Autor: Martín Descalzo, José Luis. 
   Un documento episcopal y tres graves preguntas     
 
 Hoja del Lunes.    26/11/1979.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

Crónicas desde el otro mundo

.Si he de ser sincero tendré que confesar que me ha sorprendido el "tono" del

documento que, sobre el divorcio, acaban de publicar los obispos españoles. Voy

a aclararlo bien: he dicho que me sorprende "el tono", lo que se acentúa y lo

que se deja de acentuar, lo que se subraya y lo que se pasa como sobre ascuas.

Porque el "contenido" era, no sólo previsible, sino, incluso, inevitable. Yo, al

menos, nunca esperé que los obispos dijeran otra cosa. Y voy a decir sin rodeos

que comparto todo lo que dicen. Aunque quizá eche de menos cosas que no dicen. Y

crea muy mejorable´el tono y modo en que lo dicen.

Por eso yo no diría—como leo en algún periódico—que estemos ante una "marcha

atrás"s de los obispos en el tema del divorcio. Aunque puede que sí estemos ante

un endurecimiento de su postura espiritual, en un "ariscamiento" de su actitud

social.

En cuanto al contenido creo que los tres documentos publicados por los obispos

sobre el tema—mayo del 77, junio del 79 y el actual-—se montan sobre idénticas

coordenadas:

1. La estabilidad es un valor fundamental en el matrimonio, un valor que

debe ser defendido por los ciudadanos y por las leyes:

• .

2. El divorcio es, de por sí, un ihal, no sólo moral, sino social.

3. La responsabilidad de una ley civil divorcista corresponde, en

definitiva, a los ciudadanos en cuanto ciudadanos ya los políticos en cuanto

representantes del pueblo, y ´debe depender de la prudente valoración de si tal

ley es positiva o negativa para el bien común.

4.- Los políticos tienen que respetar el orden moral en sus tareas legislativas,

pero no siempre están obligados a aplicar si ideal moral. En el caso del

.divorcio tendrán que sopesar.si los males que de él .se derivan—que los hay

evidentes—son mayores o menores que los que brotan de una´radical prohibición

del divorcio—que los -obispos reconocen que también los hay.

5. En todo caso, haya o no ley civil de divorcio, la Iglesia sigue recordando

a los católicos que la indisolubilidad es parte de su doctrina y que, de existir

tal ley, ellos seguirían estando moralmente obligados en conciencia a no hacer

uso de ella.

Quien analice con objetividad los tres textos episcopales, en todos ellos

encontrará la continuidad de estas cinco coordenadas. ¡Pero con qué distintos

acentos! El punto cuarto, por ejemplo, que en el documento del 77 se exponía

larga y ar-gumentadamente, casi se camufla en el texto de la semana pasada. El

punto dos, que en anteriores textos aparecía expuesto con firmeza pero con

normalidad, crece desmesuradamente en el último documento hasta casi devorar la

totalidad del mismo. Estamos, si, ante la misma doctrina. Pero tengo la

impresión de que sus formulaciones han sido muy condicionadas por las

circunstancias.

Y esto es lo que con sincera sencillez quisiera plantear en esté artículo: ¿A

qué se debe este cambio espiritual, ´este desplazamiento de temperatura, de. los

obispos?

´Una primera respuesta podría ser ésta: a presiones de Roma. Sé-que han

existido. Lo sabemos todos. El teléfono Madrid-Vaticano funcionó durante la

semana pasada."^™ quiero añadir que no me parece ésta ni la única ni la

principal causa. Porque sé que Roma suele ser discreta y termina por respetar en

lo esencial la libertad de los obispos. • Una segunda respuesta.puede ser más

profunda: la búsqueda del consenso. Los obispos más abiertos han preferido ceder

en-el tono de su documento—y a mí me parece, bien que lo hayan hecho—antes que

aparecer divididos o que aprobar un documento con quince votos en contra.

Pero presiento que hay otra causa más honda: he encontrado a todos los obispos

con ´quienes he hablado muy impactados por el clima de permisivismo moral que

respira nuestra sociedad. Tenemos que reconocer que sobre España se han desatado

los nuevos dogmáticos del revanchis-mo. A la vieja dictadura clerical ha

sucedido la dictadura de la nueva ´moral. Si hoy criticas la pornografía, eres

un carca; si te opones al aborto, un cavernícola; si luchas por la estabilidad

familiar, un antediluviano. Se presentan como derechos humanos realidades

ferozmente inhumanas. Los matrimonios que se quieren o las familias con muchos

hijos empiezan a tener el complejo de ser tontos o poco modernos.

Y los obispos—que entraron en la democracia con plena apertura de espíritu,

dialogantes, dispuestos a no entorpecer las exigencias de una sociedad

pluralista— han empezado a ver cómo en nombre del pluralismo se les pisotea a

ellos y a los católicos.-

Este documento es—me parece—el primer signo de una reacción que quizá, como

todas, se vaya más allá de lo que quería ir. En_él´se percibe ese mismo "susto"

que hoy se encuentra en las conversaciones de tantos millones de españoles. No

llega a ser un documento "plazadeorien-tista", pero sí un escrito "a la contra".

No creo que sea un texto "reaccionarlo´", pero si "de reacción",Y creo que—por

encima del mismo tema del divorcio—lo que este documento —y sobre todo: su tono—

señala es un hecho preocupante: empieza a agriarse el. diálogo entre "Iglesia

española" y "nueva sociedad". ¿No tendrán una y otra que detenerse un momento a

pensar adonde conduce esa agriedad si se prolonga y acentúa? ¿No, tendremos los

Católicos que mantener tranquilos los nervios para —sin abdicar un céntimo de

nuestra fe— colaborar como los mejores k la paz nacional? ¿Y no tendrán los

grupos que hoy parecen divertirse aguijoneando a los católicos que pensar si no

estarán ellos, con sus excesos, empujando a los .obispos a posturas más duras de

las que ellos mismos desearían?

Planteo estas tres preguntas sin ningún placen Y me duele la mano al

escribirlas. Pero temo que empiece a´ ser necesario plantearlas.

J.L MARTIN DESCALZO

 

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