punto de vista material- estaban en la «derecha» y los más ambiciosos -moralmente- se alineaban

con la izquierda. A la «derecha», la urgencia de imponer su proyecto le impidió una explicación más

reposada a la población de lo que se pretendía. En cuanto a la segunda, fue más contundente en la

expresión que en los hechos. Los socialistas sólo sacaron «las masas» a posteriori (y procurando marcar

las distancias con el PC), embarcándose en promesas comprometidas: si alcanzaban el Poder en la

siguiente legislatura, reabrirían el debate y convocarían un referéndum sobre una decisión que se

consideraba precipitada, sin contrapartidas y delicada para el equilibrio de los bloques.

A lo largo de 1982, aunque la decisión estaba ya tomada y España se había adherido al Tratado del

Atlántico Norte -la integración en el «brazo armado» quedaba para más adelante-, la polémica se

mantuvo. El PSOE desautorizó, una vez y otra, los resultados del debate parlamentario -aunque acatase

por el momento la decisión-, repitiendo su propósito de reabrir la cuestión y realizar una consulta

popular en cuanto fuera posible. El adelanto de las elecciones precipitaría el tema, que recuperó virulencia

y revitalizó las promesas socialistas, creando expectativas entre muchos posibles votantes.

Pero, tal como habían insinuado en el 81 los centristas, la realidad poselectoral limaría los maximalismos

socialistas, que, poco después de su victoria, se apresuraban a «congelar» el tema para no adoptar

decisiones precipitadas y no traicionarse a sí mismos y a sus votantes.

Ese espíritu de «congelación» se desprendió de las palabras del presidente González en una primera

intervención tras su toma de posesión. «España tiene que reestudiar el "dossier" de adhesión..., la

integración militar quedará paralizada..., aunque queremos mantener buenas relaciones con la Alianza.» Y

ese espíritu presidiría el breve discurso del ministro de Exteriores, Moran, cuando se presentó, pocos días

después, ante el Consejo Atlántico: «UCD no consultó adecuadamente a los españoles..., aunque

seguiremos siendo miembros leales» mientras tanto.

De todas formas, a pesar de la voluntad del PSOE, parece difícil que el tema OTAN pueda mantenerse

aparcado: 1983 promete ser un año muy agitado en el seno de la Alianza ante la próxima implantación de

los polémicos «euromisiles», que exigirán alguna opinión española. También habrá que decidir qué se

hace con los Acuerdos con USA, establecidos en 1982, después de difíciles negociaciones sobre las bases

de una España miembro del Tratado. Cabe, por otro lado, que la «comprensión» aliada, ante la reciente

decisión de «congelación» del Gobierno socialista, repercuta en las relaciones hispano-comunitarias, que

es materia en la que el PSOE parece tener posiciones de avance muy firmes y nítidas.

Y el espectro de la OTAN podría flotar también sobre los diálogos en torno al Peñón, que, con inicios tan

generosos, quiere plantear la nueva Administración española,-M. H.

Claves del 83

Aunque el término «referéndum» ha desaparecido del lenguaje socialista en las últimas semanas, el

previsible recrudecimiento de las polémicas sobre armamento en los países de la OTAN exigirán al

Gobierno explicaciones clarificadoras sobre su opción defensiva y sobre el grado de participación que, en

dicha opción, van a dar al ciudadano.

 

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