Credibilidad democrática     
 
 Arriba.    02/11/1977.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

• Credibilidad democrática

CON diferentes acentos los líderes de los grupos po-líticos vienen dirigiéndose al país pora explicar las

razo-nes que han movido a sus res-pectivos partidos a concordar el programa básico de medidas de

carácter político que reciente-rehabifitaclón económica y de mente suscribieron. Los puntos de vista

parecen unánimes, tanto en la apreciación de la existen* cía de razones positivas, como en lo

conveniencia de detener la posible evolución de las amena-zas potenciales al sistema demo-crático que,

desde una rolz de i n certidumbre y desasosiego eco-nómico podrían abrir el camino a un estado de

conciencia fa-vorable a un restablecimiento drástico del orden, operación en la que florecen los

fascismos, los dirigismos y todo la varia ga-mo de las tentaciones totalita-rias. El desafío más grave al sis-

tema político recién estrenado no se aloja tanto en la conspira-ción de los cenáculos extremis-tas, cuanto

en la degradación de las relaciones económicas, el desgobierno de los precios, el desempleo, la

desinversión, la sensación de desesperanza y fracaso cotidiano en nosotros mismos y lo peligrosa

conjunción de las insatisfacciones que una crisis económica larga, intensa y generalizada puede suscitar.

Al-guna versión Interesada señala que la oposición se ha visto pre-cisada a sostener a un Gobierno que no

gobierna, apoyado en un conglomerado de grupúsculos políticos hasta ahora Incapaces de encontrar y

desarrollar una voluntad unitaria para constituir-se en una formación política po-tente, con aptitud política

o la al-tura de las responsabilidades que un poco fortuitamente le han sido atribuidas. En la medida en que

esta versión pudiera ser cier-ta, lo sería igualmente con rela-ción a cualquier alternativa po-tencial de

cambio de Gobierno. Ningún grupo de la actual cons-telación política se encuentra en condiciones de

conjurar por si solo esta hora grave de España, grave no sólo en el aspecto eco-nómico. Hacer de este país

un Estado moderno, saneado y en paz interior es tarea que sólo puede ser acometida por todo el pueblo.

Ni siquiera el testimonio de buena voluntad formc´^ada por todas las fuerzas políticas son suficientes para

el calibre del propósito.

Esta operándose un proceso profundo de mudanza cultural, política, social y organizativa, al tiempo que

se hace imperativo cerrar e) desguarnecido frente económico por el que entra a rau-dales un turbión de

desasosiego, de malestar e inseguridad. La grandeza del Gobierno y de la oposición al Gobierno es

haberlo comprendido y no rehuir el com-promiso. En el momento actual, y a pesar del inapreciable testi-

monio de bueno voluntad del pue-blo español, vastos sectores so-ciales se encuentran en situa-ción de

proclividad de buscar so* luciones drásticas, a poner más confianza en una energía quirúr-gica que en los

frutos de una co-laboración que, por su propia na-turaleza y complejidad exige tiempo y mutuas y

plurales con-cesiones.

Sectores de la clase trabajado-ra, en sus segmentos más econó-micamente inermes y sectores de la clase

media —brutalmente golpeada y empobrecida por la crisis— viven en tentación, su-perando coda día la

sugerencia que proviene del propio negativo diagnóstico de la situación, de las condiciones de vida en que

se desenvuelven y de los profe-tas catastróficos, cuyo objetivo se centra en pudrid toda espe-ranza hasta

conseguir un climax Insoportable de desesperanza. Aún cuando, sin duda, podemos conjurarlo, es Inútil y

probable-mente nocivo negarlo. Nuestro cuerpo social aloja tanto la ten-tación de la revolución como de

la contrarrevolución y to deman* da —muchas veces Irreflexiva e Idólatra— de la autoridad y el or-den

por encima de todo amenaza corporeizarse convulsivamente.

El Gobierno, una vez perfilado el programa a realizar y sosega-do, al menos en lo esencial, el debate con

las fuerzas de opo-sición, tiene que ganar tiempo mientras se ejecuta el pacto en la consolidación de una

verdade-ra plataforma política para UCD. Suscrito un acuerdo que cual-quier otra alternativa de Gobier-

no habría de respetar, puede en-contrarse menos prisionero de las disidencias y jactancias de los pequeños

mandarines de mí-nimos partidos, cuya eventual In-disciplina ponía en precario la mayoría mínima

parlamentaria para gobernar.

Cualesquiera que sean las diflcul tades, UCD tiene el tiempo justo —si encuentra la voluntad y el es píritu

de edificación necesario— para definirse como una fuerza política dotada de entidad y atractividad

propia. La necesidad de instrumentar una derecha mo-derna está madura en el ambien-te, y hasta pueden

prefigurarse sus líderes. El PSOE está encon-trando, no sin crisis Interna, su quicio Ideológico y

sociológico, y los comunistas tienen, a pesar de sus concesiones tácticas, una absolutamente bien

diferenciada marca de fábrica. Si hay una oportunidad para el centro que no sea algo más que una actitud

de encuentro o definición por lo que no se es, esa oportunidad se ofrece ahora. En alguna forma la misma

oposición está propician-do a UCD una operación de au-toconclencia y búsqueda de iden-tidad. Y el

Gobierno, a su vez, ha brindado la carta —muy bien aprovechada— de promoclonar la Imagen de una

oposición civil, madura y responsable. El luego es grande y sólido. Si los parti-dos conectan con el pueblo

y le persuaden de que el porvenir es tá en manos de todos, hombre a hombre, algo más que la fíabl-lidad

de los partidos se habrá conseguido. Se habrá ganado credibiladad en el sis-tema democrático y en el

futuro de nues-tro país.

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PACT O

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