Autor: Vila, Joaquín. 
 El Papa en España. En el Palacio de Oriente. 
 También fue pastor para los políticos     
 
 ABC.    03/11/1982.  Página: 20. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

En el Palacio de Oriente

También fue pastor para los políticos

MADRID (Joaquín Vila ). Juan Pablo II es, ante todo, el Papa de la Iglesia

Católica, el pastor universal. No hay que olvidar, sin embargo, que también es

un jefe de Estado. Por «lio, cuando realiza un viaje fuera de Roma saluda, en

acto oficial, a las autoridades políticas del país visitado. Así, ayer, a las

diez y media de la mañana, el Palacio Real de Madrid se vistió de gala para

recibir al Papa. Se trataba, pues, de un acto oficial; pero la pasión de los

miles de personas que se congregaban en los alrededores y la propia emoción de

las autoridades desbordaron una vez más el protocolo. Y el encuentro se

convirtió en una auténtica fiesta.

Eran poco más de (as diez y media de la mañana cuando el helicóptero que

trasladaba al Papa aterrizó en los jardines de Palacio. Allí fue recibido por

los Reyes y sus hijos, quienes acompañarían a\ Santo Padre durante su recorrido.

Mientras, y desde mucho antes, miles.de personas vitoreaban y aclamaban a Juan

Pablo II. Al entrar en e) Palacio, el Papa saludó al séquito del Vaticano, así

como a los cardenales y obispos españoles que suelen acompañarle. Luego, sala a

sala, fue estrechando la mano y dedicando unas breves palabras a las

autoridades.

Inició su recorrido conversando con los padres del Rey, Don Juan de Borbón y

Doña Mercedes, y el resto de la Familia Real, a quienes finalmente bendijo. En

la siguiente habitación saludó al presidente del Gobierno en funciones, Leopoldo

Calvo-Sotelo, y a Felipe González, quienes junto a sus esposas se encontraban en

un lugar preferente. Luego lo haría con el Gobierno en funciones en pleno, los

presidentes de las Cortés y el Senado, Landelino Lavilla y Cecilio Valverde; los

presidentes del Tribunal Constitucional y el Consejo General del Poder Judicial,

a los presidentes de las comunidades autónomas y a tos de los entes

preautonómicos. Asistieron también al encuentro los representantes de los

partidos políticos y grupos parlamentarios: Fraga, Suárez, Carrillo, Pujol... Ei

Papa, asirnismo, saludó al presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor,

teniente general Lacalle Leloup; a los miembros de (a JUJEM y el presidente del

Tribunal de Cuentas del Reino. El recorrido del Papa por las salas del Palacio

fue, por tanto, pausado. El Rey le precedía presentándole a las autoridades. Y

él, sonriente,. bendecía a unos, acariciaba a los niños y tenía palabras de

afecto y gratitud para todos.

Por fin, e! Papa llegó a la sala del Trono. Allí pronunció su discurso, tan

eargado de contenido como siempre. El denso silencio permitía escuchar el propio

eco de sus palabras. Luego se acercó al balcón .situado sobre la plaza de la

Armería, donde los miles de personas-allí congregadas irrumpieron alborozadas

aclamándole. Juan Pablo II extendió sus brazos en gesto de gratitud, mientras

les saludaba diciendo: «Muchas gracias a todos. El Papa quiere a todos los

españoles, especialmente a los madrileños.»

A renglón seguido, abandonó el salón del Trono y descendió la escalera de

Embajadores, para tomar el coche especial en el que abandonaría el Palacio. El

Rey, la Reina, el Príncipe Felipe y las Infantas Elena y Cristina se despidieron

del Papa besándole la mano, mientras se interpretaba el himno nacional. El

público presente en la plaza estallaba de júbilo. Juan,Pablo II abandonó el

Palacio, en coche, bendiciendo a los fieles.

A lo largo de la recepción, el Papa charló animadamente con los Reyes. En algún

momento, opacase para subrayar sus palabras, gesticulaba y movía los brazos..

Aparte del encuentro con la Familia Real, se entretuvo unos segundos con Calvo-

Sotelo, Felipe González, Mayor Zaragoza y Suárez. Ya a la salida de la

recepción, cuando el Papa había abandonado el Palacio Real, los líderes se

mezclaron charlando unos con otros. Y el público, desde mucho antes y hasta

mucho después, en la plaza de la Armería y en los alrededores, vibró. El acto

oficial se convirtió en una fiesta pastoral. Porque, como diría monseñor

Tarancón, que escuchó al Papa junto a Felipe González, «Juan Pablo II ha

pronunciado un discurso conveniente. El acto se ha desarrollado espléndidamente.

Y creo que era lógico que se celebrara en Madrid.»

 

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