Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   El gato Constitución     
 
 Hoja del Lunes.    15/08/1977.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Los episodios nacionales

EL GATO (CONSTITUCIÓN)

Mientras sus señorías redactan la Constitución -porque habiamos quedado en que éstas eran unas

Cortes constituyentes- tendremos que conformarnos con el mínimo del señor Herrero de Miñón. Todos

los diputados y senadores quieren llevarse ese gato al agua, porque el señor Herrero de Miñón ha tenido

la ocurrencia política de bautizar a su gato con el nombre de "Constitución". Lo que pasa es que sus

señorias, antes de empezar con lo de la Constitución, querrán arreglar lo de sus honorarios. Los

diputados de Cádiz se asignaron su mesada y sus dietas de asistencia y de viajes, y después ya pudieron,

tranquilamente, redactar la "Pepa", en cuyo artículo 6.° se nos decía que los españoles veníamos

obligados a amar a la Patria y a ser "justos y benéficos". Hubo algún diputado extremadamente virtuoso

en el arte de cobrar dietas, algo así como un antecesor de lo que le atribuyen malas lenguas al señor

Fugardo Sanz en las Cortes franquistas, y don José Manuel Vadillo -que era diputado por Cádiz, como

Rafael Alberti lo es ahora-, además de la mesada y las dietas de asistencia, cobró al Ayuntamiento por

un viaje de vuelta de Madrid a la señorita Del Mar más de seis mil seiscientos reales de vellón, que, en

pesetas constantes, servirían ahora para dar la vuelta al mundo. Los diputados de la II República se

asignaron 1.000 pesetas de mesada, y luego redactaron la Constitución del 31, en la cual se renunciaba a

la guerra, aunque eso solo duró cinco años, porque ya nos explicó don José María Gil-Robles que no fue

posible la paz.

No sé por qué me figuro que eso de la Constitución va a ir despacio, como dicen que van las cosas de

palacio, o seguramente por eso. Don Santiago Carrillo, con su nueva táctica del eurocomunismo, elude el

espinoso asunto de la forma de Gobierno en su proyecto constitucional y admite la subvención estatal al

clero, que tanto va desde el cardenal Gomá al cardenal Enrique y Tarancón. Algunos ilustres varones de

la Iglesia ya han dicho qua los gastos de culto y clero los deben pagar los fieles, con lo cual ya verán

ustedes cómo sobre el bolsillo de los ciudadanos creyentes descargan dos presiones fiscales: una como

contribuyentes y otra como feligreses. Además del impuesto sobre el trabajo personal, el plus para los que

anden por encuna de los dos millones al año, la contribución sobre la renta y los nuevos impuestos sobre

el lujo y sobre el patrimonio, nos van a resucitar lo de pagar diezmos y primicias a la Iglesia de Dios.

Sume usted a eso la cuota al sindicato y la aportación al partido, la cuestación del Cáncer, la Cruz Roja,

la de Cáritas y la del Socorro Rojo Internacional, y a ver qué nos va a quedar a los celtíberos para que la

parienta vaya al mercado, para comprarle a la niña los pantalones vaqueros, para tomarse unos

valdepeñas con los amigotes y para echar la quiniela. Nada: hay que hacer como los diputados. Pedir

aumento de sueldo.

Pero luego nos dicen que si cobramos más tenemos que pagar más impuestos. Que cuanto más cobremos,

más nos suben el precio de la merluza para el abuelo y más nos bajan el peso del pan. Que el aumento de

sueldos trae una mayor inflación, y en cuanto aumenta la inflación hay que pedir otra vez más sueldo. Y

unos, que si tenemos que apretarnos el cinturón. Y otros, que se aprieten el cinturón los que usan tirantes.

Y los obreros, que si no les pagan más que no trabajan. Y las empresas, que si tienen que pagar más que

prefieren cerrar. Y los parados, que les den trabajo como sea. Y termina uno por no entender nada. Porque

ya no sabe uno si tienen razón los que quieren trabajar y no encuentran trabajo; los que tienen trabajo y no

quieren trabajar; los parados, que quieren cobrar más subsidio, o los que no quieren que se pague el

subsidio, porque dicen que luego vienen los parados y les quitan el trabajo porque las empresas no tienen

que pagar por ellos a la Seguridad Social. Así no me extraña que don Manuel Jiménez de Parga se haga

un lio y no pare de decir en sus declaraciones que él es el ministro de Trabajo, que es una cosa que ya dijo

el "Boletín Oficial". Pero como éste es un país mágico y nunca se sabe por dónde vamos a romper la

lógica, cuando los turistas empiezan a traer un río de dólares y cuando vamos a abrir los casinos de ruleta

para sacarles los petrodólares a los ricos del mundo, nosotros comenzamos una huelga de hostelería para

convencer a los turiatas de que se vayan con los dólares a otra parte.

Y encima, para más sorpresas, a la Bolsa le da por subir, y lleva subiendo toda la semana, que ha subido

más de cuatro puntos, como dicen los expertos. La semana anterior compraba la gente cajas de caudales

porque todos querían meter los cuartos -muchos o pocos- en el calcetín blindado. Los peligrosos

sacaron de los bancos más de cincuenta mil millones de pesetas, seguramente para meterlos en el calcetín

ese, y en seguida nos dicen que desde todas las provincias empiezan a llegar a la Bolsa órdenes de

compra. No se sabe qué es lo que le ha dado a la gente optimismo bursátil. A lo mejor, el personal se ha

tranquilizado con lo que le ha contestado don Francisco Fernández-Ordóñez a don Ramón Tamames en

las Cortes, o eso que le dijo a un periodista: que iba a mandar a la porra a don Laureano López Rodó, que

tampoco es una declaración técnica de Hacienda Pública como para ponerse a comprar "matildes". No

creo que lo que haya animado a los inversionistas y pequeños o grandes ahorradores sea ese congreso de

la ORT que ha autorizado don Juan José Rosón, gobernador civil de Madrid, y que se ha reunido bajo la

presidencia de unos descomunales retratos de Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao, que no se puede decir

que sea una reunión de banqueros capitalistas, y que es una galería, de cocos-fantasmas como para que le

hubiera dado el infarto a cualquier ministros de la Gobernación de los últimos cuarenta años.

-Oye, Nacho, ve a las Cortes y diles a Alvarez de Miranda y a Fontán que se pongan de acuerdo en eso

de cuándo va a terminar la legislatura, porque Fernando dice que va a terminar en cuanto redacten la

Constitución y el otro dice que de eso, ni hablar.

-Sí. Pero es que tengo aquí a míster Thorn, que ha venido por lo de la Internacional Liberal, y ya sabes

que yo estoy que no duermo hasta que no tengamos una buena homologación. Y me está preguntando el

señor Thorn que qué es eso del Centro Democrático, porque Fernández Ordóñez dice que es la

socialdemooracia, Alvavez de Miranda, dice que es la democracia cristiana, y yo digo que es el Partido

Liberal. Y Pío Cabanillas no dice nada, porque, como es gallego, le gusta hablar siempre el último.

-Dile que, de momento, el Centro soy yo, que es una frase histórica que queda muy bien, y además es

verdad. Y deja lo de la terminación de la legislatura, porque es mejor que cada uno diga una cosa

distinta, y asi Felipe, si se mete con uno, le da la razón al otro.

Entre que Thorn se viene a hablar con Ignacio Camuñas, que Sanchez Terán se va a hablar con

Tarradellas, los socialistas vascos se van a ver a Leizaola, los de los hoteles se declaran en huelga, los

panaderos merman el pan y los ladrones roban la Cámara Santa, al señor presidente del Gobierno le han

dado el poco agosto que se había tomado para descansar un rato junto a uno de los muchos golfos del

país: el golfo de Rosas. Y menos mal que don Leopoldo Calvo-Sotelo se ha quedado callado esta semana.

Y encima, sale un periódico y empieza a decir que si darse una vuelta en yate no es apretarse el cinturón,

y que cuánto combustible gastarán los barcos de la escolta. Y sale otro, y dice que si eso de pescar ya lo

hacía Franco, y que si en el yate va un marinero que es el mismo que acompañaba a don Francisco, que

por lo visto también tenia que haber salido el cese de los marineros de Franco en el "Boletín Oficial" de

la democracia, y que está visto que en este país eso del poder es igual que la guerra según los italianos:

bella, pero incómoda.

Mientras en las elecciones unos asaltaban la Cámara Alta y otros copaban la Cámara Baja, hay quien ha

preferido asaltar la Cámara Santa. Y han destrozado la Cruz de la Victoria, que dicen que es del tiempo de

cuando el rey don Pelayo en Covadonga a los moros batió con la morronga, y la Cruz de los Angeles, y

se han llevado todas las piedras de la caja de las ágatas, que nos han dejado sólo con Ágata Lys. Ya sé

que el robo no es para tomarlo a broma, y más porque llueve sobre mojado y supone el último y más

grave de todos los expolios en serie que ha sufrido nuestro patrimonio artístico-cultural. Don Pío

Cabanillas se ha apresurado a anunciar el envío de un proyecto de ley a las Cortes sobre la defensa de

nuestros tesoroa artísticos. Unas veces porque actúan los ladrones y otras porque se resisten los

norteamericanos, nos vamos a quedar sin arte, desde la Cruz de la Victoria al "Guernica". Y menos mal

que don Timoteo Pérez Rubio, que se ha tenido que morir para que se lo agradezcamos, salvó de la quema

de la guerra el tesoro del Museo del Prado.

Y el arte -aparte de la paciencia- es casi lo único que nos queda. Porque en lo de inventar, seguimos

como don Miguel de Unamuno, diciendo eso de que inventen ellos. Y, claro, ellos inventan. Lo mismo

inventan la bomba de neutrones para dejarnos el esqueleto tiernamente adornado de intactas margaritas,

que ese sucedáneo de la gasolina que acaban de experimentar los alemanes por las carreteras altas de

Granada a ver si nos liberamos de las subidas del petróleo y ya no tenemos que ver cómo Kuwait está

siempre a la cabeza de los países en las estadísticas del producto nacional bruto. Aquí, en Celtiberia, que

casi siempre termina por ser Celtiberia show, hubo un sujeto que inventó el motor de agua, pero eso era

una broma como lo de la revolución nacional-sindicalista. Aquí, cuando inventamos algo, casi siempre es

para reírnos, como lo de llamarle a un gato "Constitución".

 

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