Autor: Urbano, Pilar. 
   La pastoral     
 
 ABC.    09/04/1981.  Página: 17. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

Hilo directo

La pastoral

¡Cómo estaban sus señorías, rojos, azules y violetas, con la pastoral de los

obispos vascos! Les oí decir improperios y frases condenatorias de la más

caliente indignación, la otra tarde en el Congreso. (Cómo estaban los militares

«a nivel teniente coronel y comandante», que es el nivel militar más lector de

periódicos tempraneros! En algunas salas de banderas (bares de oficiales o

«Imperios» se les llama) llegó a clamarse «jes lo de siempre... ETA sin los

curas no seria nada!» y «¿acaso pretenden equiparar al Ejército con el

terrorismo?». ¡Cómo estaban los señores ministros! Buen grado de enfado se podía

detectar en los aledaños de Defensa, Exteriores. Interior y Justicia. La

calificación más suave sobre el documento de los «eplscopus» vascos fue

«Inoportuno, ambiguo, desafortunado, ínjerente...». Algún ministro me mostraba

la pastoral «Salvar la libertad para salvar la paz», donde se habían subrayado,

en verde, frases como «cuando las Fuerzas Armadas se erigen en juez del proceso

democrático y se sienten tentadas a Intervenir constituyen un serlo peligro, más

que una auténtica defensa del pueblo», o «sectores de las Fuerzas Armados (...)

penetrados de una peculiar concepción de la unidad de España...» o «ETA persiste

obstinadamente en acciones militares...». Y con el dedo índice golpeaba la

palabra «militares», emparejada a las «acciones de ETA».

|Y cómo estaban algunos obispos, de otras diócesis, con la sorprendente prédica

de su tres hermanos del Norte! El presidente y el secretario de la Conferencia

Episcopal, monseñores Díaz Merchán e Iribarren, metieron el texto en el

portafolios cuando ya estaban con el pie en la escalerilla del avión que les

trasladaba a Roma, para ser recibidos por el Papa.

Fuentes del Ministerio de Justicia comentaban agoreramente «esa pastoral no va a

producir empeoramiento en las relaciones Santa Sede-España..., pero habrá que

dejar las cosas bien claras». Si por las cuestiones «enseñanza privada» y

«divorcio» la Santa Sede tenía sus temores hacia las decisiones políticas

españolas, ahora el vector receloso cambia de signo, «oportunamente magnificado

el escándalo de los políticos por la declaración de tres eclesiásticos». Lo

cierto es que el presidente del Gobierno llamó, inmediatamente, al nuncio

Inocenti a su despacho de Moncloa para «expresarle su disgusto y el de su

Gobierno». Me extrañó que la queja trascendiese la raya «ministro de Asuntos

Exteriores», y pregunté también. Explicación «oficial»: «PérezLlorca tenía toda

la mañana de Interpelaciones en el Congreso... y el presidente quiso llevar

personalmente el tema». Explicación´«filosófica»: «Dentro de su política de

gestos, Calvo-Sotelo ha querido "gesticular" sin demoras y al más alto nivel.»

¿Y por qué llamó al nuncio —diplomático eclesiástico representante de ese Estado

llamado Santa Sede— como si se tratase de un «caso de choque con obispos

extranjeros»? Me responde el propio ministro PérezLlorca: «Porque el Gobierno de

España, en asuntos de Iglesia, trata con la Santa Sede, y sólo su representante

oficial, el nuncio, es nuestro interlocutor». Aún quisf saber si hubo alguna

indicación previa desdi el vértice militar.

Moviendo la cabeza con energía, negó: «No, no, no... jyo juraría que no!».—

Pilar URBANO.

 

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