Carta del Cardenal Tarancón. 
 No se puede recluir a los cristianos al interior de los templos     
 
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IGLESIA

CARTA DEL CARDENAL TARANCON

«NO SE PUEDE RECLUIR A LOS CRISTIANOS AL INTERIOR DE LOS TEMPLOS»

El cardenal Tarancón publica en «Iglesia en Madrid» su segunda carta cristiana

sobre «El cristianismo en la vida social», bajo el titulo «El cristianismo no es

para almas exclusivamente´». El texto de la carta dice lo siguiente:

«El cristianismo tuvo que "esconderse" en las catacumbas casi al inicio de su

vida. Actualmente son bastantes los ciistla-nqg que forman parte de la "Iglesia

del silencio" porque circunstancias adversas les impiden profesar públicamente

su fe.

Ha sido frecuente, a lo largo de la Historia, que autoridades de todo género,

incluso las que se llamaban a si mismas "liberales", hayan pretendido "encerrar

a ía Iglesia en la "sacristía", como se decía comúnmente.

También por parte de los miembros d« !a Iglesia se ha querido mantener, en

algunas épocas, un distanclamiento del cristianismo de la vida social y

política, y hasta un alejamiento del mundo. Temían que el mundo pudiese manchar

la santidad de los cristianos.

Pero la Iglesia nunca ha admitido, como principio, esa relativa privatización

del cristianismo que le era Impuesta desde ´uera. Ha salido de las catacumbas,

cuan-lo le ha sido permitido respirar el aire ibre, impulsando a sus sacerdotes

a salir le la sacristía y ha señalado claramente las exigencias de la fe en la

vida familiar, social y política.

Y como la comunidad cristiana está Integrada por hombres que viven inmersos en

una sociedad determinada y que actúan en ella, la Iglesia adquiere

necesariamente una dimensión social y hasta humana, que es una nota esencial de

la misma. Es la Iglesia visible Integrada por todos los bautizados que pide su

lugar propio en la vida social.

Por eso. la libertad religiosa —que es uno de los derechos primarios del hombre

pomo ha subrayado el Concillo— no puede limitarse a la libertad Individual o

personal. "La libertad en materia religiosa, dirá el Concilio, que compete a las

personas individualmente consideradas, debe serles reconocida también cuando

actúan en común. Porque las comunidades religiosas son exigidas por la

naturaleza social, tanto del hombre corno d« la religión misma."

Se podrá exigir a esas comunidades religiosas que no violen las justas

exigencias del orden público, que debe garantizar la autoridad civil. Pero no se

puede recluir a los cristianos al interior de los templos, o a la Intimidad de

su familia o, aún más, de la conciencia Individual, sin hacer un agravio a la

dignidad y a los derechos de las personas. Sin oponerse a la misma naturaleza

del cristianismo, y aun a la naturaleza del hombre que tienen una dimensión

social.»

 

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