El Papa en España. En la misa en la Castellana. 
 Tajantes definiciones del Papa sobre familia, aborto y educación     
 
 ABC.    03/11/1982.  Página: 23-24. Páginas: 2. Párrafos: 19. 

EL PAPA EN ESPAÑA

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En ia misa en la Castellana

Tajantes definiciones del Papa sobre familia, anorto y educación

«El derecho de los padres a la educación religiosa de sus hijos debe ser

particularmente garantizado»

En el más Importante de los discursos pronunciados hasta ahora por el Papa, ayer

durante la misa en la Castellana, el Pontífice dijo lo siguiente:

¡Queridos hermanos y hermanas, esposos y padres!: Permitidme que siguiendo la

palabra de Dios proclamada en la liturgia de hoy os recuerde el momento en que,

mediante - el sacramento de la Iglesia, os habéis convertido en esposos ante

Dios y ante los hombres. En momentos tan importantes, la Iglesia, sobre todo,

invitó e invocó solemnemente al Espíritu Santo para que esté con vosotros

conforme a la promesa que los apostóles recibieron de Cristo: «El Consolador, el

Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os

recordará, todo lo que yo os he dicho.»

Así pues, aí mismo tiempo que por la oración al Espíritu Santo os habéis

convertido en cónyuges en virtud del sacramento de la Iglesia, y en este

sacramento permaneceréis durante los días,, las semanas y los años de vuestra

vida. En este sacramento, en cuanto cónyuges, os convertís en padres y formáis

la comunidad fundamental, humana^y cristiana; compuesta -por padres e hijos,

comunidad de vida y de amor. Hoy me dirijo, ante todo, a vosotros, quiero orar -

con vosotros y también bendeciros, renovando la gracia en la que participáis

mediante el sacramento del matrimonio.

Hoy más que nunca es necesaria esta presencia del Espíritu: una presencia que

siga corroborando entre vosotros el tradicional sentido de familia y que os haga

experimentar dichosamente, en lo;más profundo de vuestro ser, un impulso

constante a orientar el matrimonio y la misma vida de familia según las palabras

y el don de Cristo.

Hoy más que nunca se hace también necesario este impulso interior del Espíritu,

Para que con él, vosotros, los esposos cristianos, aun viviendo en ambientes

donde las normas de vida cristianas no sean tenidas en la justa consideración o

puedan no hallar el debido eco en la vida social o en los medios de comunicación

más accesibles al hogar, seáis capaces de realizar el proyecto cristiano de la

vida famitiar.

Resistiendo y superando con e) dinamismo de vuestra fe cualquier presión

contraria que pueda presentarse. Sabiendo discernir entre el bien y el .mal: ño

faltando a la obediencia debida a los preceptos del Señor, continuamente

recordados por el Espíritu a través del magisterio de la Iglesia.

Hablando del matrimonio, Jesús nuestro Señor hizo referencia «al principio», es

decir, al proyecto original dé Dios, a la verdad del matrimonio.

EL MATRIMONIO, INDISOLUBLE

´Según este proyecto, el matrimonió es una comunión de amor indisoluble. «-Esta

íntima unión, como mutua entrega de dos personas,

lo mismo que el bien de ios hijos, exigen plena fidelidad conyugal y urgen su

indisoluble unidad.» Por ello, cualquier ataque a la indisolubilidad conyugal, a

la par que es con* trario al provecto original de Dios, va también contra la

dignidad y la verdad del amor conyugal. Se comprendé, pues, que el Señor,

proclamando una norma válida para, todos,1 enseñe que no le es lícito al hombre

separar, lo que Dios ha unido.

Confiados como estáis al Espíritu, que os recuerda continuamente todo lo que

Cristo nos dejó dicho, vosotros, esposos cristianos, estáis llamados a dar

testimonio de estas palabras del Señor: «No separe el hombre lo que Dios ha

unido.»

Estáis llamados a vivir ante ios flemas la plenitud interior de vuestra unión

fiel y perseverante, aun en presencia de normas legales que puedan ir en otra

dirección. Así contribuiréis al bien de la institución familiar, y daréis prueba

—contra lo que alguno pueda pensar— de que el hombre y la mujer tienen la

capacidad de donarse para siempre, sin que el verdadero concepto de libertad

impida una donación voluntaria y perenne! Por esto mismo os repito (o que ya

dije en la exhortación apostólica «Familiaris consortio»: «Testimoniar .e! valor

inestimable de la indisolubilidad^ de ia fidelidad matrimonial es uno da los

deberes más preciosos y urgentes de las parejas cristianas de nuestro tiempo.»

FECUNDIDAD MATRIMONIAL

Además, según e! plan de Dios, el matrimonio es una comunidad de amor

indisoluble ordenado a la´vida como continuación y com-, plemento de tos mismos

cónyuges. Existe una relación inquebrantable entre el amor conyugal y la

transmisión de la vida, en virtud de la cual, como enseñó Pablo VI: ,«Todo acto

conyugal debe permanecer abierto a la-transmisión de la vida.» Al contrario—como

escribí en la exhortación apostólica «Familiaris consortio»—, «al lenguaje

natural que expresa la recíproca donación total de los esposos, el

anticoncepcionismo impone un lenguaje objetivamente contradictorio, es decir, el

de no darse al otro totalmente: se produce no sólo el rechazo positivo de la

apertura a la vida, sino también una falsificación de la verdad interior del

amor conyugal».

EL PROBLEMA DEL ABORTO

Pero hay otro aspecto, aún más grave y fundamental, que se refiere al amor

conyugal como fuente de la vida: hablo del respeto absoluto a la vida humana,

que ninguna persona o institución, privada o pública, puede ignorar. Por ello,

quien negara la defensa a la persona humana más inocente y débil, a la persona

humana ya concebida, aunque todavía no nacida, cometería una gravísima violación

del orden moral.

Nunca se puede legitimar la muerte de un inocente. Se minaría el mismo

fundamento de la sociedad.

¿Qué sentido tendría hablar de la dignidad del hombre, de sus ´derechos

fundamentales, si no se protege a un inocente, o se llega incluso a facilitar

los medios o servicios, privados o públicos, para destruir vidas humanas

indefensas? ¡Queridos esposos! Cristo os ha confiado a su Espíritu para que no

olvidéis sus palabras. En este sentido, sus palabras son muy serias: «¡Ay de

aquel que escandaliza a uno de estos pequeñuelosl: ... sus ángeles en el cielo

contemplan siempre el rostro del Padre.» El quiso ser reconocido, por primera

vez, por un niño que vivía aún en el vientre de su madre, un niño que se alegró

y saltó de gozo ante su presencia.

3. Pero vuestro servicio a la vida nú se limita a su transmisión física.

Vosotros sois , los primeros educadores de vuestros hijos.

EL DERECHO A LA EDUCACIÓN

Tratándose de un deber fundado sobre la vocación primordial de los cónyuges a

cooperar con la obra creadora de Dios, le compete el correspondiente derecho de

educar a los propios hijos. Dado su origen, es un deber derecho primario en

comparación con ta incumbencia educativa de otros, insustituible e inalienable;

esto es, que no puede delegarse totalmente en otros ni otros pueden usurparlo.

No hay lugar a dudas de que, en el ámbito de la educación, a la autoridad

pública le competen derechos y deberes, en cuanto debe servir al bien común.

Ella, sin embargo, no puede sustituir a los padres, ya que su cometido es el de

ayudarles para que puedan cumplir su deber-derecho de educar a los propios

hijos, de acuerdo con sus convicciones morales y religiosas.

La autoridad pública tiene en este campo un papel subsidiario y no abdica sus

derechos cuando se considera al servicio de los padres; al contrario, ésta es

precisamente su grandeza: defender y promover el libre ejercicio de los derechos

educativos. Por esto vuestra Constitución establece que «tos poderes públicos

garantizan el derecho de los padres a que sus hijos reciban la formación

religiosa y moral que está en conformidad con sus propias convicciones».

Concretamente, el derecho de los padres a la educación religiosa de sus hijos

deber ser particularmente garantizado. En efecto, por una parte, la educación

religiosa es el cumplimiento y el fundamento de toda educación que tiene por

objeto —como dice también vuestra Constitución— «el pleno desarrollo de Ja

personalidad humana». Por otra parte, el derecho a la libertad religiosa

quedaría desvirtuado en gran medida si los padres no tuviesen la garantía de que

sus hijos, sea cual fuere la escuela que frecuentan, incluso la escuela pública,

reciben la enseñanza y la educación religiosa.

¡Queridos hermanos y hermanas! ¡Maridos y mujeres! ¡Padres y madres! ¡Familias

de la noble España: de la nación y dé la Iglesia!

Conservad en vuestra vida las enseñanzas del Padre que os ha proclamado el Hijo;

las enseñanzas que el Hijo ha confirmado con su cruz y con su resurrección.

Conservad estas enseñanzas sagradas con la fuerza del Espíritu Santo, que os ha

sido dado en el sacramento del matrimonio.

El Padre que ha venido a vosotros en ei Espíritu, habite en vuestras familias

mediante este sacramento, junto con Cristo su eterno Hijo. Mediante estas

familias españolas, siga desarrollándose la gran causa divina de la salvación

del hombre sobre la Tierra. Amén.

 

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