Autor: Gutiérrez, José Luis. 
   Pastores Vascos     
 
 Diario 16.    03/04/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

GRITOS Y SUSURROS

José Luis Gutiérrez

Pastores vascos

YA llegan los pastores. Y por sorpresa. Y nos dan con sus cachas en la cabeza.

Este bonito villancico que acabo de componer se refiere, queridos lectores, a

esas cosas que hacen los pastores de vez en cuando con sus rebaños: les leen una

pastoral, como la que los cuatro obispos vascos acaban de hacer pública, con tan

ruidosos resultados. Los monseñores Larrea, Setién, Larrauri y Uriarte han

logrado lo que parecía casi imposible: irritar a todo el mundo, menos al «Ya»,

claro está. Al Gobierno, al Ejército, a los partidos y a la propia ETA, como

después demostraré.

Y a sus propios colegas, los demás obispos, porque la citada pastoral ha

producido serios disgustos en medios de la propia Asamblea Episcopal.

A mí, uno de los deportes que más me apasionan es el de tomarme una copita de

mistela con un obispo.

En la última rne enteré de las citadas irritaciones. A juicio de los obispos,

como siempre, se le ha dado demasiada importancia al documento. Después, algunos

prelados estiman que es contradictorio en muchos puntos, y hasta en su esencia.

Porque los citados cuatro prelados vascos presentan una seria advertencia contra

los «poderes fácticos». «Y no parecen advertir —señala un portavoz oficioso de

la Asamblea Episcopal— que ellos mismos son otro "poder fáctico". Y como tal se

permiten el lujo de dar consejos tan descaradamente políticos como las opiniones

en las que hacen puntual y detallada referencia al proceso autonómico. A juicio

de uno de estos prelados «ese documento podría haber sido redactado

perfectamente por el PNV».

CLARO, que´ si se conoce la personalidad de su principal autor, no extraña para

nada esta similitud de criterios con lo de, digamos, Arzallus, por ejemplo.

Porque ni Larrea, ni Setién, ni Larrauri son los inspiradores principales de la

parte mes «política» del ducumento —ellos son hombres de teoría— sino que se

trata del obispo auxiliar de Bilbao, monseñor Juan María Uriarte, cuyas

afinidades e inclinaciones afectivas por el PNV son conocidas de todos.

Pero como los obispos siempre encienden una vela a Dios y otra al diablo, el

documento tiene partes muy positivas. Así, por ejemplo, la inequívoca y caliente

defensa del orden democrático y su exposición del papel que las Fuerzas Armadas

han de ejercer en una democracia. (Y tiene partes lamentables, como hablar de la

«represión» de Madrid, de las acciones «militares» de ETA y olvidar —¡qué

olvido!— de los casi 400 muertos a manos del terror. Entre otras).

Pero, a juicio de los expertos consultados por este columnista, el aspecto más

positivo, y el más importante del documento reside en el hecho de que han tenido

que ir los militares a Euskadi para que, por primera vez, la Iglesia vasca por

boca de sus más altas jerarquías, se pronuncie, con claridady contundencia,

contra ETA, contra el terrorismo. Hasta ahora, las reacciones eclesiásticas eran

vagas condenas de la violencia y gaseosas llamadas a «la paz».

Esto, indudablemente, pone en marcha un mecanismo cuyas consecuencias son

difíciles de prever, cuando.tales mensajes sé distribuyan a través de los

pulpitos de Euskadi, donde el fenómeno terrorista tiene tantas connotaciones

religiosas.

Finalmente, quizá los dos aspectos más graves del documento vasco sean su escasa

contundencia al mencionar el fenómeno ETA y, sobre todo, la gran insolidaridad

con el resto de España que el texto revela. Y su total inoportunidad. Como decía

un prelado; «Lo más grave de todo es la insolidaridad, que en un obispo es

inaceptable.»

Mientras tanto, el presidente de los obispos, Gabino Díaz Merchán, se enteró del

jaleo cuando estaba a punto de ser recibido por el Papa...

 

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