Apelan al esfuerzo comunistario. 
 Llamamiento de los obispos ante el terrorismo y la crisis     
 
 ABC.    15/05/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

Apelan al esfuerzo comunitario

Llamamiento de los obispos ante el terrorismo y la crisis

MADRID. Con palabras realistas, ánimo sereno y profundo espíritu cristiano, la

Comisión Permanente del Episcopado Español ha emitido un comunicado pastoral

«ante el terrorismo y la crisis del país». En el documento, que transcribimos

íntegro, se arranca de un análisis ponderado de las causas del «sentimiento de

postración, de desconfianza y miedo» que han Negado a ser estándar en nuestra

sociedad, para hacer una llamada urgente al «fortalecimiento moral de la vida

privada» y a la responsabilidad de todos en la colaboración con las fuerzas

políticas, sociales y económicas «en orden a la mejora de la vida del hombre, de

la justicia social, del respeto al orden constitucional y a la convivencia en el

pluralismo».

Son constantes del documento episcopal las apelaciones al esfuerzo solidario

común frente a las lacras del terrorismo y del paro; y en todo momento adoptan

los redactores de los diez puntos del comunicado una incuestionable perspectiva

de «miembros de la sociedad» afectados por los hechos y de «pastores de la

Iglesia» llamados a «confortar e iluminar el ánimo y la conciencia de los

hermanos en la fe».

El contenido de la pastoral es el siguiente:

1 Una vez más, nuestra reunión episcopal se celebra en momentos difíciles´ para

la sociedad española. Aumenta en nuestro pueblo un profundo malestar, mezcla de

sentimiento de postración, de desconfianza en las instituciones, de miedo a la

violencia y de preocupación por el futuro.

2 Motivo muy principal de esta actitud generalizada es el crecimiento incesante

del paro, que angustia a millares de familias, que deshace moralmente a los

trabajadores sin empleo y descorazona a los jóvenes. Y, al paro, otras lacras

como la violencia callejera, el alcoholismo, la droga, el deterioro de la

familia y la quiebra de los valores morales.

3 Sobre este inquietante panorama des taca el duro azote del terrorismo, cuyos

autores están poniendo á prueba, con sus crímenes, la resistencia moral de

nuestro pueblo. Estos delitos abominables vulneran muy gravemente la ley de Dios

y la dignidad del hombre, no pueden justificarse por ningún objetivo, ni

económico ni político.

4 Como miembros de la sociedad también nosotros nos vemos profundamente

afectados por estos hechos, compartimos el dolor y la indignación que provocan

en todos los ciudadanos honestos. Como pastores de la Iglesia nos sentimos

llamados a confortar e iluminar el ánimo y la conciencia de nuestros hermanos en

la fe.

5 Sufrimos con el llanto de las viudas, de los hijos de las víctimas, pedimos a

Dios para ellos el consuelo y la esperanza de la fe cristiana. Nos preocupa

también el cuadro de reacciones que. el terrorismo puede provocar: unos se

sienten empujados hacia la desesperación y al abatimiento; otros hacia

reacciones de venganza inmediata, respondiendo a los terroristas con la ley del

Talión; en tanto que algunos -abogan por la abolición drástica del sistema de

libertades que garantiza la Constitución.

6 Participan de la inmoralidad del terrorismo cualquier tipo de colaboración

con sus autores, ya sea de apoyo directo, ya de simple justificación del hecho

terrorista para fines interesados. Pero no basta la condenación de estos hechos.

Es necesario defender, con solidaridad, los valores que destruye el terrorismo,

dejando a un lado diferencias secundarias, aunque sean legítimas. Se impone dar

prioridad al esfuerzo común por la defensa de la vida, por la convivencia

pacífica, por la justicia social, por la seguridad de las personas y, por la

regulación legal de todas las libertades.

7 Estos trances dolorosos constituyen una clara llamada de Dios al

fortalecimiento moral de nuestra vida privada,.familiar y social. Las más de las

veces, el terrorismo florece en sociedades minadas por el debilitamiento moral

de la población, o por una inversión manifiesta de la jerarquía de valores.

8 Los esfuerzos del Gobierno y de-las fuerzas sociales por disminuir el

desempleo y crear puestos de trabajo tendrán que verse secundados por la

aceptación por todo el cuerpo social de un reparto más equitativo del trabajo y

de la renta, ajustando las cargas que se nos impongan en pro de una mayor

justicia distributiva. En lo que atañe al terrorismo, al declive moral, al clima

de pesimismo y desaliento es notoria la responsabilidad de los medios de

comunicación social, por su .poder de cohesión, de disgregación, de

esclarecimiento, de confusionismo, de estímulo y de desaliento.

Mucho cabe esperar de ellos, precisamente en este año, en que el lema de la

jornada mundial de las comunicaciones sociales es el servicio de éstas a la

libertad responsable de los hombres.

9En suma, tenemos que afrontar entre todos1 la salida de la crisis, sobre todo

en lo que arrastra de pesimismo psicológico, de inhibición moral. Con la ayuda

de Dios y con confianza en nosotros mismos podemos y debemos superar esta

depresión. Si es cierto que la España oficial no debe caminar aparte de la

España real, por la misma razón se debe afirmar lo contrario. Hay que erradicar

la desconfianza, sistemática en las personas y en las instituciones públicas,

así como las descalificaciones premeditadas y globales de cualquier propuesta de

solución que venga de los poderes públicos.

10 Son de signo positivo las colaboraciones entre el Gobierno, los partidos, los

sindicatos, las patronales y otras fuerzas de la sociedad, para fines del bien

común. Los grandes objetivos patrióticos de la justicia social, el respeto al

orden constitucional y la convivencia respetuosa dentro del pluralismo merecen

el respaldo de todos; no faltará el de la Iglesia, a cuyos miembros pedimos un

testimonio auténtico de fraternidad y de esperanza en esta coyuntura de la

comunidad española.

 

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