Autor: Lafora, Victoria. 
   Les han dejado solos     
 
 Diario 16.    28/09/1983.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Les han dejado solos

Victoria Labora

El Gobierno se ha quedado solo, abandonado en su batalla contra los catecismos.

El resto de las fuerzas parlamentarias, o se alia claramente con la postura de

fuerza de la jerarquía eclesiástica, o se echa las manos a la cabeza

preguntándose cómo han podido cometer la torpeza de iniciar una batalla contra

«las conciencias».

«Nosotros no iniciamos nada, nos mantuvimos absolutamente callados», dice

compungido un alto cargo de la Administración ante las críticas que se les hacen

por lo estéril del mano a mano. Y añade: «Fueron ellos los que comenzaron a

filtrar al "Abe" la posibilidad de una prohibición para dar el campanazo.»

Hasta Santiago Carrillo se piensa la respuesta y opina: «El Estado no puede

entrar en la elaboración de los catecismos, que son una cosa de los curas;

bueno, quiero decir de la Iglesia. Lo que tiene que hacer es garantizar el hecho

de que en las escuelas el niño que no quiera recibir enseñanza religiosa

católica no padezca una discriminación con respecto a sus compañeros por

negarse.»

Total, nada; «a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César»´. La

oposición por la izquierda sumió ayer este refrán en toda su sabia extensión. ´

Et portavoz de la minoría catalana, Miguel Roca, dijo a su vez: «Puedo opinar si

la ´ asignatura de religión debe darse o no en los centros que son titularidad

del Estado, en los centros públicos, pero si de principio se acepta el hecho de

que se imparta la clase de religión, lo que no soy es partidario de ningún tipo

de censura.»

La respuesta del grupo popular fue, si se quiere, la más tajante de todas. Ya el

día antes el portavoz.

Herrero de Miñón, había dejado muy claro su apoyo a los obispos en este pulso

abierto con el Gobierno.

José María Ruiz

Gallardón decía: «Será la primera vez en la historia en que una simple orden

ministerial prevalece sobre un tratado internacional.»

Se. Refería concretamente a la orden ministerial de julio del 80 que permite al

Gobierno autorizar los textos y los acuerdos con el Vaticano.

Lo que decía, solos frente a la dureza de monseñor Yanes y sus apelativos a la

cuestión de la conciencia que son «imposibles» de rectificar.

Pese a todo, no estamos más que en un impasse en el que todavía todo puede

pasar.

 

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