Disgusto en el Gobierno y en el Ejército. 
 Pastoral conjunta de los obispos del País Vasco sobre la grave situación actual     
 
 ABC.    09/04/1981.  Página: 16-17. Páginas: 2. Párrafos: 21. 

Disgusto en el Gobierno y en el Ejército

Pastoral conjunta de los obispos del País Vasco sobre la grave situación actual

BILBAO. Firmada por los obispos da Vitoria, de Bilbao, da San Sebastián y

auxiliar da Bilbao, se ha hecho pública, en las tres diócesis, una carta

pastoral conjunta de los citados obispos, titulada «Salvar la libertad para

salvar la paz». La carta pastoral dice textualmente lo siguiente:

«Queridos hermanos:

Estamos atravesando uno de los momentos más delicados y trascendentales de

nuestra historia reciente.

La estabilidad democrática y la pervivencfa misma de sus instituciones corren un

grave peligro.

La situación es especialmente preocupante entre nosotros. Las acciones

subversivas de ETA y las medidas represivas del Gobierno central tienen aquí su

escenario principal. Nuestro régimen autonómico, apenas iniciado, puede quedar

bruscamente interrumpido.

El ánimo colectivo percibe esta situación y sufre un creciente quebranto. Las

ilusiones de ayer se desvanecen. El desencanto se convierte en miedo y éste

llega, en muchos, ai umbral de la desesperación.

Esta sombría situación interpela con apremio a la conciencia cristiana. Muchos

diocesanos esperan una palabra que aporte claridad y esperanza, en medio de la

confusión y ei desaliento del momento presente.

Los obispos nos sentimos impulsados, por nuestra responsabilidad pastoral, a

recoger esta interpelación. No podemos callar en las actuales circunstancias.

Juan Pablo II ha dicho recientemente: «Sin un respeto profundo y generalizado de

la libertad, la paz escapa al hombre.» Desde nuestra condición de pastores,

deseamos contribuir a salvar esta libertad, sin la cual es imposible la paz

verdadera. Con este propósito formulamos unos criterios para promover una

lectura cristiana de la situación y unas reflexiones para confortar la esperanza

de muchos y suscitar la respuesta activa que requieren las actuales

circunstancias.

I. LOS GRAVES RIESGOS DEL MOMENTO PRESENTE

1ETA persiste, obstinadamente, en acciones militares orientadas, en buena parte,

a hostigar a las Fuerzas Armadas. A partir del intento de golpe de Estado del 23

de febrero, ha intensificado su actividad provocadora, como lo había anunciado.

Los últimos asesinatos son triste prueba de esta calculada estrategia.

Todo hace pensar que esta conducta pretende, al menos, colocar a) país al borde

de una situación límite de confrontación, si es que no intenta, directamente,

provocar un golpe de Estado que implante la dictadura y lleve a cabo la

ocupación militar del País Vasco, generando de ese modo en la población un

malestar favorable a su proyecto político revolucionarlo.

Algunos sectores de la población vasca comparten y apoyan, en modos y niveles

diversos, el proyecto y la estrategia de estos grupos subversivos. Al propio

tiempo, otro grupo de signo contrario, el Batallón Vasco Español, se les opone

frontalmente, con muertes y acciones violentas igualmente reprobables.

2 La misión de las Fuerzas Armadas en todo Estado de derecho consiste en servir

a las Instituciones que el pueblo se ha dado. No les corresponde dictaminar

sobre la legitimidad de su proceso democrático. Las posibles modificaciones de

las leyes básicas en que se funda la convivencia política deben ser el resultado

de un debate en el seno de las citadas instituciones. Cuando las Fuerzas Armadas

se erigen en juez de dicho proceso y se sienten tentadas a intervenir,

constituyen un serio peligro, más que una auténtica defensa del pueblo.

A la luz de estos principios, ha de reprocharse cualquier intervención militar

que intente suplantar un orden legal aprobado por el pueblo, implantando otro

por la fuerza. Esta condena se torna aún más severa e imperiosa si el nuevo

orden instaurado consiste en una dictadura, más o menos encubierta. La vida

política ha de conservar siempre su independencia respecto de las Fuerzas

Armadas y no debe estar sometida a la presión de ellas.

3 La seguridad individual y cívica es un valor necesario para el desarrollo de

ja libertad. Pero la seguridad a cualquier precio rebaja al ser humano. Los

abusos contra la libertad no se subsanan renunciando a ella, sino mediante un

esfuerzo colectivo difícil pero posible, dentro del orden legal justo.

«Tampoco la pasividad ante los problemas cívicos es una actitud responsable. El

futuro

de los hombres y de los pueblos se labra paciente, activa y solidariamente.

Cuando ese futuro está en peligro, la postura verdaderamente humana consiste en

defenderlo y promoverlo con espíritu magnánimo. Esta´ promodon activa por la

libertad nos es urgida a tos creyentes desde la entraña misma de nuestra fe. El

miedo a la libertad, verdadera tentación de nuestro tiempo, no es coherente con

el proyecto cristiano de hombre nuevo que participa de la libertad del

resucitado, y esta llamando a hacer efectiva en todos los niveles de la vida

humana. Inhibirse de las responsabilidades cívicas no es actitud digna de un

discípulo de Jesús que ha recibido de su Señor la tarea de ser fermento activo

de la historia.

El momento presente reclama de creyentes y no creyentes unas posiciones netas y

generosas. Es preciso que unos y otros sepamos estar a la altura de nuestra

condición humana y nuestra fe cristiana.»

II. CONSOUDAR U LIBERTAD, TAREA DE TODOS

-Nuestra frágil democracia necesita, para asentarse establemente, el concurso de

toda la sociedad. Todos somos, en un grado u oteo, responsables de la delicada

situación presenta. Ella nos urge a individuos y grupos a un examen

retrospectivo de nuestros criterios, actitudes, acciones y omisiones. Apremia a

decidirse netamente a favor de la libertad del pueblo para decidir un proceso

democrático y autonómico y en contra de toda intervención violenta que ponga en

peligro dicha libertad.

No basta que retiremos a cualesquiera fuerzas de desestabilización nuestro apoyo

y simpatía. Es preciso un rechazo positivo y practico de sus acciones.

La comunidad cristiana y sus pastores no podemos quedar al margen de este

esfuerzo colectivo. Muy al contrario, hemos de insertarnos decididamente en,él.

La Iglesia ha de mostrarse, especialmente en estas circunstancias, más

preocupada por la defensa de tos derechos del hombre que por la salvaguarda de

tos suyos propios. Ningún cálculo táctico, ningún temor a perder poder o

seguridad debe frenar la libertad de nuestra palabra y acción proféticas. Una

tarea eclesial nos parece primordial en estos momentos: la educación cristiana

de las actitudes sociopolíticas de tos creyentes. Hay una ética de la actividad

y de la confrontación política que le es absolutamente necesaria a la sociedad.»

«Este aliento ético debe humanizar la pasión política, tantas veces ciega,

intransigente e Insolidaria. En este terreno, los cristianos, si somos fieles al

Evangelio, podemos y debemos prestar a nuestro pueblo un inestimable servicio.

Algunos grupos y estamentos sociales tienen por su papel especial en la vida

pública una responsabilidad peculiar de cara a nuestro futuro:

1. Los gobernantes del Estado tienen el derecho y el deber de adoptar ante la

violencia armada las medidas que sean necesarias para defender a la sociedad. A

la hora de dictadas y de aplicarlas, han de mantenerse, con exquisito cuidado,

dentro de los límites exigidos por los derechos fundamentales de las personas,

de los grupos sociales y de los pueblos.

Las medidas excepcionales temporales que, en razón del bien común, pudieran

justificarse, deberán en todo caso ser fruto de una libre decisión del poder

político, su aplicación habrán de respetarse los derechos inalienables de las

personas y deberá restablecerse cuanto antes la normativa.» (Cfr. «Gaudium el

Spes», 75.)

Asimismo, cualquier discriminación en el ejercicio del poder judicial que haga a

éste severo para con unos v débil para con otros, Sólo los representantes

legítimamente designados están llamados a ejercer las funciones de gobierno.

Toda presión coactiva de otras fuerzas o poderes tácticos en el ejercicio de

estas funciones constituye un atropello a la libertad democrática. El pueblo,

que ha elegido a sus gobernantes,

«La misión de las Fuerzas Armadas en un Estado de derecho consiste en servir a

las instituciones»

degrada el noble ofició de la justicia y provoca la rebeldía de los menos

favorecidos.

Sólo los representantes legítimamente designados están llamados a ejercer las

funciones de gobierno. Toda presión coactiva de otras fuerzas o poderes tácticos

en el ejercicio de estas funciones constituye un atropello a la libertad

democrática. El pueblo, que ha elegido a sus gobernantes, tiene derecho a

exigirles que eviten al máximo cualquier injerencia de otros estamentos en el

cumplimiento de su mandato.

2. Nuestro pueblo tiene igualmente derecho a esperar del Gobierno autonómico

actuaciones firmes y netas ante toda amenaza a su libertad y a su voluntad

autonómica.

La carencia de las atribuciones legales necesarias no lo eximen del deber de

poner en juego, al servicio de la erradicación del terrorismo todo el peso moral

que posee ante amplios sectores de la población vasca. Los ciudadanos vascos

esperan que, con una entereza semejante, sepa oponerse a todo intento militar de

interrumpir o recortar el proceso democrático, y, puesto que es responsable de

garantizar la aspiración autonómica de nuestro pueblo, es justo esperar que, en

su diálogo con el poder central, sepa defenderla ante toda presión que intente

desvirtuarla.

3. Sectores inmovilistas de la sociedad española no han aceptado la reforma

del régimen político, ni se han resignado a perder definitivamente su hegemonía.

La democracia recién instaurada es, en su opinión, la raíz de los problemas

mayores del momento presente.

Este grupo social encuentra un eco favorable en importantes sectores de las

Fuerzas Armadas que, hostigados por la acción de ETA y penetrados de una

peculiar concepción de la unidad de España, no son insensibles a las voces que

les invitan reiteradamente a una intervención militar que controle el proceso

político español.

El intento del golpe de Estado del 23 de febrero último, y su notable influencia

en la marcha ulterior de la vida política española son prueba de la realidad y

gravedad de esta tentación.

4. Aumenta el número de ciudadanos que, decepcionados o asustados por los

abusos que se cometen bajo la cobertura de la democracia, se encuentran cada vez

más dispuestos a renunciar a la libertad, en aras de la seguridad. Identificando

la paz con el mero orden público, añoran un sistema de gobierno fuertemente

autoritario.

Son, tal vez, más numerosos los que asisten con una pasividad cómoda,

indiferente o afligida, al curso de unos acontecimientos que comprometen el

futuro de todos.

III. CRITERIOS PARA UNA VALORACIÓN CRISTIANA DE LA SITUACIÓN

1. Hemos de condenar una vez más, con voz neta y dolorida, las amenazas, los

secuestros, el «impuesto revolucionario», los asaltos a bienes ajenos e

instalaciones públicas perpetrados por los grupos armados. Sobre todo, no nos

cansaremos de alzar insistentemente nuestra voz en contra de las muertes

causadas en nombre de una supuesta justicia o estrategia revolucionaria. Estas

muertes envilecen a sus autores, avergüenzan o exasperan a los ciudadanos,

deterioran el sentido ético del respeto a la vida y manchan la imagen de nuestro

pueblo.

2. Las innegables deficiencias del actual modelo sociopolítico, la dureza de

algunas leyes que no garantizan suficientemente los derechos fundamentales de la

persona, los abusos cometidos por Fuerzas del Orden Público, no justifican estas

muertes ni invalidan la legitimidad de un proceso democrático respaldado por la

voluntad mayoritaría de nuestro pueblo en sucesivas consultas electorales. Por

ello, los grupos armados, que dicen actuar en nombre del pueblo vasco, no pueden

aducir en favor de sus acciones mandato ni consentimiento popular.

Quienes de este modo ignoran la voluntad del pueblo y ponen en peligro su

supervivencia misma, se comportan como enemigos de ese pueblo al que dicen

querer defender.

3. Los partidos y agrupaciones políticas tienen la responsabilidad de anteponer

el bien común del pueblo y del Estado a los intereses de partido, por legítimos

que éstos sean. Este principio ético, siempre válido, cobra especial actualidad

en la situación presente, y se concreta en la renuncia a aquella estrategia y

comportamientos que ponen hoy en peligro la libertad democrática y el proceso

autonómico (Cfr. «Gaudium et Spes», número 75).

Salvar la libertad para salvar la paz requiere de todos nosotros un inmenso es-

fuerzo de reconstrucción. Tal esfuerzo 6,,ge un caudal de esperanza y de

fortaleza q*e nos haga transformar el desencanto y e\ miedo en compromiso

realista. Cuando el ánimo colectivo de un pueblo decae, paralelamente se

debilitan su capacidad de trabajo y de sacrificio. Nuestro pueblo no puede

permitirse el lujo de sucumbir al desaliento que amordace las energías que

necesita para rehacerse. Las dificultades son para vencerlas, no para quedar

atrapados en ellas.

Nada puede ayudarnos a los creyentes tanto como nuestra te cristiana a la hora

de generar esta esperanza, a la vez paciente y activa, que nace de la

resurrección de Jesús. Si sabemos extraer de nuestra fe el suplemento de aliento

que necesita nuestro pueblo, y logramos hacerlo presente y operante en el

corazón de las personas, de los grupos y de las Instituciones de la sociedad,

habremos hecho verdad las palabras del Concilio Vaticano Segundo: «El gozo y las

esperanzas, las tristezas y angustias del hombre de nuestro tiempo..., son

también gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo.»

(«Gaudium et Spes», número 1).—Bilbao, San Sebastián y Vitoria, 1 de abril de

1981: José María, obispo de Vitoria; Luis María, obispo de Bilbao; José María,

obispo de San Sebastián; Juan María, obispo auxiliar de Bilbao.

Declaraciones en Roma

Díaz Merchán se extraña de las reacciones de la pastoral

ROMA. El presidente de la Conferencia Episcopal Española, monseñor Gabino Díaz

Merchán, arzobispo de Oviedo, manifestó en Roma su «extrafieza» ante las

reacciones suscitadas por la reciente pastoral de los obispos vascos.

Preguntado acerca de la pastoral publicada por tos obispos de Bilbao, Vitoria y

San Sebastián, monseñor Díaz Merchán afirmó, en primer lugar, que tiene «que

apoyar el derecho de los obispos a hablar, desde el punto de vista ético y

religioso, aunque toquen problemas temporales», si bien matizó que no podía

juzgar el fondo de ese escrito por no conocer directamente los problemas del

País Vasco.

 

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