Autor: Cerca Bañuls, Jerónimo. 
 La polémica ¿Católicos marxistas? Siempre imparciales. 
 Réplica a Miret Magdalena o la verdad sospechosa     
 
 El Imparcial.    26/10/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Siempre imparciales

Reanudamos aquí la polémica, en esta página 8, donde se fraguó el gran debate,

multitudinario en cartas y comunicaciones de los lectores, acerca de la pena de

muerte. Decimos que esta página contiene «la linea de EL IMPARCIAL», y, en

efecto, así es. Aquí se recogen toda suerte de opiniones, a favor o en contra de

los grandes temas que suscitan la polémica. Nueva línea, evidentemente, es la

imparcialidad. Siempre impartíales, sin dada alguna. Ahí están las maestras. Hoy

reiniciamos la polémica con un artículo de don Jerónimo Cerda Bañáis, de

Valencia, que rebate las tesis de nuestro colaborador Enrique Miret Magdalena.

Mañana, probablemente, dado el aluvión de cartas que hemos recibido, abordaremos

el tema del aborto. Las puertas, como siempre, están abiertas al respetable

criterio del lector. Esa es nuestra línea.

Réplica a Miret Magdalena o la verdad sospechosa.

DESDE que el Papa ha hablado con tanta claridad, firmeza e insistencia ante

audiencias masivas, nuestros progresistas han acusado el impacto; unos

están rebotadísimos, otros recogen velas rápidamente y tampoco hay que descartar

que se hayan producido auténticas conversiones o, si se prefiere,

rectificaciones.

En este ambiente se produce la sorpresa de los dos artículos de don Enrique

Miret Magdalena que pretenden aclarar su postura; no sé si son más los artículos

pero yo he leído sólo dos: uno, en «Fuerza Nueva» del pasado día 13, y otro, en

EL 1MPAR-CIAL del día 23. El primero va precedido de una nota de la redacción en

la que advierte que no comparte algunas de sus opiniones, accediendo a su

publicación a petición del autor, que trata de defenderse de que le consideren

enemigo total de Juan Pablo 11, frente a cierta colaboración de la revista;

«nobleza obliga», dice «Fuerza Nueva». En el otro articulo trata de sacudirse el

calificativo de marxista, y es presentado por EL IMPARCIAL, en primera plana,

con el epígrafe: «Miret Magdalena se confiesa», dándole la más cordial

bienvenida. Evidentemente, no soy yo el único sorprendido.

Me pasó con el primer artículo lo que a la redacción de «Fuerza Nueva», pero en

lo que no estoy tan seguro es con la afirmación de EL IMPARC1AL dé que el señor

Miret deshaga en su artículo «el malentendido popular que le achaca una

significación política y social que no es la suya». De malentendido popular,

nada, porque su obra es copiosa y muy clara, y en cuanto a que deshaga ese

criterio popular, creo que más de uno lo tiene que poner en duda; si esa era su

intención, es un intento fallido.

«Yo por católico me tengo...», dice en «Fuerza Nueva»; «mi norte —dice en EL

IMPARC1AL- es el pensamiento católico, no el de este teólogo o del otro...»;

pero no dice cuáles, poniendo con ello en el mismo plano al ortodoxísimo Santo

Tomás y al heterodoxísimo Hans Küng, por ejemplo, y lo cierto es que ha venido

siguiendo a este último en su obra «Catolicismo para mañana», aunque también

incluya en ella ortodoxias tomistas. Decir en EL 1MPARC1AL: «Lo demás, lo

parcial, lo anecdótico, lo que piense este jerarca o el otro, si no coincide con

esa corriente viva de la sabiduría católica, decantada a través de siglos, de

experiencia y aplicada a nuestra época con inteligencia y discernimiento

conscientemente por cada uno de nosotros, no es para mi de obligado recibo...»,

es una frase que, a través de un aparente respeto a la sabiduría católica, nos

cuela un cierto relativismo con eso de la decantación y. aplicación histórica,

sobre todo al considerar que el señor Miret ha escrito en el libro citado, al

hablar del sentido del dogma, «lo que no puedo aceptar es que el sentido me lo

dé ninguna época en forma definitiva e intangible... Soy yo el que tengo que

utilizar la cultura de mi tiempo para entender lo que un dogma concreto puede

significar para mí y para los hombres de mi época» (pag. 177), lo que le permite

aventurar cosas tales como que el infierno es un vaso de cielo de menor tamaño,

pronunciarse contra la infabilidad pontificia, pedir la supresión del matrimonio

eclesiástico, sustituirlo por el civil con divorcio, calificar de piedad

psicologista a la oración tradicional, querer revisar el concepto dé pecado,

etcétera. Esta frase cae además en un subjetivismo y en el libre examen

luterano, con lo que viene a contradecir su propia afirmación unitaria y

objetiva «de la comente viva de la sabiduría católica».

«^especio al marxismo, poco a poco se ha ido haciendo en mí una postura más

neta», dice el señor Miret. Bien, parece que eso quiere decir que ha seguido un

lento proceso de abandono del mismo, lo que significa que, más o menos, ha

seguido a Marx, luego no hay tal malentendido popular: ¿Qué esPera Que 1a gente

diga de él si tiene escritas frases como la que-sigue? Así, al formular su

esperanza en la aparición del nuevo hombre dice «que sólo lo vemos hoy

representado en las grandes figuras de la humanidad, como un Jesús, un Marx, un

Kropotkin, Un Gandhi y un Juan XX111, y siempre que superemos los aspectos

religiosos negativos que alguno de ellos pudiera tener» (pág. 108 o. c.). Si

además en el artículo que comentamos se limita a rechazar el-que le llamen

marxista por una razón tan endeble de que, como hacia Marx, rechaza todos los

«ismos» (10 cual no es cierto, porque en el mismo artículo dice aceptar el

cristianismo y cierto socialismo, y, además, con tal razón lo único que

demuestra es su intento de personalidad rebelde a cualquier encasillado) y viene

a despachar la cuestión de fondo con una cita de Fulton Sheen: «El Este, la cruz

sin Cristo, y el Oeste, Cristo sin la cruz,´ los dos están en ej error». Esto,

en su simplicidad expositiva, no es más que el juego marxista de la tesis y la

antítesis, para llegar a la síntesis de la cruz marxista, con el Cristo

occidental, con lo que el rechazo del marxismo no se ve por ninguna parte,

particularmente en quien tiene escrito: «Digo con sinceridad que me siento en la

izquierda y pretendo para el futuro una auténtica socialización de los países

occidentales. El camino y la meta es una socialización inteligentemente

difundida e implantada después de un proceso intermedio más autoritario que

prepare la mentalización de las masas nacía este socialismo humano, pero

radical... y es la que produjo el cambio, por ejemplo, en Rusia. Cuando Lenin,

conseguido esto por Stalin, pudo hacer por. fin esta socialización pretendida

por Lenin sin ningún inconveniente ya y con pleno éxito», no aminorando sus

entusiasmos leninistas y marxistas, «la excesiva preocupación antirreligiosa» de

estos socialismos, pues, afirm^ que «la idea de Lenin —y Marx— era dejar las

cosas de la religión en su sitio» (pág. 104, o. c.).

Sigue el señor Miret en EL IMPARC1AL intentando sacudirse apelativos, y nos

dice: «En relación con el socialismo, mi postura es . clara.» ¡Y tan clara,

después de lo antes dicho! Lo que no es claro es lo que luego dice de que en

materia de socialismo ve Jas cosas como Pío XI. Transformar la lucha de clases

en «una discusión honrada, fundada en el amor a la justicia» (¿esto no es el tan

denostado sindicalismo vertical?). «Y la lucha indiscriminada contra la

propiedad privada, convertida en una oposición pacífica a cierto predominio que,

contra todo derecho, se ha tomado la propiedad», está muy claro en Pío XI, pero

no en lo que dice el señor Miret. ¿Por qué llama a esa su nueva postura, «cierto

socialismo» e involucra a Pío XI en ello, para lo que recorta el texto

pontificio de la «Qua-dragessimo Anno»? Pío XI acaba la frase diciendo: «Quienes

solamente pretenden eso no tienen porqué agregarse al socialismo» (2-54), y

añade en el parágrafo siguiente: «¿Qué decir en .el caso en que el socialismo de

tal manera modere y suavice lo tocante a la lucha de clases y a la abolición de

la propiedad privada, que no se le pueda reprender nada en estos puntos? ...

decimos: el socialismo, ya se considere como doctrina, ya como hecho histórico,

ya como acción, si sigue siendo verdaderamente socialismo, aun después de sus

concesiones a la verdad y a la justicia de las que hemos hecho mención, es

incompatible con los dogmas de la Iglesia católica, ya que su manera de concebir

la sociedad se opone diametralmente a la verdad cristiana.»

A la vista de esto, ¿cómo se queja el señor Miret de que le etiqueten? Su pasado

socialista surge claro de sus textos, y su presente se presenta, al menos en el

citado artículo, como un juego ambiguo de «un cierto S9cialismo» al que llama en

su auxilio al «severo Papa Pío XI».

El camino de Damasco se repite todos los días, y seria de celebrar encontrar en

él á tanto desviado. Pero San Pablo, después de encontrarse con Cristo, no trata

de justificarse y decirnos que él no es un fariseo, sino que se llama a si mismo

repetidas veces «blasfemo y perseguidor», y comienza con sinceridad a predicar

la buena nueva, para él y para todos; desde entonces,, nadie le ha etiquetado

equivocadamente..

JERÓNIMO CERCA BANULS

D.N.I.: 19.519.511

(Valencia)

 

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