La programación religiosa en el medio televisivo. 
 Estados Unidos: Multiforme programación en cientos de cadenas con alta audiencia     
 
 Ya.    04/03/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

en el medio televisivo

Estados Unidos: Multiforme programación en cientos de cadenas con alta audiencia

. En Estados Unidos, los programas de contenido religioso que se emiten en la

vasta red de cadenas y estaciones de televisión se cuentan por miles y sus

modalidades por centenares. Para comenzar, en este país es ya bastante

complicado definir qué-es o qué no es «programación religiosa». En un sistema

que está muy regulado por el Gobierno, concretamente por la Federal

Comunications Commission (FCC). En USA, el número de estaciones privadas o

«comerciales» de televisión supera los ocho centenares, a los que hay que añadir

otras 270 estaciones «públicas» (que reciben algún tipo de ayuda o financiación

del Gobierno y, según sus estatutos, no persiguen una finalidad lucrativa). Para

los norteamericanos, consiguientemente, cualquier mensaje o programa de carácter

religioso o «evangélico» que se emite por las antenas, o que llega a los hogares

a través de la televisión-cable, tiene un nombre singular que se ha puesto estos

años muy de moda: «La iglesia electrónica», un vasto conglomerado de

denominaciones, iglesias y ministros que han decidido que el mejor pulpito o

foro para hacer llegar el mensaje de Dios´ es el tubo electrónico. Según

«predicadores electrónicos» de la fama del reverendo Jerry Fallweil (que

pertenece a Mayoría Moral, ua grupo de clara tendencia cristiano-conservadora)-

o Donald Wildmon (de la Coalición para una Televisión Mejor), la audiencia, de

programas religiosos en Estados Unidos supera los. cien millones de personas (en

una nación que se acerca a los 250 millones). Otros •cálculos, sin embargo, son

más prudentes. Tal es el «rating» hecho recientemente por la prestigiosa firma

A. C. Nielsen Company, quien, tras un análisis de audiencia de los diez

programas religiosos más escuchados, situó el número de seguidores de los mismos

en poco más de trece millones.

Tan amplia disparidad es posible que tenga relación con la sor-da batalla que,

en estos momentos, libran las tres grandes cadenas nacionales de televisión

(ABC, NBC y CBS) con las organizaciones y asociaciones que se han creado para

defender la moralidad y la decencia en la pequeña pantalla. Tal es el caso de la

potente organización Mayoría Moral.

El tiempo que los tres «networks», o cadenas, dedican a la programación

religiosa, la hora de emisión de estos programas y el mismo contenido han

cambiado mucho desde la-era histórica de los «pioneros de la iglesia

electrónica»; los célebres Fulton J. Sheen, los Billy Graham, Oral Roberts, Rex

Hurabard, etc.

Desde los años sesenta y, más pronunciadamente aún, desde los setenta, el estilo

de estos hombres que se asoman a la pequeña pantalla semanalmente es muy variado

y a tono con los´ problemas de nuestro tiempo. Ahora, los grandes hombres de la

palabra divina son Ernest Angley, Robert Shuller, o el célebre «Club de los 700»

del reverendo Robertson. En total existen hasta unos 68 predicadores de fama

nacional que han logrado «sindicar» o emitir en cadena sus programas o «sermones

electrónicos» cada domingo por´la mañana a las estaciones de televisión locales,

esto es, a las pequeñas estaciones que emiten a una comunidad rural o pequeña y

que descartan o quieren mejorar los programas «fabricados» por las tres cadenas.

El mercado de la programación religiosa es inmenso, pero para no confundirse

precisa de unas cuantas aclaraciones. Los programas religiosos, en principio,

son considerados en USA —por la Federal Communications Commission— como un

«servicio público» y como tal, las estaciones tienen el compromiso de ofrecer un

número de ellos de forma gratuita o voluntaria, a la comunidad a la que sirven,

lo que cada una de ellas cumple «religiosamente» para no incurrir en un

incumplimiento de las regulaciones o normativas bajo las que se rigen, al

recibir el permiso o «franquicia» del Gobierno Federal para emitir programas. Es

interesante explicar cómo cumplen este requisito las tres grandes cadenas o

«networks». La filosofía es virtualmente idéntica en los tres gigantes

americanos de la televisión: ABC (American Broad-casting Company), por ejemplo,

ofrece media hora de programación por semana, que generalmente se emite los

domingos, a las doce y media del día. El contenido lo decide el propio

departamento de noticias y de asuntos públicos de ABC, aunque mantienen estrecha

colaboración con las diferentes Iglesias o denominaciones religiosas (católicos,

protestantes, judíos, otras Iglesias de diversa tendencia), según su fuerza o

número de fíeles. Las diversas estaciones locales que están afiliadas a este

«network» emiten el mismo programa semanal pero a un horario que lo decide la

propia estación local o regional. NBC, segunda cadena de televisión -USA, sigue

una política muy parecida. Tiene unas 27 horas anuales de programación

religiosa, que se distribuyen en media hora de emisión los domingos o días

festivos. Esta cadena tiene un departamento especial de programación religiosa

donde se realizan los programas «en estrecha colaboración» con las diferentes

Iglesias y líderes religiosos. NBC nos ha manifestado qué, en los últimos años,

muchas de las denominaciones y jerarquías religiosas, a la hora de decidir el

tipo de contenido de la

programación aprovechan estos espacios para ofrecer temas- no exclusivamente

«evangélicos» y abordan problemas o tratan discusiones sobre temas sociales de

nuestros días, como el alcoholismo en los jóvenes, el problema de los retrasados

o minusválidos, el aborto, etc.

CBS, la tercera gran cadena, ofrece igualmente media hora de programación

religiosa todos los domingos del año desde las diez y media de la mañana a las

once. Su orientación es también «actual»: el programa tiene un formato muy

periodístico y se llama «para nuestro tiempo».

Venta de «espacio religioso» y fuerte demanda .

Tiene que entenderse que estos programas dé las tres grandes «cadenas» se

repiten, en su emisión, por los varios centenares de estaciones «afiliadas» a lo

largo y lo ancho de la geografía norteamericana, pero como éstas son

independientes económicamente dé las cadenas tienen la prerrogativa de ofrecerlo

a horas distintas o de cambiar su formato y contenido emitiendo programas de su

propia producción. Muchas de estas estaciones afiliadas «venden» espacio a las

organizaciones religiosas para que éstas emitan programas especiales de su

propio gusto. Existe, de hecho, una Asociación Nacional dé Productores de

Programas Religiosos que cuenta con 950 afiliados. Una red nacional muy

importante es la Christián Broadcasting Network, que produce el célebre

programa «Club de los setecientos». Tanto ésta como otras compañías similares

han incrementado mucho sus programas ante la llegada de la televisión-cable y la

fuerte demanda de estos servicios.

Las llamadas estaciones «inde-

pendientes» (cuyo nombre procede de su no afiliación a ninguna de las tres

cadenas) tienen su propia política sobre programación religiosa. Un caso típico

es la del canal 11 de Nueva York, que ofrece tres programas religiosos a´ la

semana, repartidos en tiempos de media hora, para las tres grandes religiones de

la zona neoyorquina: los católicos,, los protestantes y los judíos. Una cuarta

medía hora es distribuida en forma rotatoria para las tres denominaciones, pero

se: emite a las cuatro y media dé la madrugada.

La red de Televisión Pública, con unas 269 estaciones a lo largo y lo ancho de

Estados Unidos, tiene, a su vez, una política diferente en cuanto a la

programación religiosa. Toda su programación, según su estatuto, está

considerada como servicio público, por lo que sus programas de tendencia

religiosa se -hacen en un plano documental, muy vivo y de forma que no se

observe ninguna tendencia o inclinación hacia una ´u otra´de las diversas

denominaciones religiosas.

Aparte de estas consideracio-, nes de tiempo, espacio y orientación o contenido

de la programación religiosa, el tema vivo del momento en USA, a este respecto,

no es otro que el de la «moralidad» o «inmoralidad» del contenido de la

televisión comercial, esto es, de la televisión privada, que controlan los tres

grandes «Networks». La Coalición para una Televisión Mejor, que está financiada

por la «mayoría moral», ha planteado un desafío frontal a las grandes cadenas y

está a punto, de lanzar un segundo boicot nacional contra aquellos anunciantes y

grupos industriales que patrocinan programas televisivos que amenazan, por su

violencia o su pornografía, los más elementales principios de la decencia

pública.

 

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