Exhortación colectiva del Episcopado Español. 
 Los obispos proponen un programa para la Iglesia     
 
 Ya.    30/07/1983.  Página: 27-28. Páginas: 2. Párrafos: 20. 

Sábado 30-VII-1983

Religión.

Exhortación colectiva del Episcopado Español

Los obispos proponen un programa para la Iglesia

Es indispensable un mayor esfuerzo de unidad y coordinación

Nuestra patria ha protagonizado desde 1975 a hoy uno de los cambios más

espectaculares de su historia

El programa socialista presenta una impronta laicista que difiere en puntos

importantes del pensamiento católico

Se corre el riesgo de sustituir el Estado no confesional de la Constitución por

la beligerancia en favor de una sociedad que relega lo religioso y moral a lo

privado

«La visita del Papa y la fe de nuestro pueblo» es el título de la exhortación

colectiva del Episcopado Español presentada ayer y que lleva fecha de 25 de

julio, fiesta del Apóstol Santiago. Consta de 19 folios, que resumimos en sus

líneas esenciales:

«Con la visita apostólica del Papa Juan Pablo II —comienza—, la comunidad

católica española recibió-un impulso sin precedentes para ejercer debidamente

sus responsabilidades dentro del proceso histórico que vive nuestro país. El

momento de su venida no pudo, ser más oportuno. El Papa, ampliamente informado

de nuestra realidad histórica, social y religiosa, quiso pulsar el latido del

pueblo cristiano de España, y el conjunto de sus enseñanzas incide sobre todos

los sectores de la Iglesia y de la sociedad. Durante los meses transcurridos

desde su visita, los obispos españoles hemos procurado asimilar su mensaje, y

con la presente exhortación damos a conocer a la comunidad católica española, y

a cuantos quieran escucharnos con benevolencia, nuestras actitudes y compromisos

al respecto.

La sociedad en que vivimos

Sin pretensiones científicas ni exhaustivas observamos fa sociedad en que

vivimos. Muchos rasgos-de la sociedad española son comunes con la humanidad de

hoy: desequilibrio entre progreso técnico y empobrecimiento moral,. celeridad

violenta de los cambios, pluralismo, conciencia-agudizada de los derechos

humanos no carente de algunas contradicciones, desconexión con el pasado y

perplejidad ante el porvenir. Como peculiaridades propias, la sociedad española,

a pesar de sus fuertes desequilibrios regionales, ha experimentado una subida

general del nivel de conocimientos, tiene amplias posibilidades de expresión y

comunicación, progresa en madurez crítica ante las múltiples ofertas ideológicas

y políticas.

Al hablar de cambio social, hay que remitirse al espectacular desarrollo

económico de los años cincuenta-sesenta, con las oleadas emigratorias y-el-

fenómeno de la gigantesca invasión turística. Un seísmo social de tal alcance

provoca siempre grandes repercusiones humanas, desarraigo, pérdida de

tradiciones y "referencias sociales, falta de reflexión y de relaciones

ijycrpentafi´ates, llega a amenazar la propia identidad de un pueblo.

Economía y democracia

La euforia colectiva se vio truncada por la fuerte crisis económica con la

inflación pertinaz, el paro masivo, la pobreza, las frustraciones personales, el

incremento de la delincuencia y del deterioro social.

En este contexto difícil, España ha protagonizado desde 1975 a hoy uno de los

cambios más espectaculares de su historia, optando con firmeza por un régimen

político de convivencia democrática.

Es de destacar el acceso democrático al poder, por primera vez en nuestra

historia, de un partido corno el socialista que en sutración histórica y en su

programa presenta una impronta laicista que difiere en puntos importantes del

pensamiento católico: Aunque rio pocos de sus militantes y muchos de sus

votantes se declaran cristianos y miembros de la Iglesia, con el paso del tierno

se viene manifestando la tendencia, ya presente en etapas anteriores, a

implantar una escala de valorees marcada por un humanismo agnóstico y disociada

en gran parte del patrimonio, cultural y moral del pueblo español. Por ese

camino se correría el riesgo de sustituir el carácter de un estado no

confesional garante de la libertad religiosa y cooperador con las iglesias, como

es el que describe la Constitución, por la beligerancia oficial en favor de una

sociedad que relega lo religioso y lo moral a la esfera estricta de lo privado.

Promover la convivencia

El ejercicio de la libertad religiosa no tiene por qué ser factor de

enfrentamientos predominios ni exclusiones. Es más, nos parece una obligación

por nuestra parte promover y consolidar fórmulas de convivencia en que se

compaginen los derechos de todos y se haga justicia a la historia y al presente

de la sociedad española en su verdadera complejidad, sin mutilaciones ni

violencias. ´ Obligada referencia de nuestra Iglesia es el Concilio Vaticano II

En términos generales, veinte años más tarde los católicos españoles, sus

pastores y su clero hemos experimentado una transformación histórica de signo

favorable que capacita a nuestra Iglesia para ejercer su misión en la sociedad

actual. La reforma litúrgica,- la potenciación de la catequesis, la nueva

conciencia eclesial, el espíritu colegial de los obispos, junto a la

participación corresponsable del pueblo, el replanteamiento teológico y pastoral

de las relaciones Iglesia - Estado y sobre todo el empeño y fidelidad evangélica

de obispos, sacerdotes, religiosos y laicos constituyen un proceso colectivo de

conversión y comunión. Es imprescindible un serio examen de conciencia,

volviendo con humildad los ojos a nuestros errores y pecados.

Riesgos y costos del posconcilio

Los católicos españoles no estábamos t especialmente preparados para comprender

y asimilar las enseñanzas del Concilio. No obstante, las mismas raíces católicas

de nuestra historia y la fuerte vitalidad de nuestra Iglesia hicieron posible la

ingente tarea de la renovación conciliar, no sin titubeos, conflictos, graves y

lamentables costos personales, excesos, desviaciones y omisiones. En muchos

ambientes eclesiales se despertó un fuerte movimiento de autocrítica y-de

revisión de las formas tradicionales de nuestro catolicismo. Lo que comenzó

siendo crítica de formas históricas derivó con. frecuencia hacia actitudes

desmesuradas, destruyendo en vez de renovar. En otros casos, se practicó una

resistencia sistemática a! cambio renovador urgido por el Concilio. El diálogo

con las nuevas corrientes de pensamiento se ha hecho a veces sin suficiente

formación doctrinal, con una ingenua admiración de lo nuevo desprovista de las

indispensables cautelas críticas, desde indefinidos sentimientos de inseguridad

y culpabilidad histórica, que han llevado con frecuencia a la aceptación de

innovaciones culturales incompatibles en sus aspiraciones de fondo con la

comprensión católica de la vida.

Una cierta heterodoxia´

Por el otro extremo han sido también frecuentes los casos de una ruptura

absoluta y pregonada del necesario diálogo con los valores culturales

contemporáneos, desde actitudes sistemáticas de condena.

Determinadas personas y grupos han llegado a concepciones de la fe y de la

Iglesia difícilmente conciliables con la sana doctrina católica, dando lugar a

un cierto grado de fragmentación de la

comunidad católica en grupos incomunicados, recelosos y hasta enfrentados entre

sí. Tales grupos ignoran frecuentemente la función docente -unificadora que

corresponde´ a los obispos en unión con el sucesor de Pedro.

Estos vaivenes y crisis no han afectado en profundidad a la gran masa de

nuestros fíeles ni en la firmeza de su fe-ni en su entrañable pertenencia a la

Iglesia. La comunidad católica- española sigue estando constituida por la

inmensa mayoría de los ciudadanos del país.

Desde la serenidad y la esperanza

Se impone propiciar entre todos uña situación de serenidad y reflexión.

Necesitamos llegar a situaciones de mayor claridad y confianza en nosotros

mismos. Una comunidad creyente no puede, sin gravísimo riesgo, centrarse por

largo tiempo sobre sí misma, buscando eternamente su propia identidad. La

Iglesia católica vive hoy en España en el marco de unas instituciones

democráticas legítimamente establecidas y libremente aceptadas por el pueblo

español. Es preciso que nos acostumbremos a vivir como una comunidad concreta y

bien definida, dentro de un ámbito social y cultural, que no siempre comparte

nuestra fe ni nuestros criterios morales, fomentando por nuestra parte, .como

Juan Pablo II dijo en Barajas, «un clima de respetuosa convivencia con las otras

legítimas opciones, mientras exigimos el justo respeto a las nuestras». Se

impone esclarecer y potenciar nuestro sentido de pertenencia a la comunidad

creyente, que nunca ha visto ni verá plenamente encarna* dos en una realización

social o política concreta todos los valores del Evangelio. Urge recuperar la

confianza en nuestras propias riquezas y ofrecer a los demás, con humildad y

franqueza, unos tesoros que ellos necesitan como nosotros y que son tan suyos

como nuestros.

No somos una Iglesia autónoma

No cabe fortalecer la identidad cristiana sin la proclamación diáfana de la fe

en la Iglesia, aunque ésta pueda entrar a veces en colisión con algunos de los

rasgos o fenómenos de la cultura dominante. Aunque los católicos españoles

poseemos una historia propia, no constituimos una Iglesia autónoma y

autosuficiente. La Iglesia de Jesucristo no puede ser entendida ni valorada sino

desde la fe en Dios. No podemos quedarnos en ser meros signos de los tiempos,

sino que debemos, llegar a ser «signos de vida eterna en el mundo de hoy». El

cristiano ha .de -implicarse en las grandes causas del hombre: sus derechos

inalienables, su promoción integral y la humanización creciente de sus

condiciones de vida.

Objetivos primordiales de los obispos

Objetivos primordiales de la Conferencia Episcopal Española son: el propósito

firme de potenciar la vida cristiana de nuestro pueblo; el afán de humanizar

toda la vida social; la formación intensa y sólida mediante una actividad

catequética integral, fiel a las orientaciones del Papa. En una sociedad como la

nuestra, donde se cruzan tantas ideologías diversas, es indispensable

fundamentar una fe verdaderamente personal, clarificada y arraigada, que no

dependa de los vientos de cada hora ni de las opiniones de cada persona, sino

que sea la más perfecta asimilación posible de la fe católica y universal de la

Iglesia. Nos sentimos obligados a impulsar la preparación y formación permanente

de todos ios agentes de pastoral.

Que la fe de los cristianos se vea iluminada y fortalecida en las facultades y

centros teológicos, por cuantos difunden doctrinas relacionadas con la fe o la

moral en revistas eclesiales. Estimamos en todo su valor el esfuerzo realizado

estos año&jxv profesores y escritores y casas editoras. El bien de la Iglesia

pide que este trabajo se desarrolle con plena conciencia de responsabilidad y en

sincera fidelidad a la fe eclesial, cuyo intérprete auténtico y vinculante es el

magisterio vivo de tos legitimes pastores. Cuando esto falta, lo que por

desgracia ocurre a veces entre nosotros, el esfuerzo intelectual resulta baldío

y, más que cosechar, desparrama.

A la vez que reconocemos la vitalidad de nuestras iglesias particulares, creemos

que es también indispensable un mayor esfuerzo de unidad y coordinación,

^firmando la legitimidad y riqueza de las agrupaciones de cristianos promovidas

por el deseo de una dimensión más humana para compartir y celebrar la fe, no se

puede ignorar el riesgo de que quienes asi se agrupan puedan perder el sentido

de pertenencia a la única comunidad misteriosa y sacramental y jerárquica que es

la Iglesia única y verdadera.

Nuestra Iglesia necesita hoy con urgencia de la participación consciente y

responsable de los seglares en sus estructuras organizativas. Las profundas

transformaciones culturales reclaman de la Iglesia un nuevo esfuerzo de

evangelización, cuyos destinatarios habrán de ser aquellos sectores más alejados

de la fe o más pobres en su vida religiosa. En este momento histórico nuestra

Iglesia debe plantearse seriamente el diálogo con la cultura, enriqueciéndose

con las aportaciones de los hombres más lúcidos. La síntesis entre cultura y fe

no es sólo una exigencia de la cultura, sino también de la fe. Se han de buscar

inteligentemente cauces de diálogo permanente con quienes no comparten las

convicciones de su fe, pero sí el propósito de lograr la convivencia.

Hemos de acentuar nuestro esfuerzo de servicio al hombre en favor.de la verdad,

del respeto, de la educación; de la dignificación, de la igualdad fundamental de

todos dentro de la sociedad. Expresamos la confianza de que el catolicismo

español dispone de recursos humanos y de vigor espiritual para abordar, sin

presunción ni complejos, los problemas del presente y los caminos del porvenir.

Para conseguir estos objetivos nos proponemos una serie de acciones concretas, a

las que todos" desde ahora quedan invitados.

Otras ideas del documento

• La libertad religiosa no tiene por qué ser factor de enfrentamientos

predominios ni exclusiones.

• La autocrítica a lo tradicional ha derivado con frecuencia en actitudes

desmesuradas que destruyen en vez de renovar.

• Ingenua admiración de, lo nuevo sin las necesarias cautelas críticas.

• Injustificables actitudes sisméticas de condena del diálogo.

• Se ha llegado a concepciones de la fe difícilmente compatibles con la sana

doctrina católica.

• Un cierto grado de fragmentación de nuestra Iglesia con grupos recelosos y

hasta enfrentados entre si,

• Estos vaivenes y crisis no han afectado en profundidad a la gran masa de

fieles.

• Es preciso que nos acostumbremos a vivir en un ámbito sociocultural qué no

siempre comparte nuestra fe ni nuestros criterios morales.

• Respetuosa convivencia a tas legítimas opciones mientras exigimos el justo

respeto a las nuestras.

• La comunidad creyente nunca ha visto ni verá plenamente encarnados en una

realización política concreta todos los valores del Evangelio.

• No constituimos una Iglesia autónoma ni autosuficiente.

• Nuestra Iglesia en este momento histórico debe plantearse seriamente el

diálogo con la cultura.

Directrices pastorales concretas

«El servicio a la fe de nuestro pueblo. Directrices pastorales de la Conferencia

Episcopal» es el título del documento complementario presentado ayer. Estos son

los cauces operativos concretos que proponen los obispos.

1 Encuentros de estudio de teólogos, pastora-listas, sacerdotes y laicos sobre

el servició a la fe.

2 Publicación de un plan fundamental de formación de catequistas, Responsable:

Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis.

3 Aplicación-del documento «La catequesis en la comunidad». Responsable: la

misma comisión.

4 Congreso Nacional de Catequistas. Responsable: la misma comisión.

5 Congreso de Educadores Cristianos. Responsable: Consejo General de Ja

Educación Cristiana.

6Plan de participación de los fieles en la liturgia. Responsables: Comisiones de

Liturgia y Medios de Comunicación Social.

7 Promoción de la formación de las conciencias y acciones para el respeto a la

vida humana. Responsable: Comité especial ya constituido.

8 Comprom´so y solidaridad con el mundo de los pobres y marginados,. mayor

inserción en ese mundo, plan de ayuda a los parados/ apoyo a iniciativas para el

Tercer Mundo, impulso- de las semanas sociales, reorientación colectiva de la

pastoral de emigrantes. Responsables: Comisiones de Pastoral Social, de

Apostolado Seglar y de Migraciones.

9Atención pastoral a la juventud: cursillos de iniciación a la militancia,

encuentros por regiones, fomento de grupos juveniles, atención a los jóvenes

tras la confirmación, fomento de vocaciones sacerdotales y religiosas.

Responsables: Comisiones de Apostolado Seglar. Misiones, Mixta´ y Enseñanza y

Catequesis.

10 Congreso sobre «Evangelización y hombre de hoy». Responsables: Comisiones de

Pastoral. Relaciones Interconfesionales. Apostolado Seglar, Medios de

Comunicación Social.

11 Creación de .catecumenado en las diócesis. Responsables: Comisiones de

Liturgia y de Enseñanza y Catequesis.

12 Asambleas regionales sacerdotales: Responsables: Comisiones del Clero y

Mixta.

13 Notas doctrinales de la Plenaría de Obispos, de la Permanente y de las

comisiones sobre oración y vida cristiana, situación y tareas de la Iglesia en

una sociedad democrática y pluralista, responsabilidad de los cristianos en la

vida pública, reconciliación con Dios y sacramento de la penitencia, defensa de

la vida humana, paz y desarme, visión cristiana de la sexualidad humana,

aspectos éticos y exigencias morales ante la crisis económica y el paro.

14 Encuentros con profesores, escritores, directores de revistas, empresas

editoriales católicas, para tratar el programa pastoral de la Conferencia y

buscar su colaboración. Responsables: Comisiones de Seminarios y Universidades,

Medios de Comunicación.

15 Encuentros de intelectuales católicos. Responsables: Comisiones de Seminarios

y Universidades y Doctrina de la Fe.

16 Convocar a informadores y escritores católicos. ofreciendo información,

formación y sentido de Iglesia. Responsable: Comisión de Medios de Comunicación

Social

 

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