Autor: Reyes Mate, Manuel. 
 Habla para El País el presidente de la Conferencia Episcopal. 
 Díaz Merchán: La Iglesia española no tiene ni tendrá su partido político     
 
 El País.    05/03/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 49. 

Habla para EL PAÍS el presidente de la Conferencia Episcopal

Díaz Merchán: "La Iglesia española no tiene ni tendrá su partido político"

Gabino Díaz Merchán, 55 años, toledano, cuyo talante liberal fue cumplidamente

puesto a prueba en sus conflictos con el régimen franquista, ha sucedido al

cardenal Tarancón con tres votos de diferencia sobre el candidato del ala

conservadora, Elias Yanes. Con el nuevo presidente se amplian las posibilidades

de reanudar el diálogo con los partidos de la oposición, interrumpido desde hace

varios años. No entiende su mandato como el ejercicio de un liderazgo

indiscutible, caso del anterior presidente. El arzobispo de Oviedo quiere ser el

intérprete de un colectivo colegiado. El escaso margen de votos le obligará, de

todas maneras, a tener muy en cuenta el peso conservador de medio episcopado.

Pregunta. La misma opinión pública que criticó las palabras de los obispos sobre

el divorcio volvió a meterse con ustedes por el silencio en la noche del lunes

del golpe.

Respuesta. Ya estamos acostumbrados a que nuestras intervenciones en asuntos

políticos resulten conflictivas Pero no hay que olvidar que la Iglesia no es una

organización política, aunque incida en ella.

P. Nadie se opone a que ustedes hablen como pastores y ciudadanos.

R. Me alegra que asi sea. La verdad es que los políticos siempre nos interpretan

políticamente. Nosotros tenemos una visión general sobre la familia y la

exponemos, aunque luego lo manipulen políticamente.

P. Pero esa politización, ¿no vendrá ya de ustedes, que dicen hablar como

pastores y se dirigen a los gobernantes, hablan como simples ciudadanos, pero

reúnen a la Comisión Permanente, alto organismo episcopal?

R. Hemos hecho cuatro documentos sobre la familia y siempre en los mismos

planteamientos; indicios hay de quienes nos critican "de involucionismo, no se

los han leído. En el más reciente soló desarrollamos el punto 4 del documento de

1979, habida cuenta de cómo iba desarrollándose el proyecto de ley. Pero también

en el último reconocemos la libertad del legislador para que actúe en conciencia

y que sea él quien valore si el no tener una ley sobre el divorcio no es más

perjudicial que el tener una.

P. Es decir, que vuelven a hablar por esa preocupación política que les causa el

desarrollo de la ley y hablan en vísperas del congreso de UCD y para que los

diputados tengan su´documento sobre el pupitre del Parlamento.

R. Concedo que se pueda pensar que el momento no fue oportuno. Comparto esa

inoportunidad, tanto más cuanto que ya habíamos hablado. Pero no hay que olvidar

un hecho: la Iglesia había hablado ya, pero en base al proyecto Lavilla y

Cavero. Ño es que hubiéramos dado luz verde ni toja; sólo ámbar. Aquel proyecto

inicial evolucionó en sentido distinto del previsto. Los obispos teníamos que

hablar para clarificar nuestra postura y que no nos dijeran que estábamos de

acuerdo. Se trataba de un juicio ético, aunque los sucesivos aplazamientos del

Congreso de UCD dieran la impresión de que queríamos influir en su marcha.

P. Pero ustedes tuvieron-tiempo de escoger la fecha oportuna, dado que sus

recelos venían de atrás. Ya en octubre de 1980, estando todavía Dadaglio en

España, la Santa Sede llamaba la atencj.cn del Gobierno español sobre los

aspectos que ustedes criticaron luego.

R. Yo no conozco esa intervención de la Santa Sede. Lo que sí digo es que los

distintos sectores de UCD especulaban con nuestra postura. Había que clarificar

las cosas.

P. Lo que todo esto da a entender es que no pueden los obispos hablar como

pastores sin que se conmocione a los partidos y al Gobierno.

R. -No se puede hablar en abstracto. Por el peso cultural e histórico de la

Iglesia española, su palabra, tiene una connotación política.

P. Pero entre hablar como pastores y dirigirse al Gobierno hay un trecho, el de

cualquier grupo social que trata de exponer sus ideas dirigiéndose no tanto al

poder cuanto a la opinión pública.

- R. Nos dirijimos a todos, pero los partidos políticos tratan de llevarnos a su

molino. Lo mismo ocurría en tiempos de Franco: cuando defendía los derechos

humanos me decía el poder que hablara del evangelio.

ESTAMOS CLARAMENTE CON LA CONSTITUCIÓN

P. No es lo mismo defender un derecho fundamental como la democracia que tratar

del divorcio, que puede ser resuelto por los mecanismos democráticos. ¿No estará

ahí la causa de la crítica a su silencio?

R. Es injusto lo que se ha dicho en torno de nuestra reacción sobre aquellos

lamentables acontecimientos. Es injusta la crítica de oportunismo.

P. Se ha criticado más bien la falta de reflejos o instinto democrático.

R. Tampoco estoy de acuerdo. Las cosas fueron asi: aquella tarde nos dijeron que

unos terroristas vestidos de guardias civiles hablan entrado en el Parlamento.

La consternación fue general. Pero no creíamos, por falta de información, que la

democracia estuviera en peligro, sino que aquello era el acto de un loco. Luego

comprendí, por sus ramificaciones, que la cosa había sido muy grave. Cuando

llegué a casa oí, a eso de las once, unas declaraciones del portavoz de los

obispos, Antonio Montero. Decía que nuestro último rezo lo habíamos ofrecido por

España. Salté de la butaca porque aquello era muy equívoco, como si nosotros

hubiéramos rezado por Tejero. Habíamos pedido por los secuestrados. Se lo dije a

la mañana siguiente a Antonio Montero, quien ya, en ese momento, tenía esbozada

la declaración que luego hicimos.

P. ¿No le parece llamativo su celo par defender determinados derechos naturales

y esta lentitud en entender la gravedad de la democracia?

R. Estamos claramente con la Constitución. Nuestra postura, que algunos critican

por tibia, nos ha acarreado insultos y protestas. En mi casa de Oviedo hay una

pintada con el «viva Tejero». Cartas me han llegado en las que me dicen que

muchos españoles no votaron la Constitución... Pero nosotros actuamos siempre en

conciencia, por más que no siempre nuestros puntos de vista sean expuestos bien

a la opinión pública.

P. Tras el golpe se ha operado un examen de conciencia colectivo. El Rey invita

a los partidos a posponer las miras partidarias ante la gravedad de los

problemas del Estado. ¿No piensa que el recado también vale para la Iglesia, la

cual, desde la llegada de la democracia, se ha pertrechado en la defensa de sus

intereses corporativis-tas, por ejemplo, en el tema de la enseñanza? •

• -

R. Hemos defendido los colegios de la Iglesia porque va en provecho del pueblo.

Me gustaría saber si estadísticamente la enseñanza privada se dirige a las

clases bajas o a las medias y altas.

P. Cuando la ley de Centros se dijo que había más colegios privados en la ciudad

que en el campo, en los barrios céntricos que en la periferia.

R. Yo puedo hablar de Asturias. La Iglesia tenía más de quince filiales de

instituto en suburbios y cuenca minera. Cuando llegó la planificación

estatalista —que comenzó ya en tiempos de Franco—, se consideraba rival a quien

tuviera un colegio. Se nos presentó entonces la siguiente papeleta: o mantener

institutos subiendo la matrícula, o transformarlos en EGB, para lo que sí había

subvención. Decidí ofrecérselos al Estado, porque el pueblo necesitaba

institutos, que se quedó con todos menos un par de ellos en zona minera, porque

el • pueblo no quería que se fueran los religiosos. Yo creo advertir, sin

embargo, en los partidos de izquierda, en el PSOE, una gran desconfianza, como

si temieran que la Iglesia pudiera manejar en un sentido conservador el poder

que nos dan los colegios. Algo parecido a lo que le ocurría a Azaña.

P. Pero esas voces críticas querían una planificación de la enseñanza que

permitiera escuelas decentes para todos, estaban contra idearios cerrados porque

la educación en democracia exige el pluralismo y desconfiaban del argumento

libertad de enseñanza, del que la Iglesia sólo se acuerda en .tiempos de

democracia.

R. Acepto la primera parte. He dicho que si la Iglesia debe tener colegios no es

para hacer negocio. . En el siglo XIX se fundan congregaciones para educar a los

marginados, a los pobres, a las niñas.

P. ¿Y lo del ideario particular?

R. No creo que los colegios de la Iglesia fomenten el sectarismo. El

ahondamiento cultural de la fe debe ser profundamente democrático.

P. Indicios hay en otro sentido. Ustedes quieren que la clase de religión, más

que tratamiento cultural de la religión, sea catcquesis.

R. A veces se incurre en ese error por la manía delpastoralismo. Pero no hay que

meterse en la conciencia del alumno cuando se trata de una clase de religión.

Hay que distinguir entre clase de religión y catequesis, aunque se trate de

realidades complementarias.

,P. Decía usted recientemente «menos politización y más evangelización». ¿No

tienen a veces un celo excesivo por salvar al hombre al decirse ustedes garantes

del" hombre y del derecho natural?

R. Cuando oigo determinadas teorías sobre el hombre me digo: si yo pensara así,

tendría la tentación de manipular al hombre. Creo, sin embargo, que del

evangelio nace un humanismo radical.

P. Pero cuando en España la Iglesia, con todo su poder sociológico, se erige en

intérprete del derecho natural, ¿no corre el peligro de olvidar que la

naturaleza de" la que habla es muy particular y, que hay otros humanismos?

R. Son muchos los que hoy hablan del derecho natural. No me gusta decir que el

matrimonio por derecho natural sea intrínsecamente indisoluble. Son palabras que

rara vez se entienden en su correcto sentido. Pero sí digo que es estable, una

institución social cuya estabilidad está por encima de los individuos. Esa es la

luz que queremos ofrecer.

P. Sólo que ustedes se muestran más preocupados por encender la mecha del

legislador que por dejar irradiar esa luz entre los hombres.

R. Repito que pensamos en todos. Otra cosa es que los partidos pongan de relieve

los aspectos parciales que les interesan.

"Hay un renacimiento delanticlericalismo "

P. Usted llega a la presidencia bajo el signo de un buen pastor de la Iglesia.

¿Cuál es el momento de la Iglesia española?

R. En 1967 se inició una línea coherente que debemos mantener. Claro que el

esfuerzo realizado por lograr la independencia de la Iglesia y el trabajo

supletorio que entonces hubo que hacer hace más urgente ahora volcarse en la

animación de la vida interna de la Iglesia.

P. Pero muchos grupos de cristianos, vivos hace años, están desanimados ahora.

El desencanto también ha alcanzado a la Iglesia.

R. No siempre hemos sabido dialogar. A nadie gusta que en asambleas de

cristianos insulten a la jerarquía o la descalifiquen globalmente. Ha fallado el

diálogo. También en mi caso, que le tengo en gran aprecio. Creo sinceramente que

en esos grupos críticos había quien sólo estaba por razones políticas. Pero con

los que se confiesan cristianos debemos intentar el acercamiento como miembros

de la Iglesia que son.

P. ¿Será posible desde la Conferencia Episcopal, en cuya permanente y

presidencia de las comisiones faltan sistemáticamente los nombres más

dialogantes: Setién, Iniesta, Echarren, Fernando Sebastián, Oses...?

R. La renovación se hace lentamente. Pero el ánimo dialogante es general.

P. Se habla de un renacer del anticlericalismo. ¿A qué se debe?

R. Hay un renacimiento del anticlericalismo. Pero no se puede comparar con el de

1936, cuando se ^incendiaban iglesias y se mataba a los curas. Hemos caminado

desde entonces un buen trecho. A veces, los líderes políticos, en los mítines,

se creen obligados a meterse con .nosotros, y luego, en privado, nos " dicen que

la cosa no va en serio. Lo cierto es que desde distintos sectores se produce un

acoso sistemático, también en EL PAÍS, a las posturas de la Iglesia.

P. ¿No será que están mal acostumbrados? En la radio, en Televisión, en la

mayoría de los periódicos, suele predominar un amén sistemático a las

actuaciones de la jerarquía.

R. No me asustan las críticas. Cuando las leo me pregunto cómo es que

determinadas intenciones nuestras acaban siendo mal interpretadas.

P. Pregunta final. Desde distintos sectores de UCD se habla de crear un partido

católico. Algo tendrán ustedes que decir.

R. Cada cual es muy libre de hacer lo que quiera. Ni entramos ni salimos. Pero

la Iglesia española no tiene ni tendrá su partido político. Nosotros estamos

dispuestos al diálogo con todos ellos, de derechas y de izquierdas, y

respetáramos la voluntad popular. Queremos ser libres para ofrecer a los hombres

lo que es verdaderamente nuestro mensaje: a Cristo resucitado y su evangelio de

salvación.

 

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