Religión. 
 La Iglesia española comienza a preparar el futuro     
 
 ABC.    24/12/1981.  Página: 39-40. Páginas: 2. Párrafos: 7. 

JUEVES 24-12-81

Cultura y Sociedad

La Iglesia española comienza a preparar el futura

Tres eran las claves que, en su amanecida, ocultaba este año de 1981 para la

Iglesia española. Había, en aquellos días tempranos de enero, la expectación del

recambio. Soplaban aires de novedad. Por un lado, un nuevo nuncio Iba a

aterrizar en nuestras desorientadas costas. Febrero, mes de sorpresas, había

prometido nuevos directores episcopales. Y octubre, con sus siluetas otoñales y

el centenario teresiano anunciando primaveras, quería acoger a Juan Pablo II, el

primer Papa que visitara la «católica España».

Se presentía urr «año tuerte». El llamado «taranconismo» había concluido

admirablemente su misión; la transición era historia; la sociedad, tos católicos

reclamaban un saber estar de la Iglesia; las advertencias sobre el

«involucionismo» estaban por confirmar... La solución —se dijo entonces— en

1981.. ¿Ha sido así?

De los tres capítulos Importantes que escondía el año. de 1981, uno se ha

frustrado: Juan Pablo II no pudo, por las razones de sobra conocidas, pedir a

Teresa, la de Jesús, la inspiración que necesita el creyente español. Tampoco

pudo recorrer —como lo hizo Teresa— nuestro suelo con su cayado de pastor...

Este privilegio quedaría para 1982.

Él nuncio, monseñor Innocenti, sí llegó, aunque con dos horas de retraso, a

nuestra tierra. Fue el 7 de enero. No parecía un «diplomático», se comentó

entonces. Pero no tardó en recuperar el tiempo retrasado ni en poner a punto sus

instrumentos diplomáticos. La ley Ordóñez sobre el "divorcio fue su principal

fuente de trabajo. Hasta cuatro veces solicitó del Gobierno la creación de una

Comisión mixta Estado-Santa Sede para clarificar los puntos oscuros de los

Acuerdos parciales. La situación socio-política del país —excusaron tos

funcionarios de Exteriores— no pareció favorecer los deseos del nuncio. Hubo que

esperar al 19 de noviembre para que, por fin, se constituyera la citada

Comisión. Y, mientras tanto, el nuncio no ahorró expresiones para manifestar su

oposición a la ley de Divorcio.

SE HIZO LO QUE SE PUDO

La renovación de la cúpula episcopal fue, por sus resultados, un acontecimiento

con sorpresa: uno de los obispos más «progres» del Episcopado, monseñor Díaz-

Merchán, se alzó —aquella mañana de nervios del 24-F— con la "mayoría; el ala

conservadora había sido desarbolada. Para equilibrar, la composición de la nueva

Comisión Permanente se recreó en una mediocridad cóntinuista. La réciéri

estrenada Conferencia Episcopal iba a tener que enfrentarse, como el nuncio, a

la papeleta del divorcio. Días antes, el 3 de febrero, la Permanente había

lanzado la primera andanada (contra el «divorcio consensúa!»). E| 27 de junio,

la Comisión Permanente, de nuevo, dejaría oír su voz postrera, aprobada ya la

ley de Divorcio: «Hemos hecho lo que hemos podido —vino a decir— para mejorar

esta ley.»

Días de zozobra y tensión fueron, para los obispos, el ya citado 23-F y el 1 de

abril. La falta de reflejos y el interregno presidencial paralizaron totalmente

a jos obispos la «noche de Tejero». No reaccionaron. Lo harían al día siguiente

con un telegrama de adhesión al Rey y un comunicado en apoyo de la Constitución.

El 1 de abril fue distinto, pero no mejor. Los cuatro obispos vascos publicaron

una pastoral explosiva —también evangélica— con el título «Salvar la libertad

para salvar la paz». Hubo llamadas al nuncio, desgarre de vestiduras, inquietud

y... el obispo de Vitoria paró, en solitario y como pudo, el escándalo de Ja

calle. El personal —ya muy confuso por el despiste que han acusado ios obispos—

quedó aún más perplejo, emparedado entre la «pastoral vasca» y los signos de

involución.

OJO A LOS NUEVOS OBISPOS

Pero, ¿en verdad se ha consumado la involución que ya apuntaba en 1980? Vaya por

delante la certeza de que, cuando menos, aún persisten las sospechas

involucipnistas, lo que equivale a admitir por pasiva lo que se pretende negar

en activa. Por un lado, se suspende, en abril, a dos teólogos de vanguardia: J.

M. Castillo y J. A. Estrada son apartados de la Facultad de Teología de Granada.

Por otro, la larga «batalla» del divorcio registra episodios tensos, los unos, y

anecdóticos, los otros (entre estos, últimos, el protagonizado por el ministro

Ordóñez en la procesión del Corpus de Toledo). Ha faltado, sin embargo, «una

prueba» concluyente, capaz de demostrar que la Iglesia española ha llegado a un

tope en su evolución. Esta «piedra de toque»^ llegará, seguramente, en 1982, con

el nombramiento de nuevos obispos. En el presente año sólo se han registrado dos

«traslados»: el de monseñor Pía, de auxiliar de Valencia a Si-.güenza, y él de

monseñor Oliver, que dejó en soledad a Tarazona para ocupar la sede de Albacete.

Ojo, pues, a los futuros obispos.

Lo que sí parece claro es que la Coferencia Episcopal, bajo la batuta de Díaz-

Merchán, quiere reencontrarse consigo misma y dedicar sus mejores esfuerzos a

los asuntos estrictamente religiosos. Algunos pasos ya se han dado. El 19 de

junio, la Santa Sede aprobó un decreto por el que se reorgnizaba —en aras de la

racionalidad— la economía de ´ la Iglesia; un dato poco vistoso, pero

importante, varias provincias eclesiásticas —y este es otro paso— han

incrementado sus encuentros y trabajos conjuntos. Algunas diócesis —Barcelona,

Valencia, Ibiza, Malagana celebrado o lo están haciendo sus asambleas

diocesanas. ´

1981 en ABC

sobre todo, el presidente del Episcopado ha trazado las líneas «ideológicas» de

los próximos tres años. En la última Plenaria, celebrada a finales de noviembre,

Díaz Merchán quiso dejar bien en claro que la fe de los españoles y la situación

de la Iglesia en la nueva sociedad deberían ser los objetivos prioritarios. De

pasada pidió (la presencia de Guerra Campos hizo muy interesante la frase: «No

es hora de disidencias») y colegialidad. Lo demás —recordó— vendrá por

añadidura.

Et nuncio apoyaría esta misma petición cuando en su breve discurso solicitó de

los obispos más colaboración para resolver tos diferendos con el Estado. «La

Santa Sedé sólo quiere ser subsidiaria» —dijo— para admiración de algunos

obispos.

Fruto de esta Plenaria serían los documentos sobre el paro y sobre las

relaciones obispos-religiosos. Un tercero, relativo a los católicos divorciados,

quedaría en mero intento.

El interés del Episcopado por rehuir la polémica, empero, no se ha visto

correspondido en este año.

Recuérdese la supresión, a primeros de año, del «Ángelus» en Radío Nacional; o

aquella frase del cardenal Tarancón —«con Gobiernos menos católicos la Iglesia

vive mejor»— que pronunció a finales del verano; o los entuertos que hubo de

deshacer et copríncipe de Andorra, monseñor Alanis, por culpa de una publiación

francesa; o, últimamente. e\ enfado de los baturros por ía carta de monseñor

Canalini en torno a la provincia eclesiástica de Aragón; o el calendario de

fiestas para 1982, que tiene la virtud de convencer a pocos y desazonar a casi

todos; o la «agarrada» entre el obispo de Córdoba, allá por enero, y el alcalde

de esta ciudad, con raíces musulmanas por culpa de una iglesia que se quería

convertir en mezquita... Problemas que en ningún momento han empañado el acto

tal vez más importante del año para la fe del Pueblo de Dios: la apertura del

centenario teresiano. Con el cielo por techo, con la presencia de un delegado

papal y con la asistencia de casi todos los obispos, el 15 de octubre Santa

Teresa se nos hizo un poco más visible y entrañable. El próximo 15 de octubre,

el Papa estará aquí para señalamos et mensaje de la maestra de Avila. Para

entonces, la Iglesia española será un año «más vieja». ¿O tal vez más joven?—

José Antonio A. GUNDIN.

 

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