Autor: Martín Descalzo, José Luis. 
 El Papa en España. 
 En nombre de la Humanidad     
 
 ABC.    03/11/1982.  Página: 19. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

En nombre de la Humanidad

Que Juan Pablo II haya vuelto, en su discurso de ayer ante políticos y

parlamentarios, al tema de la concordia civil, que ya iniciara en el aeropuerto

de Barajas, prueba claramente que este viaje, además de su objetivo central de

robustecer la fe de los católicos, tiene un segundo .y también muy importante

objetivo: clarificar el puesto de la Iglesia en la nueva sociedad española, un

puesto no hostil ni reticente, sino integrador.

El Papa, con palabras de tal claridad que no precisan comentario, ha ido tocando

uno a uno los grandes temas que se agitan en la España de hoy. Ha mostrado su

respeto a los diputados elegidos en votación calificándoles de «legítimos

representantes del pueblo», y ha subrayado este respeto para disipar todo tipo

de posibles malentendidos, de inventados recelos.

La Iglesia, ha dicho, respeta la tarea «de construir sobre bases renovadas

nuestro presente y nuestro futuro». Y no trata de entrar en el campo político,

que reconoce como autónomo de la sociedad civil, si bien, como es lógico, pide

«la misma consideración hacia su misión cuando se trata de la esfera de cosas

que miran a Dios y que rigen la conciencia de sus hijos» y ha precisado que no

sólo las que se refieren a la conciencia individual e interior, sino también a

la social y a la pública.

Ha aludido, incluso, a la construcción del Estado de las autonomías, y lo ha

hecho con una excepcional prudencia, sin emitir juicios que. no son de su

competencia, pero recordando que han de respetarse tanto la unidad nacional como

las peculiaridades de los diversos

pueblos que la integran, y señalando que hay que preservar «la armónica

convivencia, la,solidaridad, el mutuo respeto y el bien de todos». No se podía

hablar más claro, ni con más discreción.

No ha faltado tampoco una clarísima alusión al golpismo o a las tentaciones del

mismo, al desear «que se salvaguarde siempre la libertad solidaria y

responsable» y que se tutelen «las legítimas opciones y el debido respeto entre

ellas».

Pero ha insistido muy especialmente en el papel de los católicos en ese nuevo

contexto de España. Han de «promover relaciones fraternas» entre los españoles,

todos/tendrán que contribuir en la búsqueda de la concordia, de la libertad y de

la convivencia. Pero deberán exigir y esperar que el sistema de libertad de la

España de hoy y de mañana «se base en todo momento en la observancia de los

valores morales de la misma persona».

Quienes en algún momento temieron que el Papa viniera a apoyar alguna opción

política, quienes sospecharon que venía a empujar a media España contra la otra

media, se equivocaron de base. Por ello, es de esperar que nunca más haya

nieblas en las relaciones entre la Iglesia y el Estado, entre los católicos y

quienes no lo son. Los católicos nunca pedirán nada que no haya sido pedido

antes por la simple dignidad humana.

De ahí que al grito de los católicos —«Bendito .el que viene en nombre del

señor»— podría añadirse ahora el grito de todos los españoles: «Bendito el que

también viene en nombre de la dignidad del hombre.»—J. L. MARTIN DESCALZO.

 

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