Autor: Romero, Emilio (FOUCHÉ). 
 Sin rodeos. 
 Una explicación     
 
 Pueblo.    03/06/1967.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

SIN RODEOS UNA EXPLICACIÓN

PODRÍA parecer, en virtud de las admoniciones y severidades de algún cronista parlamentario, que el debate político de las Cortes es parecido a aquéllos que, describe Insuperablemente Carmen Llorca en su biografía de Emilio Castelar, y que alcanzaron el óptimo de sus violencias poco antes de que llegara el general Pavía a desalojar sin contemplaciones la reunión. Pero no es así. Existen solamente dos excesos: la pasión por hablar de determinados parlamentarios —que a veces resulta abusiva—; y esas descripciones sorprendidas del cronista que pinta unas sesiones llenas de denuestos. Estamos, sin embargo, ante un Parlamento con todas las de la ley, pero, por el momento, «en bueno». Esto ya es una realidad. El debate de estos días es político. Necesariamente las discusiones son vivas, algunas expresiones no son comedidas, y la corriente de las emociones discurre a, veces líricamente, y en otras ocasiones en turbión. En los últimos años han cobrado más acento los diferentes pareceres, o el pluralismo político generado en la misma unidad del Régimen. Y ahora se han visto las caras. Un Parlamento no es una academia; ni una reunión de primates convencidos, corteses y ceremoniosos. Está constituido por personas de muy variado temperamento y formación, y sus registros de emociones, de gustos, de intereses y de ambiciones, son todavía más ricos. Están todas las edades en sus procuradores..

Los hay que vivirían en la Edad Media muy a gusto, y otros que ya huelen la España del 80. Los hay cortantes comp espadas, y fantasmones de la elocuencia escrita, o sin escribir. Los que estaban en el 18 de julio ya por Salamanca, y los que quieren que aquella fecha siga siendo joven a fuerza de meterla la España actual. Los hay que saben latín y quién lo inventó, y los que dicen después de escuchar a alguno durante cuarenta minutos: «No me he enterado de nada». Hay de todas las profesiones, y de todos los méritos, y de todo lo que se quiera. No ha. habido nunca en esa casa más sociedad española dentro. Veremos a ver lo que pasa. Esta es la auténtica esperanza parlamentaria del Régimen en evolución. No hay otra.

Esto hay que defenderlo con esmero y con firmeza, porque si no saliera, se nos escapaba la más importante posibilidad democrática del país en la comunicación que todos deseamos con el mundo de nuestros días, al que podemos aportar no poca experiencia útil. ;Qué importa que Jesús Fueyo, Cruz Martínez Esteruelas y Adolfo Muñoz Alonso tuvieran una punta de violencia parlamentaria —nada más que una punta— si son tres políticos, tres parlamentarios y tres ministrables o subsecretariables como la pompa dp un pino? ¿Y qué importa también que Santiago Udina, que piensa bien en catalán y no construye tan bien el castellano, se le fuera el idioma por fuera de la «senda constitucional» y provocara la irritación de muchos? Al día siguiente se sacó la espina y estuvo correcto, comedido, afectuoso, conciliador, y todos tan contentos.

Lo que está muy claro es que estos días estoy teniendo el gusto de ratificar mi reciente artículo sobre los nuevos políticos. Nadie trata de desbordar el acotado o el terreno de juego que constituye el orden político; pero no vengamos con más pamplinas ante la opinión pública. Estamos ante un evidente pluralismo político, que es fértil, y necesario, precisamente porque está sectorizado y no partidizado, y es la única manera de que tenga algún sentido la promesa del «contraste de pareceres».

En este debate político apareció en tromba una coincidencia de opiniones que titularizaron monárquicos de Estoril (para entendernos), tradicionalistas de los que ya no pueden subir a Montejurra (también para entendernos), católicos de la santa casa y nuevos católicos, que la gente adscribe al Opus Dei. Frente a estas fuerzas estaban las personalidades activas en los cuadros del Movimiento como organización.

(Aclaro esto de la organización porque ha sido el caballo de batalla de todo el debate político, y no quiero que me digan los otros, con mucha razón, que ellos son también del Movimiento; que lo son; pero del Movimiento de la comunión. Y esto de la comunión no es un término reticente.)

Todo empezó, como en los campos de batalla, con una gran preparación artillera a cargo del artillero de verdad, general Jorge Vigón. Después aparecieron Pérez-Embid, Sánchez-Agesta (un gran parlamentario), Arellano y Udina. Las personalidades del Movimiento-organízación aguantaron el ataque, y después se produjo fulgurantemente y espectacularmente el barrido por medio de Fueyo, Esteruelas y Muñoz Alonso. Sí. Prácticamente los barrieron. Y esto no quiere decir nada en demérito de los primeros, que son muy buenos, y también de ellos mismos o de sus sectores, saldrán ministros o subsecretarios (Udina ya es subsecretario), porque unos y otros son el Régimen todo que se contempla desde el Palacio de El Pardo, y porque desde el principio hasta el fin todos son necesarios, todos se usan, todos se apuntan cosas, todos se desgastan y todos se matan per servir donde se les diga. Se acabó en la unanimidad que es el hallazgo de nuestro tiempo, perqué fe «r*» B«mosr deja** e», eí tíernpft-«n que-se -comenzaba con fa unanimidad. Antes éramos tod^s iguales de-entrada y pensábamos luego todos distinto- ahora todos somos distintos de entrada y p«Haa»os 4$af$ «fuale* después.

Cualquier versión catestroft» «u* «ppüzai e* la Prensa es que ésta (la Prensa), como ao es independiente, aunque lo jjuren, incorpora generosamente su dramatismo, su euforia, su interés o su información, al lado de sus amigos. Esto no suele decirse Pero «se entiende todo».

La Ley Orgánica del Movimiento y de su Consejo Nacional-la primera ley política de verdad debatida en las Cortes-ha pasado ya el Rubicón de lo que podríamos llamar sus dificultades esenciales. Ahora entrará en juego otra línea de procuradores tan brillantes como los anteriores, que esperan su momento. ¿Quién decía que el Movimiento estaba vacío de políticos actuales y éstos tendrían que salir forzosamente de otra parte? En las Cortes se llevan el gato al agua. Y la ponencia tiene cuatro defensas en la táctica de tres adelante y uno atrás, barredor, que si se logra meter un gol es de virtuosismo o de garabatillo. Los tres son: Licinio de la Fuente, Sánchez Cortés y Mortes. El barredor es Jesús Fueyo. que se oscurece científicamente para convencer y se aclara con mordacidad para destruir.

Emilio ROMERO

 

< Volver