Autor: Martín Descalzo, José Luis. 
 Cara y Cruz. 
 Iglesia y constitución     
 
 ABC.    12/12/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Cara y cruz

Iglesia y Constitución

Alguien ha señalado en estos días su extrañeza ante el silencio de la Iglesia

oficial española en la celebración del III aniversario de la Constitución.

Efectivamente, si se exceptúa la justa y medida intervención del cardenal

Tarancón —a titulo personal— en un programa conmemorativo de Televisión y. la

presencia del nuncio en la solemne sesión de las Cortes (si bien estaba allí más

como diplomático que como representante de la Iglesia), lo demás parece haber

sido silencio. ¿Nadie invitó a los obispos a esta sesión de Cortes? ¿No

acudieron habiendo sido invitados? Formulo estas dos preguntas al presidente de

la Conferencia Episcopal y monseñor Díaz Merchán me dice que, al menos él, no ha

recibido invitación alguna. Le pregunto si habría asistido de haberla recibido y

me dice que sí, que con gusto, que incluso le. ha extrañado no haberla recibido,

pero que él nunca hace problema de estas cosas. Lo malo es que muchos han podido

interpretar esa ausencia como una negativa o un desinterés. Lo malo es que el

hombre de hoy juzga por imágenes. Lo peor es que, mientras hemos podido ver

fotos de los jefes militares aplaudiendo en la tribuna de invitados, muchos

católicos nos estamos aún preguntando si los obispos aplaudieron o no en esa

jornada.

La cosa me parece importante porque parece estar abriéndose una zanja entre los

demócratas españoles y los obispos. Estos, que antes de la aprobación masiva de

la Constitución por parte de los españoles supieron —salvo alguna excepción—

mostrarse no sólo comprensivos, sino positivamente favora.bles al proyecto.—aun

cuando mantuvieran, como muchos mantuvimos, reservas a tal o cual formulación—,

están dando últimamente la impresión de que las tornas se hubieran vuelto y que

hoy lo mayoritario fuera entre ellos la distancia o incluso el desinterés

respectóla la ley de leyes que rige a los españoles.

Personalmente creo que se exageró al juzgar la actitud de los obispos españoles

el 23 de febrero. Es cierto que les faltó rapidez a la hora dé alistarse con la

libertad, es también cierto que fueron confusas las primeras manifestaciones de

su portavoz, pero tanto en el telegrama que el día 24 dirigieron al Rey, como en

el comunicado que ese mismo día hicieron público, como en el más amplio texto

que emanaron al concluir la asamblea que entonces celebraban, su apuesta a favor

de la Constitución era nítida y clara.

Pero uno se teme que el silencio en esta conmemoración —que por primera vez han

vivido intensamente todas las fuerzas políticas, sociales o de opinión que aman

la libertad— vaya a empujar a muchos a confirmarse en la idea de que los obispos

en este tema prefieren nadar y guardar la ropa ante posibles problemas de

futuro.

Corrió es lógico, no estoy pidiendo a los obispos que hagan política en el

sentido partidista de esta palabra. Y no lo hago porque no creo que apostar por

la Constitución sea algo partidista.

Tampoco pide nadie a los obispos que canonicen la Constitución en bloque. Muchos

periódicos al adherirse a este homenaje han tenido buen cuidado de recordar que

ese texto es perfectible y que estarían dentro de su derecho los" españoles que

deseasen reformaría en algún puntó por vías legales. Lo que los españoles han

aplaudido el pasado martes es un texto legal que —más o menos perfecto— abre

caminos de libertad y garantiza la convivencia. ¿Acaso estas dos cosas no son"

valores cristianos? ¿Ño estaría muy dentro de la función episcopal proclamarlos

y. defenderlos?

Curiosamente esto sucede además con una Constitución que no ha chocado con la

Iglesia, que incluso la ha aceptado y reconocido en su propio texto legal. Todos

recordamos otras Constituciones españolas que fueron un verdadero «trágala» para

los creyentes y que crearon serios traumas a sacerdotes y obispos que se negaban

a jurarla. Hoy, por fortuna, no es así. Y no voy a pedir yo que —como ocurrió en

1821, durante el trienio constitucional— dé el Gobierno una ley ordenando que

los sacerdotes expliquen la Constitución —un artículo cada domingo— después de

la homilía. Pero creo que bastará con que jos sacerdotes expliquen el Evangelio

entero para que con ello queden suficientemente explicados muchos de los

derechos humanos que nuestra Constitución proclama y tutela.

Un dato positivo en este camino es la noticia publicada hace una semana de que

durante estos días se explicaría —por orden de la FERE—el texto constitucional

en todos los colegios dirigidos por religiosos y religiosas. Podrán hacerlo sin

forzar en absoluto sus conciencias, porque, aunque formulados civilmente, no

pocos de sus artículos son plenamente cristianos. Y cristiano es el gran afán

pacificador que late en el fondo dé la Constitución.

Lo confieso: me hubiera gustado una palabra de los obispos en esa jornada.

Palabra exigente, porque el mayor defecto de esta Constitución es lo mal que la

estamos cumpliendo en algunos de sus aspectos más sociales, pero palabra de

confiado apoyo a los valores de la libertad. Palabra contra nadie, ya que la

Constitución fue aprobada por el 88 por 100 de los votos emitidos y porque hoy

es ley obligante para todos. Tal vez les bastaría haber repetido lo que decían

en el telegrama al Rey el 24 de febrero expresando «su profunda adhesión al

mensaje real de respeto a la Constitución, de normalidad democrática y de serena

concordia entre los españoles». Porque una cosa es la separación entré la

Iglesia y el Estado y otra muy diferente el desinterés por la libertad de la

Patria. Aparentarlo simplemente es algo peligroso. Porque el silencio puede ser

una manera de apostar por quienes en estos días se han callado.-J. L. MARTIN

DESCALZO.

 

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