Autor: Aparicio, Juan. 
   Siete personajes en busca de un fantasma     
 
 Pueblo.    01/06/1967.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Un penibético en las

Cortes

Siete personajes en busca de un fantasma

& en la ateniense Academia, de Platón se prohibía el ingreso a cuantos no supieisen geometría, remedando aquel veto, don Jorge Vigón, artillera y ex ministro de Obras Públicas, no ha exigido para entrar en la Comisión de Leyes Fundamentales el cálculo matemático y la balística a quienes no somos titulares adscritos a la misma, sino que ha demandado que sólo penetren los que disfruten de hipotensión y se excluya a los hipertensos. Tal medida de cautela, susurrada en el entreacto, puede plasmarles el ambiente escénico que se mascaba ayer, cuando la «Pajarita» de >lan Jaime Campmany, concurrente por primera vez al cotarro, se estremecía ante los zarpazos oratorios y el tropel de «Gallos» arracimados en la córtala bordada de don Emilio Romero que asistía tomo procurador enmendante, se excitaban bajo sus crestas puntiagudas y con sus espolones polémicos.

Un trasunto de la sesión, comenzada a las once de Ja mañana, para terminarse a las nueve de la noche, con el paréntesis de los yantares y de las chacharas en los pasillos, puede ser este inicial relato, casi taquigráfico: La ponencia aún no estaba presente, pero don Joaquín Bau abrió les débales con un caiupanJlbuo enérgico, indicando que don Fermín Zelada, sustituiría como secretario al marqués de

Valdeiglesias, ya >jue don José Ignacio Escobar, en esta ocasión, tenia también la categoría de ponente.

El señor Sanz Orrio solicita que no se lea ei acta reglamentaria sobre la ley anterior, a cay» lectura se apresta el letrado señor Bayón con una voí mate y opaca. El presidente se opone, y en seguida se encienden las luces y «e disparan los miiTrmiltos al fondo, poreure no se oye na^a» El procurador Poíg pide micros y altavoces, y el presidente so opone. Don Alberto Martin-Artajo musita qne dicha, lectura. inandible es un caso patente de obstrucción rtí>wTe la presidencia. Et procurador Puig dice: «No se oye nada.» El general Vigón, tras los veintidós minutos que ha durado el silabeo o al bisbisea, niega que le concedan la palabra para una cuestión de orden. El procurador Puig dice: «No se oye nada.» Él general Vigón se excusa, porque al hablar ha de volver la espalda. Don Fermín Sanz Orrio, a su lado, le replica rápidamente: «Tú no tienes espalda.»

Sin embargo, los discursos y discusiones siguientes se han de resumir dentro de una atmósfera más que pirandeliana, poesto que en la obra de teatro de Luigi Pirandello sois personajes iban anhelantes a la búsqueda de un autor, mientras que aquí el numero de los ponentes se ha aumentado a la cifra, cabalística de siete, y lo» siete juntas estwvferon el día entero buscando el fantasma y hasta la caterva ríe fantasmas con que las melodramáticas ponencias de los señores Vigón, Sánchez Agesta, Pérez Embid, Rivas Guadilla, marqués de la Encomienda, Oriol Urquijo y ¿Udina Martorell, otro septímino de personalidades, habían llenado los poros y las espirales y volutas de humo del salón, tan abarro fallísimo, que en algara hora punta alcanió el tope de cíenlo veinte procuradores y oyentes.

Cuando se escribe tanto sobre b. acción concertada en la esfera económica de las relaciones empresariales con el Gobierno, de una manera análoga, pero frente al Gobierno, se desarrolló otra acción concertada de los siete procuradores, de los cuales cuatro JH» improvisaron, ni repentizaron su peroración, sino que leyeron, más o menos, claramente, los sendos ataques, ciclostilados, para repartirse a continuación a los periódicos y agencias informativas, con ei fin de que difundiese la Prensa propicia, a su campaña alarmista los argumentos de algo que se movía dirigido por una oculta batuta. Empero, cada orador se manifestó con su estilo peculiar y sus ademanes idóneos, desde el extendido y rígido dedo con que señalaba al enemigo fantasmagórico don Jorge Vigón, en tanto que resonaban los golpes sordos de los albañiles, arreglando el techo de arriba, a la cenceña, mesara penibétiea con >jne el granadina profesor Sánchez Agesta -se apoyaba en sos apuntes escritos » trechos eon una letrita en tinta roja.

O la sonrisa solapada del profesor Pérez Embid, jugando con su* gafas y metiéndolas al desgaire a contrapunto da SEIS fijos de historiador de] descubrimiento de América, o don Loicas María de Oriol, cayo talante se endereza tanto como so talento discursivo y patético, O el subsecretario de Obras Públicas, don Santiago Udina, sufriendo per la traducción al castellano de su texto pensado en catalán, según nos explicaba confidencialmente el experto en cosas y personas de Cataluña, seSor Correa Véglison, y que dobla permitirles a hombres beneméritos y eruditos, coates Porcioles o Udina, expresarse en gu lengua vernácula, que entendemos y respetamos en nuestro amor a la Cataluña española.

No fue demasiado difícil, sino facilísimo, responder al profesor don Jesús Florentino Fueyo Alvarez. y al abogado del Estado don Juan Sánchez Cortés, en nombre de la unánime ponencia, tantas veces invitada a comer y a departir en las sobremesas del hotel Ritz por éi anfitrión y ponente señor Aguírre a1 coro concertada >te ios opositores; porque no hay peor cuna que la de la. misma madera, y asi el extremeño señor Sánchez Cortes contestó al extremeño marqués de la Encomienda, aunque los extremeños, comorme a la comema de (¡un Pedro Muñoz Seca, siempre se tocan, y el militante de Acción Catolica señor Sánchez Cortes replicó, de una manera ctmiunOenlt- y Juejievwejut-, a» propagandista de Acción Católica señor Udina, demostrándole las distintas > üisÍKITBS genealogías «e ios setenta juji^uos, más o menos, nointtrados por franco, sin exigirles nadie ninguna U.XUCK/U unittt y moiioutica, presentíiiLuose a si propio, que lia sido suosecretario de Hacienda y desempeña cargos de canikanza, sin tener u.ue enrojarse a. t´, E. 1. f üe tas J. O. N. S.

También «1 profesor Fueyo esBJ-uu>u »• Hi>rurnauar «jempia «ad horalnema de que sin pertenecer, iiaee una década, al Falangismo ni al tradicionalismo, etc., se le ímuta confiado ia Delegacion Nacional u« la Prensa del Movimiento y después la dirección del instituto de Estudios Políticos, donde su inteligencia leal no encontró cortapisas ui aduana*. Fueyo, colocando sus paños de asturiano encima ue la mesa > proyectando su fantasia melillense detrás de la. cortina y no contra Ja pared del testera presidencial, rebatid, cori un lenguaje moderno la decimonónica embestida de STJ pabwTBí.neáiw: Vigón, presto que, ademas, ertt una enmienda a la totalidad ofrecida fuera de los cánones temporadas y resbun tintar ios,

A Sánchez Agesta le puso los pantos sobre la» íes, tratándole coma de catedrático a catedrático. A Pérez Embid le propinó una lección de marxologia y de leninlogia, a base del artefacto del partido minoritario y avasallador, urdido por Lenin e imitado por sus coetáneos de Alemania e Italia con otros artilugios similares, en tono menor, para defenderse en la misma guerra. A don Lucas, coya, totalitaria enmienda verbal, aunque leída y ciclostilada para distribuirse, le había dejado perplejo par su artimaña antirreglamentaria, tranquilizó por el aparente quebrantamiento del trámite da ser escuchado previamente el Consejo Nacional del Movimiento respecto a esta ley que te incumbe, ya que las secciones del Consejo habían trabajado durante varios años y sus informes han sido utilizados de un modo fidedigno.

A todos espantó Fueyo, el fantasma del contrafuero inexistente, ¿e la inconstitucionalidad de la ley, atacada hasta en su denominación referida »1 Movimiento, y a la qne conjetura Pérez Embid qne será pronto barrida, a la que acusa Taina Martorell, por se piedra de escándalo, generador» de dos Españas y pedernal de fueROS destructores, y a la qne pretenden devolver al Gobierno don Jorge Vigón, don Lucas María Oriol y el agripado guadalajareño señor Rivas Guadilla, No hay contrafuero, gegán el profesor Fueyo Alvarez, ya que aceptarlo porque sí significaría ponerse 1» vend» antes del grano, curarse en salud e imitar las tácticas maliciosas, que no han prosperado ni en la superconstitucional Norteamérica. Entre Fueyo y Sánchez Cortés han vuelto de] revés, con lógica y cultura., el calcetín d« los que denunciaban el fantasmón del primer contrafuero, desafuero intelectual, en la opinión de don Juan Sánchez Cortés, o la violación de la Inmaculada Ley Orgánica del Estado, atribuida por don Florentino Pérez Embid a anos desaforados e incansables en sus múltiples violaciones.

Don Raimundo Fenández-Cuesta, con la sobriedad de m oratoria qne expone razones y conserva las manos dentro de los bolsillos de la americana azul, recordó la trayectoria falangista, dispuesta desde el principio a las más hospitalarias aperturas, y don Roberto Reyes, el abogado y ágil edebatera de la televisión, sa-có pnnta a todas las contradicciones de los impugnadores, invitándoles a o na palinodia interior. El debata no perdió fiebre y tensido, en todas las hoeas transcurridas, y como mi prmion arterial me clasiflca entre los hipertensos, en entreojo por don Jorge Vigón, agradezco a la Providencia que roe haya permitido llegar, vivo y coleando, dentro de la Comisión de Leyes Fundamentales, hasta el final de la sesión, a las nueve en punto de la noche.

PUEBLO 1 de junio de 1967

 

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