Autor: Castro Zafra, Antonio. 
   La Iglesia y los cristianos para el socialismo     
 
 Arriba.    27/03/1977.  Página: 16. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

LA IGLESIA Y LOS CRISTIANOS PARA EL SOCIALISMO

Si no anduviese de por medio la Iglesia, esto de los cristianos para el

Socialismo (CPS) no tendría razón de ser. (Aunque hay gente para todo, y en

Londres funciona un club cuyos miembros sostienen que la Tierra no es redonda,

sino plana, y que todo eso de los astronautas y «una naranja azul que flota en

el espacio» es un camelo.)

Pero resulta que fue la Iglesia la que sentenció al marxismo, y como desde hace

un par de siglos se puede plantar cara al Papa, sin que eso signifique tocar la

trompeta para que le prendan fuego a uno, los CPS se proponen revisar ese

supuesto antagonismo cristiano-marxista. El tema invita a una reflexión sobre

varios hechos.

1. Las sentencias de la Iglesia sobre temas políticos no son de fiar.

Veamos. En los últimos doscientos años Roma habrá condenado unas cuatrocientas

doctrinas o tesis; de ellas, cerca de un centenar sobre temas políticos. Así,

¿revoluciones? Todas: la declaración de los norteamericanos y la de los

franceses. ¿Libertades que limitaran lejanamente el absolutismo regio? Todas.

Igual que los socialismos que siquiera remotamente pudiesen hipotecar el derecho

a la propiedad privada.

¿Cuántas de esas sentencias «políticas» quedan en pie? Probablemente ninguna.

Unas veces por evolución de la tesis rechazada por la Iglesia y otras —las más—

por evolución de los jueces de la Iglesia, lo cierto es que de dos siglos a esta

parte la única marcha que funciona en esa infernal máquina eclesiástica llamada

antes Santo Oficio es la marcha atrás. (Lo cual no indica otra cosa que el tal

organismo perdió hace tiempo su sentido de orientación, de norte y sur.) Según

una gráfica expresión tribal centroafricana, la Iglesia «se come sus tambores»

en teoría política.

A la vista de semejante conducta errática de la Iglesia, de condena de la

política por motivaciones políticas, y absolución de condenas por motivaciones

políticas, un historiador alemán concluía que «la Iglesia combate hoy a sus

amigos de mañana con la ayuda de sus enemigos de ayer».

2. El diálogo cristiano-marxista es inevitable y conveniente.

Es lo que hacen los CPS, y las estridencias de su último congreso la semana

pasada sugieren que ese diálogo no circula —por lo menos en esa ocasión— a la

altura Intelectual que exige el tema. Las dos únicas fuerzas ideológicas capaces

de dar coherencia a Europa por lo menos, cristianismo y marxismo,

no pueden ignorarse. El diálogo tratará de buscar la huella cerebral, la

identidad ideológica objetiva de uno y otro, para ver luego qué puede ceder cada

uno sin hipotecar su núcleo, a la vista de ciertas coincidencias en sus

objetivos.

Este diálogo es como desarticular un artefacto, y exige respeto, silencio y

profe-sionalidad. Quiero decir que agitando banderas, puños e himnos en las

iglesias sólo se avanza en la incitación a que otros grupos de signo contrario

repitan el número, sin que nadie tenga derecho a protestar. ¿O es que la reforma

política consiste en que un sector ideológico se alce ahora con la exclusiva de

lo que hacía antes su opuesto? Esto nos lleva a otra conclusión:.

3. Una de las partes del CPS no juega limpio.

Al finalizar el congreso de CPS en Madrid, sus portavoces dieron por sentada la

solidaridad fcon algunas reservas) de dos obispos auxiliares de la capital,

Iniesta y Echarren. Esto resultó falso, según los telegramas de ambos obispos

desmintiendo la adhesión. Poco antes, Iniesta y Echarren habían sido invitados a

la cena del eurocomunismo madrileño, pero no asistieron. Sin embargo, el

anfitrión anunció a bombo y platillo que había invitado a los dos obispos. La

cena rechazada y la adhesión que no llegó, ¿dónde está la noticia? En lo que

sugiere: dos obispos que tienden la mano al marxismo. Esto no es ob¡etivamente

así, aunque los marxistas han querido que parezca así. Una de las partes no

juega, pues, limpio. Se intenta forzar situaciones, imponer una estrategia de

hechos consumados. Y esto para un dialogo ideológico es una trampa, como poner

un cebo y aguardar con la escopeta montada a que piquen.

4. No sobran las explicaciones.

El espectáculo de un párroco que ofrece su iglesia como albergue y mástil para

todas las banderas de la Izquierda carece de sentido, si sigue siendo válido el

acuerdo de que fue un grave error que la Iglesia colgara banderas en sus

altares.

Estas situaciones merecen ser explicadas, sobre todo, cuando andan de por medio

obispos, cuya misión es esencialmente pastoral. Nadie va a salir pegando gritos

ante una explicación de los hechos (por lo menos, deseamos que no suceda así).

Con el silencio ocurre como con las escopetas, «que el demonio las carga»,

Antonio CASTRO ZAFRA

 

< Volver