Autor: Miguel Rodríguez, Amando de. 
   Los obispos tienen razón     
 
 Diario 16.    01/10/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

Los obispos tienen razón

El autor, que ha sido objeto de la censura eclesiástica durante muchos años por

defender el aborto y otros conceptos condenados por el dogma católico, no tiene

inconveniente en reconocer que, en la «guerra de los catecismos», los clérigos

tienen razón. Eso sí, aparte de darles la razón, pide que el Estado no les

otorgue ni .un privilegio ni una peseta más. Y que también pueda enseñarse en

las escuelas que oponerse al aborto es un crimen.

Qué guerra más falsa la de los catecismos. Se cumple en ella el axioma

sociológico que dice que los conflictos sociales se manifiestan para acallar los

verdaderos conflictos. Que´ necio es discutir si los obispos tienen o no razón

de imprimir en los catecismos sus ideas sobre el aborto. Claro que la tienen.

Únicamente cabría recordarles que durante años y años (todos los míos) esos

mismos obispos o sus antecesores hicieron todo lo posible para prohibir,

cercenar, acogotar todas las demás opiniones sobre el aborto. Por ejemplo la

mía, tantas veces como lo intenté.

Está bien que los obispos puedan imprimir en un texto escolar que el aborto es

un crimen. Sólo les pediría que no obstaculizaran mi derecho a imprimir en un

texto escolar (soy autor de alguno, reiteradamente censurado por los clérigos y

por los funcionarios amedrentados por los clérigos) otras opiniones. Por ejemplo

ésta, que es la que más se acerca a mi pensamiento: que el aborto es un derecho

humano. El crimen está en prohibirlo. Ninguna mujer puede ser presionada a tener

un hijo no deseado.

Mi opinión es tan no constitucional como la de los obispos. ¿Quién ha dicho que

no debe haber libertad para otras opiniones que no sean las que enuncie la

Constitución? Apañados estaríamos con una interpretación tan estrecha.

A pesar de que la Iglesia ha sido intolerante con tantos cristianos, respondamos

cristianamente siendo tolerantes con la Iglesia. Los obispos exigen «autonomía

para difundir su doctrina». Gracias sean dadas al Señor. Desde Recaredo

estábamos esperando una cosa así. Por mí que les den toda la autonomía del

mundo.

Lo más lejano a la autonomía es la dependencia del Estado y la mayor dependencia

es la económica. Desde hace más de cuarenta años la Iglesia viene recibiendo

todo tipo de sueldos, exenciones tributarias, donaciones, terrenos,

subvenciones, coches oficiales y demás prebendas, todas ellas pagadas por el

Estado. Nada más alejado del espíritu posconciliar y de la Iglesia actual.

. Seguramente, será la Iglesia católica en España la empresa económica que más

propiedades ha acumulado en el último medio siglo. No sólo porque no paga

suficientemente a sus trabajadores (los pobres clérigos de pueblo, las sufridas

monjitas), sino porque ha recibido miles y miles de millones de pesetas del

Estado, es decir, de todos nosotros, los «paganos». Este es et gran monumento

del franquismo que nadie ha sabido desmontar. Si no lo hace el Gobierno

socialista no lo hará nadie más en la historia.

Por desgracia se ha seguido un camino que no lleva a la salida del laberinto,

sino que penetra más en él: la prohibición administrativa de los catecismos

antiabortistas.

Déjese en buena hora que cada Iglesia (no sólo la católica) difunda sus ideas.

En su día, la Iglesia de Roma combatió el interés del dinero, defendió la

esclavitud, abominó del liberalismo, combatió a los sindicatos obreros. Todo eso

fue cambiando. También alterará su doctrina sobre el aborto como lo hizo con ía

de los anticonceptivos.

Pero eso si, seamos consecuentes con la doctrina de la separación constitucional

de la Iglesia y el Estado y con la exigencia de «autonomía». Ni una peseta más

del Presupuesto del Estado. Que los tonsurados se las arreglen con las limosnas

de los fieles, que es lo evangélico.

No pido que devuelvan al Estado lo que injustamente han arrebatado al mismo_

durante los últimos cuarenta y tantos años. Eso sería pedir actos heroicos y

nadie está obligado a tanto. Mucho menos los obispos. Pobre de ellos, que se van

a quedar sin clientela. Qué espectáculo tantriste, su postura sobre el aborto,

tan claramente derivada de su penosa condición de célibes. Compasión cristiana

es lo que hay que tener con ellos. Compasión y ni una peseta más.

 

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