Discurso del cardenal Tarancón en la asamblea plenaria de obsipos. 
 No creo que haya motivo razonable para pensar en un cambio de rumbo en la Conferencia Episcopal     
 
 Ya.    24/11/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 21. 

Discurso del cardenal Tarancón en la asamblea plenaria de obispos

«No creo que haya motivo razonable, para pensar en un cambio de rumbo en la

Conferencia Episcopal»

«La figura de Juan Pablo II ha sido enjuiciada con poca serenidad». Derecho y

deber de los obispos de iluminar las realidades sociales con la luz del

Evangelio.

«Que las luchas políticas no esgriman razones religiosas.» «Nuestro cristianismo

se ha hecho tímido.» Posible comisión episcopal dedicada a la familia y otra al

patrimonio artístico de la Iglesia

«La Iglesia española intenta contribuir a crear un clima de convivencia, de

reconciliación nacional y desea que las luchas políticas no esgriman razones

religiosas ni intereses eclesiales», ha afirmado el cardenal Tarancón en su

último discurso como presidente de la Conferencia Episcopal Española, en la

apertura de la XXXIV Asamblea Plenaria dé los Obispos, de la que saldrá su

sucesor. Al acto de apertura ha asistido, por vez primera, el nuevo nuncio de Su

Santidad en España, monseñor Innocenti, que ha saludado a todos los obispos. El

cardenal Tarancón, en sus palabras,- ha salido al paso de. la calificación de

«taranconismo» a la etapa, de diez años, que bajo su mandato ha seguido la

Conferencia Episcopal. «La línea que ha seguido la Conferencia en esos años —

afirmó— ha sido propuesta, aprobada y reafirmada por la inmensa mayoría de los

obispos. No creo que haya un motivo razonable para pensar en una nueva era, en

el sentido de un cambio de rumbo o de dirección.»

Las primeras palabras del cardenal han sido de acogida y saludo al nuevo nuncio,

monseñor Innocenti, a quien ofreció la colaboración de los obispos para la

realización de su labor en España.

«No creo —dijo— que estén justificadas ciertas afirmaciones sobre el momento

actual de la Iglesia y de la Iglesia en España, en particular que exijan o

propicien al menos ese cambio de rumbo que algunos pronostican. Y también creo

que las afirmaciones de «involucionismo» referidas a las últimas actuaciones de

la Conferencia no reflejan la realidad.»

«Estoy convencido de que la figura de Juan Pablo II y su actuación en los dos

años de pontificado han sido enjuiciadas con poca serenidad; puede ser desde

posiciones preestablecidas que han pretendido «encasillar» a este Papa cuando,

por su rica y recia personalidad y por las facetas distintas que aparecen

claramente en su actuación, es difícil, muy difícil, ponerle una «etiquetai, a

lo que muchos son demasiado propensos.»

El desafío da la década de los ochenta

Y añadió: «La década de los ochenta nos va a plantear nuevas demandas, quizá más

exigentes, que obligarán a revisar nuestras actividades y nuestros métodos. En

este aspecto quizá^ pueda hablarse de una nueva época en la que la Iglesia en

España y la Conferencia Episcopal, en concreto, habrá de reflexionar seriamente

sobre las exigencias que esa realidad entraña para preparar el futuro.»

- -

El cardenal Tarancón pasó seguidamente a la reflexión en profundidad sobre el

momenteo actual. «Creo que esa reflexión —señaló— debe empezar-por un examen

sereno del pasado y del momento actual. No voy a hacer un resumen de los

documentos importantes que ha publicado la Conferencia durante estos años y de

la incidencia de nuestra actuación en la vida cristiana de nuestro pueblo.

Repetiría lo que dije en mi discurso de apertura de hace tres años: "Nuestra

Conferencia Episcopal ha sabido ser moderadora y acicate a la vez de la vida

religiosa española en estos años."

Es verdad que, por razones co-yunturales, ha tenido la Conferencia un

"protagonismo" quizá excesivo durante algún tiempo y que puede parecer que su

luz se ha apagado porque ha ido cediendo consciente y reflexivamente en esa

postura que circunstancias externas le impusieron. También hemos tenido fallos y

quizá en algunas ocasiones no hemos acertado a abrir caminos de cara al futuro,

preocupados por las tensiones que existían dentro del mismo pueblo de Dios.»

Luces y sombras en la vida cristiana española

«Es evidente que existen sombras en la vida de la comunidad; cristiana de

España: la crisis de

identidad, de sacerdotes, religiosos y hasta de los cristianos, aun no superada;

la falta de vocaciones; la relativación del concepto de pecado; las afirmaciones

teológicas inmaduras, ajenas incluso a la realidad de nuestra propia situación

religiosa; la alergia de los cristianos a las asociaciones estructuradas

oficialmente, que resta eficacia a la actividad apostólica seglar organizada; la

indisciplina y la falta del acatamiento cordial de las normas obligatorias; el

poco respeto al magisterio de la Iglesia, cuando no la instrumentalización en

diversos sentidos del magisterio pontificio. También existen luces, algunas muy

importantes, punto de partida para ese proyecto que debemos hacer de cara al

futuro. Se han hecho muchos esfuerzos para asimilar y orientar situaciones

nuevas que se iban produciendo por la intensidad del cambio acelerado del mundo;

han florecido grupos cada vez más numerosos de cristianos conscientes y

responsables, que se comprometen cada vez más con su fe en la doble vertiente

que entraña la evangelizaron; se está fortaleciendo el espíritu contemplativo,

en algunos sectores,´ incluso juveniles, del pueblo de Dios; se ha conseguido un

acercamiento mayor de la Iglesia y también de la jerarquía a los más débiles y

oprimidos; la Iglesia española intenta contribuir a crear un clima de

convivencia, de reconciliación nacional y desea que las luchas políticas no

esgriman razones religiosas ni intereses eclesiales; se esta produciendo una

mayor autenticidad religiosa en la órdenes y congregaciones religiosas

masculinas y femeninas y en la manera de vivir la vida cristiana, con el empeño

de conseguir una mayor justicia formal y real en la vida de nuestro pueblo;

incluso el respeto a las otras concesiones religiosas, no católicas y aún no

cristianas, está creciendo en el seno de la Iglesia, en conformidad con el

ecumenismo proclamado por el Conclio.» Concluyó el cardenal Tarancón: «Esa

realidad de nuestra Iglesia, con sus luces y sombras, nos está exigiendo mucho a

nosotros y debe interpelar a la Conferencia Episcopal al comienzo de esta nueva

decada que acabamos de empezar.»

«Como obispos, señaló posteriormente, tenemos el derecho y el deber de iluminar

las realidades sociales con la luz del Evangelio y de «dar el juicio moral,

incluso sobre materias referentes al orden político, cuando lo exijan los

derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas». Habremos de

reflexionar también sobre la realidad que esta sociedad nos presenta para

determinar cuál debe ser nuestra actuación en este campo».

El momento social actual

«El terrorismo, continúa siendo una realidad angustiosa, que lleva consigo,

además, una sensación de inseguridad poco propicia para una convivencia en paz y

para la defensa de los derechos fundamentales del hombre; el paro va creciendo

cada día: somos ya bastantes los obispos que hemos llamado la atención sobre ese

fenómeno enormemente desestabilizador y que está haciendo aparecer el fantasma

del hambre ante algunas familias; la interpretación «secularista» de la,

separación Iglesia-Estado afirmada en la Constitución y el concepto raquítico y

parcial de la libertad religiosa, que pretenden convertir la religión en un

asunto privado y quisieran encerrar a la Iglesia en los templos, está reclamando

también una clarificación que habremos de dar humilde pero seriamente; las

amenazas contra la institución familiar, las dificultades que se pretenden

imponer a la enseñanza privada y, por lo tanto, a los colegios y centros

educativos de la Iglesia, haciendo peligrar la auténtica libertad de enseñanza,

que ha de ser un servició social y la expresión de los distintos grupos

sociales, y el mismo desarrollo de la democracia y que algunos confunden con una

sociedad permisiva sin fronteras. Y otros en imponer sus «ideologías» sin tener

en cuenta suficientemente.los bienes comunes y las exigencias de esa sociedad

peculiar que se llama España, el desencanto que existe en gran parte de nuestro

pueblo, tanto respecto a la Iglesia institucional como respecto a las

realizaciones sociales y políticas, que ha hecho perder a casi todos la

confianza en los métodos y procedimientos, que no siempre van dirigidos a

resolver los grandes problemas que están zarandeando fuertemente a nuestra

sociedad y aun al mundo entero; la permisividad moral, que se considera como una

exigencia de nuestro tiempo o como una consecuencia de la libertad democrática y

que llega fácilmente a la procacidad y a la irreverencia contra personas o

cosas. La pasividad de la clase media, que ha sido siempre la base de la

consistencia social».

Revisión de la conferencia

El hasta hoy, presidente de la Conferencia Episcopal Española pasó, a

continuación, a señalar que esa reflexión ha de llevar a una revisión de los

métodos de trabajo de la Conferencia y quizá a una programación en la que

estuvieran claros los objetivos prioritarios a corto y a medio plazo, a fin de

orientar debidamente nuestras actividades y señalar cauces operativos a la

comunidad de los creyentes.

El cardenal Tarancón expuso que la Conferencia Episcopal se había consolidado a

través de los quince años de su existencia, aunque dudaba de que hubiera

encontrado ya los métodos adecuados .para que su acción fuera eficaz, a fin de

«que todos ´los obispos. se sientan plenamente solidarios con la labor que la

Conferencia realiza». Se refirió a ciertas manifestaciones de malestar por el

modo de proceder de la Conferencia en sus distintos órganos, y sánalo la

conveniencia de una nueva reestructuración de los mismos, en particular con la

posible creación de una comisión dedicada a la familia y otra al patrimonio

históricp-artístico y documental de la Iglesia. «El comité ejecutivo r-añadió—,

una novedad del último trienio, no ha conseguido, a juicio de sus propios

miembros, toda la efectividad que se podía esperar de él.»

A continuación, el cardenal expuso los objetivos prioritarios a corto plazo que

están reclamando la atención de los obispos: «La pro-fundización de la fe en

nuestros cristianos, que está exigiendo su presencia y su actividad en una

sociedad pluralista ya secularizada. No es suficiente conservar lo que teníamos,

hemos de abrirnos a las realidades nuevas y hemos de hacer eficaz nuestra

presencia en el contexto social, económico y político. Parece que nuestro

cristianismo se ha hecho tímido, triste, como si no tuviera nada que decir al

mundo de hoy ni nada que hacer en el ambiente cultural y social de nuestros

días. La fidelidad-evangélica, junto a la fidelidad histórica de presente y

futuro, exige» una madurez en la fe que nosotros habremos de fomentar. El

discernimiento sobre la corriente comunitaria que ha irrumpido fuertemente en

nuesta Iglesia. Los problemas que hoy se plantean alrededor del matrimonio, de

la familia, de la enseñanza exigen también una atención preferente.

Viaje del Papa

«Un acontecimiento extraordinario va a tener lugar este año; la visita de Juan

Pablo II para inaugurar el cuarto centenario de la muerte de Santa Teresa.» Este

fue el último punto del discurso del cardenal Tarancón. - «La sola presencia del

Papa en España —será la primera vez que un Pontífice romano visita nuestra

Patria— es ya, por sí misma, un don de Dios, pero esa visita, en los momentos

actuales de nuestro catolicismo, puede ser trascendental si, bien preparada,

sirve para una reflexión seria de los cristianos, qué se sentirán interpelados

por la palabra pontificia en los distintos mensajes que nos dirija. La visita

«ad limina» que hemos de hacer este año todos los obispos españoles puede ser

una magnífica preparación. ´

Lo más importante de la visita del Papa no debe ser el espectáculo, sino la

meditación serena y la apertura total a las enseñanzas que él se crea en el

deber de dirigirnos para fortalecer nuestra fe y para señalarnos caminos de

acción pastoral.

El centenario de Santa Teresa puede ser también ocasión propicia para que los

católicos españoles nos reencontremos a nosotros mismos.

Las últimas palabras del cardenal Tarancón fueron de gratitud a los obispos de

la Conferencia por la confianza que había puesto en él, y por la ayuda que le

habían prestado en todo momento.

«He dicho varias veces, y lo repito ahora, que es muy fácil ser presidente de

esta Conferencia. Aunque existen divergencias dentro de la misma —no puede ser

de otra manera—,´ni esas divergencias son importantes ni han empañado lo mas

mínimo la cordialidad entre nosotros.»

 

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